Carlos Raúl Hernández: El ratón que jugaba con el gato

El debate cubista sobre el megaacuerdo petrolero es perfectamente sintomático de nuestro querido país. Imagino el esfuerzo titánico de análisis que lograron para no votar en la Asamblea Nacional un documento de respaldo perfectamente conejo, redactado por las Agustinas Recoletas. Tal como podía esperarse, dijeron no, por cualquier razón o sin ella. Ratifica por qué en 35 años (y contando) destruimos hasta los cimientos una nación envidiada, luego una por una las instituciones y finalmente al propio triunfo de la oposición. Nuestro pensamiento político, si puede llamarse así, es reaccionario, simple, anecdótico, incapaz de salir de su agrarismo, bloqueado al cambio. Para explicar la razón de esto, no voy a apelar al sofisma de “la causalidad múltiple”, sino a una sola: carecemos de lo que hubo en Chile, Brasil, Uruguay, Perú, Rep. Dominicana, México, incluso Bolivia et al.

Ellos tuvieron un liderazgo que mereció ese nombre. Rafael Ramírez, jefe de la claque antiimperialista del siglo XXI y responsable directo del desastre petrolero, enterró PDVSA, la otrora 3ª empresa mundial (dentro de algunos años los turistas harán visitas guiadas a sus ruinas). Desmanteló la tecnocracia de punta que la manejaba, persiguió los técnicos y la convirtió en una especie de mercado babilonio (“Ahora PDVSA es de todos”), “roja rojita”, un mega ministerio con 145 mil empleados, 75% improductivos. De 30 mil pozos, 90% están destruidos por desinversión (funcionan apenas 3000), corrupción y mala praxis. Una empresa modelo de máxima eficiencia con 40 mil trabajadores, Ramírez la convirtió en una laguna de oxidación y bajó su capacidad para exportar 3 mill b/d a 600 mil b/d. Hoy el autor pontifica como si no lo recordáramos.

Por si fuera poco, montaron sobre la empresa la mitad de la deuda externa del país, cerca de 80 mil millones de dólares; la hicieron rotundamente irrecuperable. Incluida la liquidación de los trabajadores, los 80 o 100 mil millones de dólares de esa deuda, jamás Venezuela podrá tenerlos con 90% de los pozos inutilizados y un ingreso anual de 6.230 millones de dólares (2023) De los 650 mil b/d que exportaba en 2023, 200 mil los extraía China, 150 mil Rusia, 120 mil Chevron, a 50 mil España, 20 mil Francia, 5000 Italia; el resto iba a Cuba y al consumo interno (¿y PDVSA?). Por si fuera poco, nuestros astutos hacen temblar a Trump, Marco Rubio y a las super empresas petroleras globales, el ratón amenaza al gato en la Asamblea Nacional; y desde Estonia, o Lituania o Burundi a nombre de Zeus lanza su rayo con la terrible advertencia que estremeció al Departamento de Estado.

Carne de gallina ante el ultimátum: “cuidado con va…s, miren que cuando yo gobierne mi ínsula Barataria o los demócratas en EE. UU, desconoceremos el megaacuerdo”. Naturalmente que esto fastidia a cualquier inversionista, como una mosca en la sopa de los que Trump a duras penas convence de venir a Venezuela, aun estando intervenida y el ratón sigue jugando con el gato. Extraviado en el desierto un hombre consigue vaso de agua salvador, por la mano de alguien que le cae mal y responde: “bébete tu miserable agua” y se la devuelve, lógica para mí inalcanzable. El genial mensaje es “haz con tus millones lo que quieras pero lejos, porque si vienes te vamos a aplicar el ácido”, materia para un libro de chistes, como hizo el filósofo Slovak Zizek, pero los gringos apelan a algo menos humorístico. Trump declaró de inmediato que no hay condiciones para hacer elecciones

North American Blue Energy Partners, es la empresa venezolana sustituta de PDVSA que dirige Alejandro Betancourt, protector del gobierno del “ex presidente Guaidò”. Betancourt toma la precaución de pactar 35% de “acciones pasivas” para el Pentágono y no muestra disposición de traumar el tierno corazón de los generales norteamericanos. Para saber del megacontrato hay que registrar demasiados papeles burocráticos desagradables y fastidiosos: proclamaciones de la Casa Blanca, declaraciones de Trump, Rubio, Delcy, publicaciones del Consejo Nacional del Dominio Energético de EE. UU, órdenes ejecutivas, memorandos, nada parecido a una lectura de Rafael Alberti o Henry Miller. La síntesis es que empresas privadas norteamericanas, invertirán $100 mil millones si la oposición no se ofende en demasía.

Eso producirá ganancias de 291 mil millones para ellas y 209 mil millones para Venezuela, cifra que a la oposición parece ofensiva. Se pagarán a Venezuela $19 de regalía por barril sacado del pozo, con un precio estimado $65 en el mercado. Si estos precios suben, aumenta el volumen de lo que Venezuela recauda por ISLR (34%). La tarea de los inversionistas será construir de nuevo la industria como si estuviéramos en 1920, porque así quedó ¿Pero alguien cree que los opositores locales no investigaron en profundidad? Sería injusto no mencionar la propuesta de la contraparte: NADA para que el petróleo se mantenga bajo tierra hasta que valga menos que el agua. Es elemental que asustar a los inversionistas con derogar el plan actual, no parece favorecer apoyos políticos a futuro ni debilita a Delcy Rodríguez ¿O sí?

Es más que evidente que nadie presentó, ni podría presentar un proyecto mejor, ni un mero proyecto y ni siquiera que se molestaron en recabar información para emitir una apropiada. Aplausos hubo cuando se confiscaron las petroleras internacionales, y recuerdo decenas columnistas y políticos que presentaron semejante disparate como la “nueva independencia”. Hoy, para explicar el desastre derivado, responsabilizan a las maldades de la CÎA, al imperialismo, la mala suerte, las sanciones, o a la distracción de San José Gregorio Hernández. Desde Venezuela política y petróleo de Rómulo Betancourt, sabemos que con el imperialismo no se juega, porque no le gusta.

En las ciencias políticas se descubren “recurrencias” que no pueden llamarse leyes porque son producto de la voluntad humana. Una es que cuando se pone en peligro la seguridad nacional, el derecho internacional cede ante la geopolítica. EE. UU no aceptó que Fidel Castro a nombre de la soberanía tuviera ojivas nucleares que ponían en peligro a su sociedad. Putin tampoco que Ucrania instalara bases militares a minutos de Moscú. Y aunque he analizado repetidamente los efectos destructivos de las sanciones en la economía venezolana, ellas no llegaron ahí un día que el gobierno venezolano estaba rezando el Rosario. Si atacas a una potencia mundial prepárate. Es como si alguien tiene un grave volcamiento en carretera a 170 Km y culpa “a esa maldita curva”.

@CarlosRaulHer

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