Dos tumbas intactas de hace unos 10.500 años aparecen bajo Göbekli Tepe mientras 928 fragmentos humanos cuentan otra historia alrededor

Tumbas intactas hace unos aparecenImagen generada por inteligencia artificial

Dos sepulturas completas de unos 10.500 años de antigüedad fueron descubiertas en Göbekli Tepe, en Turquía, durante trabajos del Instituto Arqueológico Alemán. Son los primeros entierros hallados intactos bajo los pisos del célebre sitio neolítico. El hallazgo redefine la comprensión sobre cómo vivían y morían las primeras comunidades sedentarias de esa región.

El hallazgo también apunta a una conclusión importante: buena parte de los 928 fragmentos óseos humanos dispersos por el lugar no llegó allí como resultado de ceremonias complejas. Deslizamientos naturales del terreno habrían arrastrado esos restos desde zonas más altas hasta los recintos monumentales, lo que replantea décadas de interpretaciones arqueológicas.

Lo que guardaban las tumbas recién halladas

Una de las fosas conservaba los restos de al menos tres individuos, entre ellos una niña de aquella comunidad. Los cuerpos fueron colocados bajo tierra con cuidado, lo que sugiere un vínculo cercano entre quienes los enterraron y revela aspectos íntimos de la vida doméstica en Göbekli Tepe hace miles de años.

La segunda sepultura preservó el esqueleto de una mujer joven en buen estado de conservación. Ese hallazgo aporta datos sobre la salud y las condiciones físicas de quienes habitaron el sitio, información casi imposible de reconstruir con los fragmentos sueltos encontrados durante décadas de excavaciones anteriores.

El descubrimiento refuerza la idea de que el lugar albergaba también asentamientos donde se enterraba a los familiares bajo las casas, no solo un centro ceremonial.

Por qué cambió la lectura de los huesos dispersos

Durante años, la comunidad científica atribuyó la dispersión de restos óseos a ceremonias funerarias de alto simbolismo. Los nuevos análisis geológicos apuntan, en cambio, a un proceso mucho más terrenal: el desplazamiento del suelo elevado sobre el que se asienta el sitio.

Los esqueletos sepultados originalmente en niveles superiores quedaron expuestos al desgaste del terreno con el paso de los siglos. Ese movimiento de sedimentos terminó llevando los fragmentos hasta las estructuras de piedra que hoy visitan los arqueólogos, mezclando restos de distintas épocas y confundiendo a los investigadores durante décadas.

La combinación de fuertes lluvias, pendientes acentuadas y erosión gradual provocó el arrastre constante de estos vestigios y creó un escenario arqueológico complejo.

El peso de los procesos naturales en el descubrimiento

Con las dos tumbas intactas como referencia nueva, el Instituto Arqueológico Alemán cuenta ahora con un punto de comparación directo entre entierros deliberados y restos arrastrados por el terreno. Esa diferencia marcará los próximos análisis sobre los 928 fragmentos hallados en Göbekli Tepe, permitiendo distinguir entre lo que fue sepultado intencionalmente y lo que la naturaleza transportó desde otros lugares.

Los hallazgos también conectan con prácticas comparables en sitios vecinos: en Sefertepe se encontró una cámara con 21 cráneos orientados hacia el sudeste, lo que sugiere que el tratamiento ritual de los muertos varió según el contexto y el tiempo.

La publicación de estos resultados en PLOS One, junto con las conclusiones del Instituto Arqueológico Alemán, contribuirá a consolidar una nueva comprensión sobre cómo los procesos geológicos y las prácticas funerarias domésticas convergieron para crear el registro arqueológico que conocemos hoy.

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