La sangre joven del Madrid plantó cara y resuelve el 3-2 ante el Inter

Gol de Rodrygo a pase de Vinicius Jr. fue la joven combinación para sacar el partido y colocar el 3 a 2 definitivo para los merengues. Zidane había dicho que jugarían una final y vaya que fue sufrida.

Cuando más feo pintaba el asunto, el Madrid conquistó una victoria vital para la Champions. En un giro inesperado, casi dramático, Rodrygo convirtió un gol de oro, de los que deciden una final, a pase de Vinícius, los hombres que entraron de refresco coincidiendo con el crecimiento del Inter. Goes ejecutó con frialdad una jugada decisiva en el momento crítico. Un valor más que estimable para defenderle cada vez que se cuestione la fe que Zidane deposita en él.

El caso es que el Madrid sufrió de forma inesperada. El partido se le puso de cara por méritos propios y defectos del ilustre visitante. Siempre se consideró all Inter como guardián de la tradición defensiva del fútbol italiano desde Facchetti a Materazzi pasando por Bergomi y Colovati. Equipos fieros, agresivos, impenetrables, a los que meterles un gol era como sacarse una muela. Literal. Volaban los codos, los tacos… Nada salía gratis. Muy diferente del Inter de Conte, que con sus tres centrales, sus carrileros y su tendencia a sacar la pelota con el mayor riesgo posible invitó a un intercambio de golpes (o de errores) al Madrid. Esta vez la presión alta que falló ante el Shakhtar fue una mina de balones robados a Brozovic, Vidal o Bastoni, los puntos más débiles.

En poco más de media hora los blancos colocaron un 2-0 tranquilizador. Sumó antes un par de ocasiones importantes, como un buen remate de Asensio que desvió milagroso Handanovic, o una volea de Valverde tras dejada de Benzema que se fue arriba al envenenarse en el bote. No defendía con aplicación el Inter, que sumaba más efectivos cuando salía al ataque. Lautaro también obligó a una mano estupenda de Courtois, la de siempre, antes del primero. Cayó con un error de Achraf al ceder desde el centro del campo a su portero. Lo leyó bien Benzema, que anotó fácil. Hubo falta de Mendy sobre el ex madridista, pero el colegiado no lo revisó. Ocho minutos después, en un córner desde la izquierda, templó Kroos y Ramos cabeceó cruzado a la red. Un póster extraordinario para su gol 100.

Lo más difícil estaba hecho, pero no es el Madrid un equipo que cierre los partidos con facilidad. En dos minutos respondió el Inter con un golazo, las cosas como son. Remató con oficio Lautaro, justificando su cartel de delantero cotizado. Pero vino tras una maravilla de Nicolo Barella, una espuela de primeras para dejar al argentino en ventaja. De largo, el mayor talento de su equipo, con mucha ventaja sobre Vidal, más preocupado de pegar que de jugar.

El 2-1 cambió el partido por completo. Insistió Zidane con el 4-3-3 con Asensio y Hazard, pero no estuvieron acertados y eso les restó vigilancia. Tras el descanso, el Inter comenzó a sacar la pelota en largo y el centro del campo blanco desapareció de escena. Comenzaron a llegar los laterales y el duelo se volcó hacia el área de Courtois. Se veía venir el empate, y Zidane trató de evitarlo cambiando las bandas. Entraron Vinícius y Rodrygo, pero el problema estaba en el retorno. Así ocurrió. En una salida fallida pivotó Lautaro, abrió sobre Perisic, un jugador con mucho menos cartel que fútbol, y el croata cruzó a la red.

El desplome blanco fue llamativo. Por fútbol y por físico. Cada ataque era una pérdida, y en cada pérdida se plantaba el Inter en superioridad. Perdonó primero Lautaro tras un despeje fallido de Mendy. Perdonó después Perisic, tras un error de Kroos en área contraria. Nadie volvió a tiempo. Pintaba a tragedia. Pero los cambios alteraron el decorado. Conte retiró a Barella y Perisic, dos demonios, y Zidane relevó a Kroos por Modric, oxigenando la medular. De allí surgió Valverde, despliegue constante, para leer el desmarque de Vinícius que escapó por izquierda, sirvió el centro al área y Rodrygo colocó con calidad en la escuadra. Una diana tan inesperada como vital, oro puro para las esperanzas blancas de clasificación.