La predisposición genética influye en el riesgo de diabetes tipo 2, pero no explica por sí sola quién desarrollará la enfermedad.
Un estudio presentado esta semana en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) que se celebra en Milán, Italia, analizó hasta qué punto dos conductas cotidianas pueden modificar ese riesgo, incluso en personas con una carga hereditaria alta.
La diabetes es una enfermedad crónica en la que la glucosa se eleva en sangre porque el organismo no produce suficiente insulina o no logra utilizarla de forma adecuada. La diabetes tipo 2 representa la mayoría de los diagnósticos y su avance supone una carga creciente para los sistemas de salud: en el continente americano viven con diabetes 112 millones de adultos, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OMS).

En la diabetes tipo 1, el sistema inmunitario ataca las células del páncreas que producen esa hormona y el tratamiento requiere administrarla. La diabetes tipo 2, que concentra la mayoría de los casos, se vincula con una respuesta reducida a la insulina y con una producción insuficiente con el paso del tiempo; intervienen la predisposición genética y factores ambientales y del estilo de vida.
El estudio siguió durante casi ocho años a más de 56.000 adultos
La investigación halló que reducir los alimentos ultraprocesados y alcanzar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada o vigorosa se asoció con hasta un 70 % menos de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Fue liderada por Wenxin Xu, de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, a partir de datos del Biobanco del Reino Unido. El equipo siguió a los participantes durante un promedio de 7,8 años y registró 926 casos de diabetes tipo 2.

La ingesta alimentaria se estimó con cuestionarios y la clasificación Nova para identificar los ultraprocesados. La actividad física se midió mediante dispositivos colocados en la muñeca durante una semana. También se emplearon datos genéticos para calcular la susceptibilidad hereditaria a la enfermedad.
Los ultraprocesados abarcan, entre otros productos, bebidas azucaradas, snacks envasados, carnes procesadas y comidas listas para consumir. En el análisis, por cada 10 % adicional de alimentos ultraprocesados en el peso total de la dieta, el riesgo de diabetes tipo 2 aumentó un 7 %.
“La diabetes tipo 2 es causada por una combinación de la susceptibilidad genética de una persona y su estilo de vida”, afirmó Xu en declaraciones difundidas por la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes. “En lo que respecta al estilo de vida, consumir más alimentos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo, mientras que la actividad física es un factor protector”, agregó.
Cumplir la meta de 150 minutos se vinculó con un riesgo 39 % menor

El segundo hábito evaluado fue la actividad física moderada a vigorosa, aquella que eleva la frecuencia cardíaca y respiratoria. Caminar a paso rápido, andar en bicicleta, hacer senderismo, practicar deportes o realizar tareas domésticas y de jardinería que exijan un esfuerzo sostenido pueden entrar en esa categoría.
Los participantes que cumplieron la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de realizar como mínimo 150 minutos semanales de actividad de esa intensidad tuvieron un 39 % menos de riesgo de diabetes tipo 2 que quienes permanecieron por debajo de esa meta.
En el grupo con riesgo genético alto, mantener baja la proporción de ultraprocesados —alrededor de 11 % o menos del peso total de los alimentos consumidos— se asoció con una reducción de 35 % del riesgo. Alcanzar los 150 minutos semanales, por su parte, se vinculó con una reducción de 33 %.
El investigador destacó que esas conductas pueden modificarse. “A diferencia de la susceptibilidad genética, la dieta y la actividad física son factores que las personas pueden cambiar”, señaló la investigadora.
La combinación de dieta y ejercicio mostró la mayor asociación protectora

La mayor diferencia se observó cuando ambos hábitos coincidieron. Entre las personas con predisposición genética alta, una menor ingesta de ultraprocesados junto con actividad física regular se asoció con una reducción de 49 % en el riesgo de diabetes tipo 2. La reducción llegó a 70 % en el grupo de susceptibilidad genética intermedia y a 59 % en el de susceptibilidad baja.
El ejercicio también se vinculó con un riesgo menor entre participantes que consumían una proporción alta de ultraprocesados, definida como cerca de un tercio o más de la dieta por peso. En el grupo con mayor carga genética, cumplir el objetivo semanal de actividad se asoció con un riesgo 31 % menor frente a quienes no lo alcanzaban.
“Nuestros genes no determinan nuestro destino”, sostuvo Xu. La investigadora precisó que, aun entre quienes tienen alta predisposición genética, comer menos ultraprocesados y practicar actividad física moderada a vigorosa de manera habitual “se asoció con un riesgo sustancialmente menor” de desarrollar la enfermedad.
Los resultados muestran asociaciones y no prueban una relación de causa y efecto

Los autores remarcaron que se trata de un estudio observacional. Por ese motivo, los datos no permiten establecer que modificar la dieta o sumar ejercicio haya causado de forma directa la reducción de casos. Además, las características de la población analizada —adultos del Reino Unido con una edad promedio de 69,5 años— deben tenerse en cuenta antes de extrapolar los resultados a otros grupos.
No obstante, los hallazgos coinciden con recomendaciones preventivas ya conocidas. Una forma de cuidarse es priorizar alimentos frescos o poco procesados, reducir las bebidas azucaradas y los productos muy industrializados, y sumar movimiento de manera regular. Si tenés la glucosa alta, antecedentes familiares u otros factores de riesgo, consultar con un profesional puede ayudarte a evaluar tu situación y definir los controles necesarios.
“La enfermedad puede ser tratada y, con un control adecuado y sostenido, es posible prevenir o retrasar sus consecuencias”, afirmó a Infobae la endocrinóloga María Gabriela Rovira, miembro de la Sociedad Argentina de Diabetes. La médica remarcó que ese control requiere un equilibrio entre una alimentación saludable, actividad física regular, adherencia al tratamiento y monitoreo clínico constante.
La prediabetes puede funcionar como una señal de alerta previa: cuando la glucosa se encuentra por encima de los valores normales, aunque todavía no alcanza los criterios diagnósticos de diabetes. Detectarla mediante análisis clínicos permite identificar el riesgo a tiempo y consultar con un profesional sobre cambios de hábitos y el seguimiento más adecuado.
Los especialistas piden cautela al interpretar los resultados

Las especialistas que no participaron de la investigación destacaron el tamaño de la muestra, el seguimiento de 7,8 años y la medición de la actividad con dispositivos portátiles, como fortalezas de la investigación.
Sin embargo, Marie Spreckley, investigadora del Instituto de Ciencias Metabólicas de la Universidad de Cambridge, advirtió que los registros de alimentación dependen del recuerdo de los participantes y que la actividad se evaluó durante una sola semana. “No podemos afirmar que cambiar esos comportamientos causaría las reducciones informadas”, señaló en declaraciones recogidas por Science Media Centre.
La especialista de Cambridge también precisó que el 70 % corresponde a una comparación entre grupos de susceptibilidad genética intermedia con perfiles de hábitos distintos, y no a una reducción individual asegurada.
Rosiered Brownson-Smith, investigadora en Ciencias de la Nutrición del King’s College de Londres, consideró que el análisis se suma a estudios previos sobre alimentación y movimiento, aunque remarcó que la categoría de ultraprocesados es amplia y reúne productos con características muy diferentes. “Los resultados muestran asociaciones, no relaciones de causa y efecto”, sostuvo.
por INFOBAE
