Menos alimentos perdidos para un abastecimiento más eficiente y sostenible en Bogotá y la región central

  • El 88 % de los alimentos que abastecen a Bogotá proviene de Cundinamarca y otros departamentos de la región central.
  • El 70 % de la demanda agroalimentaria se concentra en Bogotá y Cundinamarca.
  • El Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario (SARA) reúne a quienes pueden actuar en cada tramo de ese recorrido.
  • La Encuesta Nacional Agropecuaria de 2023 estimó 105.211 toneladas de pérdidas de alimentos en poscosecha en los 27 departamentos incluidos en la medición; las frutas y verduras representaron cerca del 56 % (58.898 toneladas).
Bogotá, 29 de septiembre de 2026
Una canastilla de tomates sale de una finca de Cundinamarca rumbo a Bogotá. Si las canastillas se apilan sin protección, algunos frutos llegan golpeados; si una vía en mal estado prolonga el viaje y la carga no se conserva a la temperatura adecuada, otros pueden deteriorarse antes de encontrar comprador. En una tienda, algunos tomates quedan al fondo del mostrador y, en una casa, los últimos terminan olvidados en la nevera. Este recorrido hipotético ayuda a distinguir las pérdidas, que ocurren desde la producción hasta antes de la venta minorista, del desperdicio, que se produce en el comercio minorista, los servicios de alimentación y los hogares.

Ese recorrido es el centro del SARA: la red de productores, organizaciones rurales, transportadores, centros de acopio, comerciantes, empresas transformadoras, servicios de alimentación, instituciones y hogares. También participan quienes recuperan excedentes, gestionan residuos, producen información y toman decisiones públicas. La meta es que esta red funcione de manera eficiente, sostenible e inclusiva, desde el origen de los alimentos hasta el destino de los residuos.

La conversación cobra fuerza este 29 de septiembre, Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. En 2026, la séptima conmemoración se centra en el «Potencial transformador de la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos». Evitar pérdidas y desperdicios protege el ingreso de quien produjo los alimentos, aprovecha mejor el agua y los recursos invertidos y puede ampliar el acceso a una alimentación adecuada.

¿Cuándo se pierde y cuándo se desperdicia un alimento?
Las pérdidas ocurren desde la producción hasta el comercio al por mayor, antes de la venta minorista. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que cerca del 13 % de los alimentos producidos en el mundo se pierde después de la cosecha y antes de llegar al comercio minorista. En América Latina y el Caribe, la FAO reportó en septiembre de 2026 que el 11,6 % se pierde en producción y poscosecha.

En Colombia, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y la FAO han sumado esfuerzos para incluir un módulo de preguntas sobre pérdidas en la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA). En 2023, se estimaron 105.211 toneladas de pérdidas de alimentos en poscosecha en los 27 departamentos incluidos en la medición. Las frutas y verduras representaron cerca del 56 %, con 58.898 toneladas.

El desperdicio se produce en la venta minorista, los servicios de alimentación y los hogares. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calculó que en 2022 se generaron 1 050 millones de toneladas de desperdicio en esas etapas: el 19 % de los alimentos disponibles para el consumo, incluidos componentes no comestibles. Los hogares concentraron el 60 % de ese volumen.

En el SARA, las pérdidas tampoco se detienen en un límite administrativo. Según su diagnóstico, el 42 % de los alimentos que abastecen a Bogotá procede de Cundinamarca; el 46 %, de Boyacá, Meta, Tolima y Huila. Una demora por el estado de las vías, condiciones inadecuadas de conservación durante el transporte o un descargue tardío en la ciudad pueden deteriorar la carga y afectar a productores y distribuidores de toda la región.

El módulo experimental más reciente de la Encuesta Anual de Comercio (EAC) del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) distinguió los dos conceptos. En 2024, entre las empresas incluidas, 3,9 millones de kilogramos de alimentos se clasificaron como pérdidas en el comercio mayorista y 57,4 millones de kilogramos de alimentos como desperdicios en el minorista. Estos datos son nacionales y no describen exclusivamente el SARA. La encuesta también registra promociones, donaciones y transformación de alimentos aptos. Revisar inventarios, conservar mejor y dar salida a los excedentes antes de su deterioro ayuda a evitar descartes.

Reducir esas cifras exige decisiones sistémicas en cada tramo: cuidar la cosecha y el transporte, vender y consumir a tiempo, y aprovechar los residuos que inevitablemente se producen.

Planificar la producción, cuidar la cosecha y el camino

 

En la ruralidad, una familia agricultora puede mejorar el riego y las prácticas agrícolas, cuidar la salud del suelo, cosechar la fruta en su punto adecuado de madurez, usar recipientes que eviten golpes y clasificarla por calidades. Para sostener estas acciones necesita condiciones adecuadas en los sistemas productivos y de abastecimiento: asistencia técnica, información sobre la demanda, acuerdos de compra justos y espacios de acopio. Los mercados de proximidad también pueden acercarla a quienes compran sus productos. Si sabe cuánto requiere una plaza, un restaurante o un comprador institucional, puede programar la cosecha y buscar mercados para los excedentes aptos. Las asociaciones ayudan a reunir la oferta y a negociar mejores condiciones para productores de menor escala.

En transporte y distribución, conductores, empresas logísticas y centros de acopio pueden reducir esperas, proteger la carga, registrar dónde se deteriora y mantener la temperatura necesaria. Para una caja de fresas, coordinar la ruta y descargar con cuidado puede marcar la diferencia entre venta y descarte. Los gobiernos territoriales pueden identificar corredores críticos y mejorar infraestructura; medir mermas por producto y tramo ayuda a priorizar inversiones.

Vender y consumir a tiempo

 

En un fruver de barrio, una plaza de mercado o un mercado campesino, las frutas maduras que hoy no encuentran comprador podrían ofrecerse con descuento, transformarse de manera segura en pulpa o donarse a tiempo. El comerciante puede revisar inventarios, dar salida primero a los productos de menor vida útil y distinguir los alimentos aptos de los que ya no son inocuos. Centrales mayoristas, plazas de mercado, tiendas, supermercados y empresas pueden acordar medidas de clasificación, refrigeración y recuperación. Los bancos de alimentos y las organizaciones sociales distribuyen excedentes aptos si los reciben en condiciones seguras y con tiempo suficiente.

Un restaurante o comedor, ya sea de un programa social o de una empresa, también influye en cuánto se desperdicia. Puede ajustar la compra al número de raciones, ofrecer porciones acordes con el apetito, aprovechar ingredientes en distintas preparaciones y registrar por separado los desperdicios de la cocina y los restos que quedan en los platos. Esa información revela si el problema está en el menú, la preparación, el tamaño de la porción o la conservación. En las compras públicas de alimentos, definir los pliegos y programar mejor las entregas puede abrir oportunidades a la agricultura familiar, incorporar productos cosechados en el territorio donde se preparan y consumen las comidas y reducir rechazos evitables, siempre con criterios claros de calidad e inocuidad.

En casa, el gesto comienza antes de ir a la tienda: mirar la nevera y comprar lo que se alcanzará a consumir. Las verduras cocidas o una fruta madura pueden entrar en otra preparación mientras sigan siendo seguras. Congelar a tiempo y consumir primero los alimentos almacenados hace más tiempo ayuda a que no queden olvidados. El diagnóstico del SARA, con información del DANE, registra que, entre los hogares de Bogotá que reportan desperdiciar alimentos, el 51,7 % menciona el deterioro; el 27,5 %, haber preparado más de lo necesario; y el 26,9 %, las fechas de vencimiento. Los hogares pueden contribuir, aunque no resuelvan por sí solos las fallas de conservación y acceso del sistema.

Aprovechar lo que queda y sumar esfuerzos

 

La prioridad es prevenir. Si aparecen excedentes todavía aptos, corresponde facilitar su venta, transformación o donación en condiciones sanitarias adecuadas. Las partes no comestibles y los residuos orgánicos inevitables pueden separarse en la fuente para producir abonos u otros insumos, conforme a las reglas sanitarias y ambientales aplicables. Los residuos inorgánicos generados durante la comercialización y el consumo requieren separación y gestión diferenciadas. La comida apta tiene prioridad para el consumo humano; el compostaje ofrece una salida para los residuos orgánicos. En las plazas distritales de Bogotá ya hay una experiencia tangible: el Instituto para la Economía Social (IPES) informó en 2025 que su ruta selectiva recogía y transformaba más de 71.000 kilogramos de residuos orgánicos al mes en 15 plazas y cinco puntos comerciales.

La séptima Semana por la Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos de Bogotá, organizada por la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico (SDDE) y prevista entre el 28 de septiembre y el 9 de octubre de 2026, reúne a entidades, academia, empresas y organizaciones en torno a la prevención, el aprovechamiento y la circularidad. Es una oportunidad para conectar las conversaciones de la ciudad con las decisiones de la región que la abastece. Cada actor puede preguntarse qué alimentos se pierden o desperdician bajo su responsabilidad, en qué cantidad y en qué momento, y con quién debe coordinarse para evitarlo.

En ese propósito se inscribe Aliméntate de Región, iniciativa conjunta de la Región Metropolitana Bogotá–Cundinamarca (RMBC), la SDDE, la Región Administrativa y de Planeación Especial Región Central (RAP-E) y la FAO. El convenio avanza en una hoja de ruta de abastecimiento y en herramientas de información y gobernanza para orientar decisiones compartidas. El SARA vive en los vínculos diarios entre campo y ciudad. Fortalecerlo exige escuchar a quienes producen, transportan, venden, cocinan y consumen, además de quienes recuperan excedentes aptos y aprovechan residuos. Reducir las pérdidas antes de la venta minorista y los desperdicios en el comercio y el consumo permite aprovechar cada cosecha y ampliar la disponibilidad de alimentos en Bogotá, Cundinamarca, la región central y el país.

¡Aliméntate de Región, porque una región bien conectada es una región bien alimentada!

 

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