Caminar a buen ritmo durante apenas unos minutos por día puede tener un efecto medible sobre la salud cardiovascular. Distintos especialistas y estudios coinciden en que la caminata a paso ligero es una de las formas más accesibles de cuidar el corazón y mejorar la circulación, sin necesidad de correr, ir al gimnasio o usar bicicleta fija.
Lejos de las rutinas de alta exigencia, esta actividad de intensidad moderada aparece como una herramienta al alcance de la mayoría. La evidencia citada en un estudio publicado en American Journal of Preventive Medicine apunta en la misma dirección: el ritmo del paso importa y puede traducirse en beneficios concretos.
Caminar rápido activa mecanismos que favorecen la circulación

Según especialistas de la Escuela de Medicina de Harvard, la facultad de medicina de la Universidad de Harvard, al hacer actividad física el organismo responde de inmediato con un aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, pero los cambios de fondo ocurren dentro del sistema vascular. La universidad señala que el ejercicio mejora la elasticidad de los vasos sanguíneos y puede aumentar el flujo de sangre hasta en un 25%, además de estimular la producción de óxido nítrico, una molécula que ayuda a relajar y expandir las arterias.
Ese efecto repercute en la circulación y en la capacidad del cuerpo para llevar oxígeno y nutrientes a los tejidos. Caminar a paso ligero figura entre los ejercicios moderados recomendados por la institución, con una ventaja central: no exige entrenamiento avanzado ni equipamiento específico.
Quince minutos diarios ya se vinculan con menor riesgo de muerte

Uno de los datos más citados en esta línea surge del estudio publicado en el American Journal of Preventive Medicine. La investigación analizó a 85.000 personas de bajos ingresos, en su mayoría negras, en 12 estados del sureste de Estados Unidos, con un seguimiento de 17 años.
De acuerdo con ese trabajo, quienes caminaban a paso ligero al menos 15 minutos al día tenían casi un 20% menos de riesgo de muerte que quienes no sostenían ese ritmo. Caminar despacio también mostró alguna asociación favorable, pero mucho menor: una reducción de alrededor de 4% y con más de tres horas diarias de dedicación.
El estudio observó además que el efecto protector fue más marcado frente a las muertes por causas cardiovasculares que frente a las provocadas por cáncer. También encontró reducciones de riesgo más amplias en personas con obesidad o diabetes. Los autores plantearon que se trata de una opción de bajo costo, simple y posible de incorporar incluso en contextos con menos acceso a gimnasios o espacios deportivos.
La velocidad del paso puede ser tan importante como la cantidad de minutos

Una nota previa, Infobae repasó dos investigaciones recientes realizadas en Estados Unidos y el Reino Unido. El artículo destacó que caminar rápido entre 15 y 30 minutos diarios se asocia con diferencias relevantes en salud cardiovascular y longevidad, y que el ritmo puede pesar tanto como la cantidad total de pasos.
Esa publicación citó, entre otros hallazgos, un estudio de la Universidad de Glasgow sobre más de 420.000 participantes del Biobanco del Reino Unido. Allí se observó una asociación entre caminar a mayor velocidad y un menor riesgo de arritmias cardíacas, incluido un descenso en la probabilidad de desarrollar fibrilación auricular.
La profesora Jill Pell, autora principal de ese trabajo, sostuvo según recogió el medio que la velocidad de la caminata debería ser considerada en las recomendaciones de actividad física, y no solo el número de pasos acumulados.
El beneficio no depende de entrenamientos intensos

La cardióloga Eliana Filosa, especialista en Medicina del Deporte del Hospital Universitario Austral, señaló en un comunicado de la entidad que los movimientos de intensidad leve o moderada son una herramienta útil para la prevención cardiovascular. Explicó que caminar media hora al día, cinco veces por semana, puede reducir entre 10% y 30% el riesgo de enfermedad cardiovascular.
La especialista indicó además que alcanzar 150 minutos semanales de actividad física sostenida ayuda a controlar la presión arterial, el colesterol, la glucosa y el peso corporal. También remarcó que el sedentarismo figura entre los principales factores de riesgo global para enfermedades crónicas no transmisibles.
Desde el mismo hospital, el mensaje apunta a que el cuidado del corazón no depende necesariamente de planes intensivos ni de aparatos de entrenamiento. Desplazarse a pie, sumar pausas activas, subir escaleras o caminar algunas cuadras extra son formas de movimiento que cuentan dentro de la rutina diaria.
Cómo saber si el ritmo es el adecuado

Una guía práctica repetida por especialistas consiste en usar la respiración como referencia. Filosa explicó que, si una persona puede hablar mientras camina aunque con algo de esfuerzo, se trata de una intensidad moderada. En esa zona de exigencia se ubica la caminata rápida que señalan los estudios.
Las recomendaciones generales para adultos siguen apuntando a los 150 minutos semanales de actividad moderada, pero la evidencia revisada por la Escuela de Medicina de Harvard y el estudio del American Journal of Preventive Medicine sugiere que los bloques cortos también pueden aportar. En especial, cuando el paso es sostenido y más enérgico que el de un paseo tranquilo.
Una actividad accesible que puede integrarse al día a día

Parte del interés que despierta este tipo de ejercicio está en su facilidad de implementación. Caminar rápido no requiere cuota mensual, clases, máquinas ni habilidades técnicas y puede hacerse al aire libre, en trayectos habituales y, en algunos casos, incluso dentro del hogar o en centros comunitarios, una ventaja relevante en poblaciones con más barreras económicas y urbanas para hacer ejercicio.
Una pausa breve para caminar a buen ritmo puede representar una intervención simple, con impacto potencial sobre la salud cardiovascular.
por INFOBAE
