La insuficiencia cardíaca ocurre cuando el corazón no bombea la sangre suficiente que el cuerpo necesita y requiere atención médica, de acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH).
El término no significa que el corazón haya dejado de funcionar. Los NIH indican que cambios saludables en los hábitos, medicamentos y algunos dispositivos e intervenciones pueden ayudar a muchas personas a mejorar su calidad de vida.
Ese enfoque preventivo fue reforzado por una declaración científica publicada en el European Heart Journal, que señaló que la mejor oportunidad para frenar esta condición está en actuar antes de que aparezcan síntomas como falta de aire, fatiga persistente o hinchazón de piernas.
En ese escenario, el cardiólogo Francesco Lo Monaco, de la Clínica Nacional del Corazón en Harley Street, de Londres, resumió en el diario británico The Telegraph seis hábitos cotidianos que ayudan a reducir el riesgo a largo plazo.
1- Controlar la presión arterial, uno de los daños más silenciosos

La hipertensión figura entre los factores más estrechamente vinculados con la insuficiencia cardíaca. Cuando la presión arterial se mantiene elevada, el corazón debe trabajar contra una resistencia mayor. Con el tiempo, ese esfuerzo puede engrosar y endurecer el músculo cardíaco hasta afectar su capacidad de bombeo.
La declaración del European Heart Journal ubicó al control de la presión arterial entre los blancos centrales de prevención, junto con la enfermedad renal crónica, la diabetes, la obesidad y la inactividad física. En la práctica, eso incluye chequeos periódicos, reducción del consumo de sal, control del peso, actividad física regular, descanso adecuado y menor ingesta de alcohol.
2- Hacer ejercicio de forma regular

Moverse más cada día es una de las medidas con más respaldo para proteger al corazón. La actividad física ayuda a mejorar la elasticidad de los vasos sanguíneos, bajar la presión, controlar la glucosa, mejorar el perfil lipídico y limitar el aumento de peso.
Un estudio publicado en Circulation, basado en 94.739 participantes del Biobanco del Reino Unido, encontró que quienes acumulaban 150 a 300 minutos semanales de actividad moderada mostraban un riesgo mucho menor de desarrollar insuficiencia cardíaca. También se observó una asociación favorable en quienes hacían 75 a 150 minutos de ejercicio vigoroso por semana.
Ese mensaje coincide con una nota previa de Infobae, que repasó recomendaciones de la American Heart Association (AHA) y destacó que unos 30 minutos diarios, cinco veces por semana, ya encajan en el umbral aconsejado para la salud cardiovascular. El artículo también señaló que incluso esfuerzos breves, como subir escaleras o sumar minutos intensos durante el día, pueden aportar beneficios.
3- Dormir bien y a horario también forma parte de la prevención

El sueño dejó de considerarse un aspecto secundario de la salud cardiovascular. La calidad del descanso, su continuidad y la regularidad de los horarios tienen efectos sobre la presión arterial, el metabolismo, el peso corporal y el equilibrio hormonal.
Ese punto también fue desarrollado en una declaración científica de la AHA publicada en Circulation. Allí se recordó que los adultos suelen necesitar entre siete y nueve horas por noche y que dormir mal o de manera fragmentada se asocia con peor salud cardiometabólica.
Lo Monaco recomendó sostener horarios regulares para acostarse y levantarse, limitar pantallas antes de dormir y consultar si hay ronquidos intensos o somnolencia diurna. La apnea del sueño, muchas veces subdiagnosticada, también se vincula con hipertensión y alteraciones del ritmo cardíaco.
4- La prevención empieza en el plato: alimentos reales y menos ultraprocesados

La alimentación influye sobre casi todos los factores que elevan el riesgo de insuficiencia cardíaca. Un patrón basado en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, pescado y proteínas magras ayuda a controlar la presión arterial, el peso y la glucosa.
La revisión del European Heart Journal insistió en la necesidad de un abordaje integral por el peso creciente de los trastornos metabólicos y renales en la aparición de esta enfermedad. En ese marco, reducir ultraprocesados, bebidas azucaradas, fritos, carnes procesadas y alimentos con exceso de sal aparece como una medida transversal.
Lo Monaco planteó que el beneficio no depende de un alimento puntual sino de la calidad general de la dieta. La lógica es acumulativa: pequeñas mejoras sostenidas tienen más impacto que cambios drásticos de corta duración.
5- Cenar más temprano, el hábito que muchos desestiman

Entre los hábitos menos discutidos aparece el horario de la cena. Evitar la comida en las tres horas previas al sueño puede favorecer tanto el descanso como la regulación cardiovascular nocturna.
Una investigación de la Universidad Northwestern, publicada en Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, abordó este punto. El estudio observó que alinear la ingesta con el ciclo sueño-vigilia, mediante un ayuno nocturno de 13 a 16 horas, se asoció con una reducción del 3,5% de la presión arterial nocturna y con una caída del 5% en la frecuencia cardíaca durante el sueño.
La investigación se hizo en adultos con sobrepeso u obesidad y apuntó a una idea simple: el organismo no procesa igual los alimentos de día que de noche. Por eso, cenar más temprano y evitar comidas abundantes, grasas, picantes o alcohol antes de acostarse puede ayudar a que el cuerpo entre en una fase de recuperación más estable.
6- Bajar el estrés también reduce carga sobre el sistema cardiovascular

El estrés crónico ejerce efectos concretos sobre el organismo. Puede elevar la presión arterial, empeorar el sueño y favorecer conductas que aumentan el riesgo, como el sedentarismo o la mala alimentación.
Un metaanálisis publicado en el International Journal of Cardiology, que reunió 33 estudios con 43.641 participantes, halló que los niveles elevados de hormonas del estrés se asociaron con un 63% más riesgo de enfermedad cardiovascular. El trabajo examinó marcadores como cortisol, adrenalina y noradrenalina.
Lo Monaco sugirió incorporar aunque sea unos minutos diarios de respiración lenta, caminatas, pausas de desconexión o prácticas de atención plena. El objetivo no es eliminar por completo el estrés, sino reducir su impacto sostenido sobre la presión, el sueño y los hábitos diarios.
La suma de hábitos pesa más que una medida aislada

La prevención de la insuficiencia cardíaca no descansa en una sola decisión. El mensaje que atraviesa las recomendaciones clínicas y los estudios recientes es que la protección cardiovascular depende de la combinación entre presión arterial controlada, actividad física, buen descanso, alimentación de calidad, horarios regulares y menor carga de estrés.
La declaración científica del European Heart Journal añadió que el desafío actual exige una estrategia personalizada y amplia, que contemple también diabetes, enfermedad renal, factores específicos de las mujeres, vacunación y condiciones sociales y ambientales. En ese marco, las medidas cotidianas siguen siendo la primera línea para reducir un riesgo que muchas veces avanza sin dar señales durante años.
por INFOBAE
