Una nutrición basada en la evidencia es la herramienta más poderosa para garantizar que el paciente tenga la fuerza necesaria para completar su proceso y recuperar su salud
En el abordaje integral de las patologías oncológicas, la alimentación es un pilar determinante para el pronóstico y la calidad de vida de cada paciente. Es vital diferenciar claramente entre las recomendaciones de prevención primaria y el soporte nutricional activo, basándose siempre en el consenso de organismos internacionales como la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), ente encargado de identificar las causas ambientales de la enfermedad, y el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer (AICR).
Según las recomendaciones de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV), aunque el consumo elevado de carnes rojas sea un factor de riesgo para la patología colorrectal en la población general, en la persona ya diagnosticada el objetivo prioritario es evitar la caquexia o pérdida severa de masa muscular.
Realidades nutricionales frente a creencias populares
Es un mito extendido que la carne roja “alimente” exclusivamente al tumor. Las células malignas consumen energía de diversas fuentes y privar al organismo de proteína animal suele conducir a la sarcopenia (degradación muscular), lo cual aumenta la toxicidad del tratamiento quimioterapéutico.
Según la licenciada Ana Sojo, nutricionista de la Clínica de Prevención SAV, el consumo de carnes no debe eliminarse por completo, pues son fuentes esenciales de hierro, aminoácidos y proteínas, necesarios para combatir la anemia y la fatiga. La recomendación clínica es moderar su ingesta a un máximo de 350 a 500 gramos semanales, priorizando siempre los cortes magros de res o cerdo.
El riesgo de la cocción y los alimentos procesados
El peligro no reside en la proteína per se, sino en la técnica culinaria empleada. La especialista advierte que las altas temperaturas —como las usadas en parrillas, asados directos al fuego o frituras— generan sustancias químicas peligrosas como los hidrocarburos y las aminas heterocíclicas.
Estos compuestos dañan el ADN y elevan los marcadores inflamatorios, facilitando el crecimiento tumoral. Es preferible optar por: cocciones al vapor, horneados a temperaturas controladas o guisos lentos que preserven la integridad del alimento.
En cuanto a las carnes procesadas o embutidos, se desaconsejan tajantemente por su alto contenido de sodio, grasas saturadas y nitritos. Estos aditivos, al entrar en contacto con el ácido estomacal, forman nitrosaminas, que son compuestos altamente mutagénicos.
Durante la quimioterapia, estos productos son poco tolerados y pueden exacerbar el estado proinflamatorio de la persona. Por ello, se debe priorizar el consumo de carnes frescas, pollo y pescado para asegurar un balance calórico-proteico que fortalezca al sistema inmunológico y sostenga al paciente durante su recuperación.
Para obtener información de interés sobre prevención y tratamiento de enfermedades oncológicas se puede visitar la página web de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV): www.sociedadanticancerosa.org/ o seguirlos en las cuentas de redes sociales: Instagram como @sociedadanticancerosavzla, X como @SAnticancerosa y en Facebook como Sociedad Anticancerosa de Venezuela-SAV.
