La trayectoria del secretario de Estado, junto con sus recientes responsabilidades en seguridad nacional, le ha dado visibilidad y apoyo dentro del espectro político republicano
Por Ricardo Israel
Sería el primer latino con posibilidades reales de llegar a la Casa Blanca, un poco lo que fue Obama el 2008 para los afroamericanos. Hoy, sus posibilidades superan por largo trecho lo que hiciera el 2016, donde fue más bien un candidato testimonial en las primarias republicanas para ganar estatura electoral. De hecho, en esa oportunidad no tuvo una buena relación con Trump quien ridiculizó sus manos, y hoy tiene acceso privilegiado a él.
Su actual posición se la ha ganado con su desempeño como secretario de Estado, que ha superado las expectativas, incluso aquellas optimistas. También se le sumaron responsabilidades de Encargado de Seguridad Nacional, y ha cumplido, tanto que Trump ha exagerado comparándolo con Kissinger. En todo caso, se entiende que su balance final se va a decidir más por lo que pase en Irán o con China donde no ha tenido mayor poder de decisión, que el éxito que pueda tener con Cuba o en Venezuela, aunque ya ha pasado un tiempo razonable en este último país, y todavía no existe aquello que ha estado presente en toda transición exitosa, un itinerario, un calendario público desde el principio para la democratización y con fechas para elecciones, aunque, sin embargo, todo está claro para el petróleo. La verdad es que el dictador se fue pero se mantiene la dictadura, y si este proceso se desvía de la meta, no hay duda de que ahí puede ser responsabilizado, con o sin razón.
¿Rubio candidato? Aún más que las encuestas, el resultado puede depender de si decide competir pronto para el 2028 o esperar el 2032. Incluso, por edad podría serlo también el 2036, pero como todo político es un maestro de la oportunidad, sabe que los momentos favorables pueden aparecer como también desaparecer, a veces con mucha rapidez. Nada asegura que el futuro traiga el resultado esperado.
Si es la fecha próxima, hay que hablar de J.D. Vance, quien figura hoy en el primer lugar de los presidenciables republicanos, por lo que, al no tenerlo todavía el partido rival, el o la candidato/a demócrata es todavía de secundaria consideración, ya que primero viene la primaria republicana, y por cierto, Trump como gran elector, ya que hoy tiene la capacidad de incidir en su sucesor, y cuando lo hicieron Reagan, Clinton y Biden, fue siempre en favor de sus respectivos vicepresidentes, y respecto de Trump, creo que se va a reservar hacia el final, además que su decisión seguramente va a estar vinculada al resultado de la elección de medio término, ya que, si es derrotado, va a perder también poder, y buena parte de su energía estaría entonces centrada en evitar un nuevo impeachment o juicio político, en caso que los demócratas sean mayoría.

Sin duda, Rubio comparte como gran objetivo de la actividad politica la ideología del America First con Trump, pero como es notorio, en su consecución este cambia de opinión con frecuencia, a veces el mismo día. Por ahora, el candidato senior, la primera posición entre los republicanos la tiene Vance, aunque me parece que Rubio tiene algunas ventajas como aparecer como más flexible y moderado, a lo que se agrega un importante grupo de votantes cuyo apoyo es seguro para su persona, como es el caso de los latinos, hoy la primera minoría de EE. UU., y es mi impresión, que después de estos años de polarización, tanto bajo Trump como Biden, apostaría que la moderación y la búsqueda de acuerdos van a ser activos valorables en quienes busquen habitar la Casa Blanca.
Por lo anterior, incluso si no compite en primarias contra Vance, de todas maneras, podría estar en la boleta electoral del 2028 como candidato a vicepresidente, tal como lo ha propuesto Trump mas de una vez, una especie de “dream team” para los republicanos, pero en politica hasta una semana puede ser mucho tiempo, toda vez, que los escenarios cambian con rapidez, y nadie sabe con seguridad que podría pasarles en el futuro cercano.
Lo único seguro es que como candidato presidencial o de vice va a haber necesidad de responder preguntas que pueden crear conflicto interno, hasta fuego amigo, tales como que Vance aparecía como aquel que en este gobierno se ocupaba de Europa, defendiendo a empresas de EE. UU. como también criticando a la cúpula comunitaria por temas como ataques a la libertad de expresión y el crecimiento del islamismo en algunos países de la Unión Europea. Sin embargo, un aplaudido desempeño en la cumbre de Seguridad de Munich condujo a un inesperado protagonismo de Rubio debido a la articulada defensa que hizo de la idea de Occidente como base de toda alianza con EE. UU.
Sin embargo, en paralelo, Rubio perdió protagonismo en otros temas, como, por ejemplo, Irán, donde fue Vance el interlocutor para los iranies en las negociaciones que tuvieron lugar en Pakistán, siendo ambas situaciones espejos invertidos de la facilidad con que se pueden ganar o perder posiciones, lo que se incrementa en procesos electorales, ya que, por su dinámica, se pierden o ganan lugares con mucha velocidad. ¿Por qué Rubio quedó afuera de la parte más visible y pública de las negociaciones con Irán? Ese era el tipo de preguntas que se hacían en EE. UU. antes de la polarización, cuando su prensa era la mejor del mundo. Hoy no, ya que más que periodismo se hace a veces propaganda en lado y lado, pero va a ser inevitable que se le hagan preguntas semejantes a Rubio cuando sea candidato.
Desde que el año pasado asumiera como Secretario de Estado, Rubio ha demostrado responsabilidad, disciplina, visión, además de conocimiento de las relaciones internacionales, fruto de los años como senador, lo que le ha dado momentos estelares, aunque ya que como lo demuestra el caso de Hillary Clinton, no es fácil saltar de esa posición a una candidatura presidencial, además que su fracaso es señal que ganar elecciones tiene sus propias complejidades, partiendo por el hecho que el sistema electoral estadounidense de Colegio Electoral difiere del democrático típico de un elector un voto, además que en definitiva, desde hace un tiempo, el ganador o ganadora se decide en no más de siete u ocho estados que cambian de opinión de una a otra elección, ya que por resultados anteriores, en la mayoría se sabe con anticipación si el triunfo es para republicano o para demócrata.
En otras palabras, quienes viven en el exterior no siempre entienden bien como se desarrolla la competencia electoral en EE. UU., toda vez que tienden a aplicarles a esas elecciones los parámetros de sus propios países, cuando en realidad son totalmente distintos. De hecho, en los rankings hechos por especialistas, en lo que tiene que ver con la confiabilidad y cumplimiento de estándares internacionales, en comparación a buenas democracias, la ubicación de EE. UU. es mediocre, a lo que se suma el hecho que por razones políticas, la mitad del país hoy desconfía de los resultados oficiales, como lo demuestra que a Trump no le afectó y hasta le benefició la campaña que hizo sobre fraudes, a pesar de la falta de pruebas, a lo que se agrega que a nivel federal o estadual, se carece de un sistema de justicia electoral especializado en elecciones o en la resolución rápida de reclamaciones o disputas, lo que conduce a situaciones como las de California y otros Estados que se demoran en entregar algunos resultados, con lo que pasan días y se desconoce quién controlará la Camara de Representantes, con la consecuencia que desde hace muchos años las proyecciones de la TV son presentadas como si fueran resultados oficiales, siendo solo eso, proyecciones, con lo que en más de un lugar, existen reclamaciones de supuesta ilegitimidad.
Mas aun, nunca ha sido electo presidente alguien que no pertenezca a los dos partidos grandes, pero a nivel presidencial normalmente hay varios candidatos de terceras fuerzas políticas, que por ser pequeñas y no tener posibilidad alguna, reciben muy poca difusión y no participan en los foros televisados, con lo cual son muy poco conocidas esas alternativas, por lo que siempre todo termina reducido a solo dos, y excepcionalmente alguna otra. En el caso de los representantes, hay pocos cambios de una elección a otra, por lo que hay mayor posibilidad de desafiar a los incumbentes en las primarias partidarias que en la elección propiamente tal. Sin ir mas lejos, el cambio mas profundo para la próxima elección de la Camara de Representantes no se va a dar el día de la elección, sino que este resultado, y por lo tanto, si va a tener mayoría el próximo presidente, se está decidiendo ahora, ya que pasados 10 años después de cada censo, cada Estado tiene la posibilidad de hacer un redistritaje, una modificación de los distritos electorales, que en la práctica significa que la fuerza politica que controla ese Estado reordena el naipe electoral agregando o cercenando distritos, siempre para subrepresentar al otro partido y aumentar la cantidad de electos por el propio, alterando así la voluntad de los electores. Es lo que está pasando estos días en Estados demócratas como California y republicanos como Texas, por mencionar solo dos.
Lo anterior reafirma lo que siempre se ha dicho, que más que la democracia lo que caracteriza a EE. UU. es ser una república, una república democrática, pero donde predomina la ley y las instituciones por sobre la voluntad electoral. De ahí el peso institucional de la Corte Suprema y también de la figura presidencial, y como consecuencia, en la elección de 2028 la figura de Trump todavía va a estar muy presente ese día, no solo para los republicanos, sino también para los demócratas, que a falta de un líder claro y sin tener propuestas definidas, probablemente van a enfrentar esos comicios con argumentos semejantes a los actuales, la oposición a todo lo que hace y todo lo que dice el actual mandatario. Hoy, EE. UU. carece de un verdadero partido de oposición, dada la travesía del desierto que aqueja a los demócratas, sin programa y sin plataforma. Pueden ganar, pero esencialmente una elección en democracia es selección de alternativas, y a falta de primarias que definan la lucha interna demócrata entre liberales y radicales, por ahora, la oposición mayor a Trump proviene en EE. UU. de los tribunales, principalmente jueces locales, de distritos, casi siempre de los mismos Estados, generalmente nombrados por Obama, acción que amarra más al gobierno que la actividad opositora en el Congreso o en la calle.

Por lo tanto, presumiblemente en la próxima elección, seguirá influyendo la actual actividad presidencial, tanto lo que haga como lo que deje de hacer Trump. Sin embargo, en el resultado aún más determinante será la cantidad de dinero que mueva cada candidatura, el músculo organizacional y de judicialización de cada uno, y la pregunta es si Rubio poseerá lo anterior a tiempo para poder competir de buena forma. Al respecto, todo indica que seguirá siendo relevante aquello que fue tan importante en el regreso de Trump el 2024, siendo el motivo principal o uno de ellos, la situación económica de cada votante, que claramente perjudicó a Biden tanto como lo hizo con Bush padre en 1992. Todos los datos indican, que hoy por hoy, estaría siendo también decisiva en las próximas elecciones de medio termino, por lo que una plataforma económica va a ser tan importante como una politica para Rubio, quien no exhibe credenciales en este campo que tan importante es para los votantes.
Como secretario de Estado Rubio ha adquirido un perfil propio, ya que habla con franqueza, pero sin ofender, interpela apuntando a situaciones reales como una Europa cada vez más irrelevante que renuncia a su propia historia y tradiciones o unas Naciones Unidas desperfiladas y llenas de corrupción, sin cumplir su mandato principal, garantizar la paz. Representando a EE. UU, Rubio ha sido a la vez doctrinario y pragmático, y ha logrado restituirle a la diplomacia estadounidense la importancia que había perdido, no solo en el resto del mundo, sino hacia el interior del país y en el proceso de toma de decisiones de la propia Casa Blanca.
Con Rubio, EE. UU. le habla al mundo más en términos de libertad, ética y valores que de intereses, siendo lo fundamental la batalla por el significado grande del Occidente, sobre todo, a partir de la ilustración. Ha demostrado en el cargo, cuan útil fue a su persona el aprendizaje hecho como senador para el reordenamiento que hoy vive el mundo. Rubio ha sido parte de lo que puede ser la transformación politica más importante desde el fin de la URSS, donde hoy EE. UU. está modificando su propia creación, las reglas establecidas después de la segunda guerra mundial.
No sabemos cuanto de lo que se está intentando sobrevivirá a un cambio de gobierno, ya que ha sido hecho a punta de ordenes ejecutivas, es decir, decretos, y no a través de leyes, sentencias de la Corte Suprema o acuerdos bipartidarios. Mucho va a depender que a Trump lo sustituya alguien que tiene ideas parecidas, aunque sea un estilo diferente. Existe el caso de Reagan igualmente criticado y resistido, pero que, con el paso del tiempo, fue reconocido como un presidente capaz de marcar tendencias, que continuaron a través de sucesores que enarbolaban las mismas banderas. Tambien existen casos de presidentes que no lograron ser reelegidos para un segundo periodo, como fue el caso de Jimmy Carter, quien, sin embargo, aportó hasta hoy la politica de DDHH.

En EE. UU. hoy se sigue a Maquiavelo, no la caricatura que hacen quienes no lo han leído sino el que le escribió consejos al príncipe, útiles para cualquier gobernante, como que este debe buscar ser más respetado que amado, aunque en este gobierno, hay roles que se han repartido con Rubio como el policía bueno, y Vance, como el otro. EE. UU. está recuperando la disuasión perdida, y a Rubio como candidato se le ofrece la posibilidad de que también exista respeto.
Al parecer, ha entendido que para ello el mundo le está ofreciendo una oportunidad, una gran oportunidad, ya que, si tiene éxito, de tener el 2028 una elección con posibilidades reales de ganarla también podría mejorar el rol de EE. UU. no solo como la potencia necesaria, aquella que en el medio oriente hace lo que nadie más quiere o puede hacer, sino también como la superpotencia indiscutida, lo que la competencia china hace crecientemente más difícil, por lo que EE. UU. va a seguir necesitando que en la conducción del país exista lo que no siempre ha tenido y que en la Grecia clásica se llamaba el Gran Timonel, es decir, aquel capaz de conducir la nave del Estado con mano, a la vez segura y firme, permitiendo que las decisiones lleguen a buen puerto, tanto en mar calmo como en la tempestad, y se aleje de lo que ha tenido lugar en Washington, donde buena parte del mundo se desconcierta por cambios bruscos cada cuatro años.
Estoy convencido que eso es la que EE. UU. necesita a partir de 2028, alguien capaz de convocar a decisiones bipartidistas, capaces de prolongarse en el tiempo, y la diferencia que podría marcar Rubio es la comprensión que no habrán éxitos duraderos si no se recupera esa unidad que le sobró al país durante la Guerra Fria, ya que, para conducir a otros países, para dar liderazgo, se necesita unidad interna, toda vez que la politica exterior siempre debiera ser de Estado, no de partido, para demostrar que más que China, el gigante dormido era EE. UU.
Como secretario de Estado Rubio ha sido lo que los romanos exigían, Verba et Facta, Palabras y Hechos, ya que EE. UU. es un país del cual siempre se espera más que de los otros, y para cumplir, tiene lo que en el siglo XIX destacaba Alexis de Tocqueville,” la salud de una democracia depende de la calidad de sus instituciones”.
Y después de esta etapa de polarización, se requiere un gobernante capaz de curar heridas y convocar a un gran acuerdo nacional, y en el panorama actual, Rubio ha demostrado tener las competencias que Winston Churchill solicitaba de quien condujera la politica exterior, es decir, “En la guerra resolución. En la derrota, desafío. En la victoria, magnanimidad. En la paz, buena voluntad”.
A partir de 2028 se requiere algo aún más difícil para una superpotencia, pero con una “casa dividida”, aquello contra lo cual alertaba Lincoln. Es buscar acuerdos, ya que para la esquiva unidad nacional se necesita un líder, es esto y no otra cosa lo que Marco Rubio tiene por delante. ¿Sera su momento o no todavía?
