Todas las emociones estuvieron ahí, desde la alegría hasta el nerviosismo.
Bueno, casi todas.
Lo único que Konnor Griffin no sintió el viernes antes de su debut con los Piratas de Pittsburgh fue sorpresa.
“Estaba listo para esto”, dijo.
Y sin duda se notó. Griffin, de 19 años y 344 días, enfrentó a los Orioles de Baltimore y se mostró listo para las Grandes Ligas.
Los considerables dones físicos de Griffin estuvieron en exhibición durante 2 horas y 44 minutos electrizantes en una victoria de 5-4 sobre los Orioles.
Hubo una pulcra doble matanza, la primera de la temporada para Pittsburgh, que realizó en el segundo inning. Un potente batazo que conectó contra la pared del jardín central en su primer turno al bate unos minutos después. Un láser de 105 mph contra Kyle Bradish de Baltimore que impulsó a Ryan O’Hearn y electrizó a la multitud que llenaba el estadio.
Asimismo, hubo una carrera fulgurante desde segunda hasta el home en un rodado al jardín derecho por parte de su compañero Jared Triolo. Y fue evidente la confianza para desafiar con éxito una llamada de strike en su tercer turno al bate, lo mismo que la compostura para recoger un rodado que brevemente dejó caer, antes de lanzar a primera para un out que terminó la octava entrada.
Todo fue parte de lo que Griffin llamó “sin duda uno de los mejores días de mi vida”. Y todos los involucrados con la organización esperan que esto sea el comienzo de una larga y exitosa carrera para una franquicia que no ha llegado a la postemporada en más de una década.
“Él marca diferencias, fue muy evidente hoy”, comentó el as de los Pirates y último ganador del Cy Young de la Liga Nacional, Paul Skenes, quien sabe una o dos cosas sobre entrar a las mayores con expectativas desmesuradas.
Solo 628 días después de que Pittsburgh lo reclutó con la novena elección en el draft amateur de 2024, el atlético y bigotudo Griffin de 1,90 metros encontró un jersey número seis colgado en su casillero en el PNC Park y su nombre escrito en el séptimo lugar de la alineación contra los Orioles.
Ello lo convirtió en el primer jugador adolescente de posición en llegar a las mayores desde que el dominicano Juan Soto lo hizo con los Nacionales de Washington en 2018.
A simple vista, parece muy pronto. No para Griffin, quien cumplió con todos los requisitos —y rápidamente— mientras avanzaba por el sistema de los Piratas.
Los pasos finales llegaron la última semana, cuando bateó .438 en un puñado de juegos para la sucursal de la Triple-A en Indianápolis.
Todo ello hizo que se completara una especie de ciclo cuando Griffin se convirtió en el Pirata más joven en conseguir un hit en su primer juego desde que el segunda base del Salón de la Fama Bill Mazeroski lo hizo el 7 de julio de 1956. El club honró a Mazeroski, quien falleció en febrero de 1989, pintando “Maz” en el césped del jardín detrás de la segunda base, no lejos de donde Griffin —evaluado y firmado por el hijo de Mazeroski, Darren— trabajó en una cálida tarde de primavera que tenía un ambiente decididamente de playoffs de principios de otoño.
“Darren es la razón por la que estoy aquí”, expresó Griffin. ”Él creyó en mí y se arriesgó conmigo. Eso es algo muy especial y lo voy a atesorar por mucho tiempo”.
La convocatoria de Griffin llegó menos de dos semanas después de que fue uno de los últimos excluidos durante el entrenamiento de pretemporada, donde conectó tres jonrones pero también bateó apenas para .171.
En lugar de desanimarse, se dirigió a Triple-A e hizo los ajustes necesarios —tratando de tomarse todo como si estuviera en casa en Mississippi— para recibir una llamada que durante mucho tiempo se sintió inevitable.
“Simplemente bajó y encontró su ritmo y pudo reiniciarse en un par de días”, comentó Kelly. “Lo cual, nuevamente, para cualquiera, es realmente impresionante, especialmente para un chico de 19 años cuyos sueños eran llegar a las Grandes Ligas”.
Esos sueños se hicieron realidad el jueves, cuando el manager de Indianapolis, Eric Patterson, llamó a Griffin a su habitación de hotel y le dijo que se dirigía a las mayores.
Las siguientes 24 horas fueron un torbellino. Desde el corto viaje de Columbus a Pittsburgh hasta la carrera para que al menos 40 amigos y familiares llegaran al estadio, que está ubicado junto al río Allegheny, a tiempo para el primer lanzamiento del viernes.
Griffin es el último en una serie de peloteros destacados que han aparecido en Pittsburgh, desde Skenes hasta el novato lanzador derecho Bubba Chandler y el receptor Henry Davis.
El futuro del que se ha hablado desde que el gerente general Ben Cherington fue contratado a finales de 2019 finalmente está llegando. Y tal vez sea indicativo de cuánto ha avanzado el club el hecho de que Griffin se una a una plantilla que ha experimentado una mejora significativa en los últimos meses con las adiciones del segunda base estelar Brandon Lowe, el primera base y jardinero Ryan O’Hearn y el experimentado bateador designado dominicano Marcell Ozuna.
Hace un año, los fanáticos coreaban para que el propietario Bob Nutting vendiera el club durante el encuentro inaugural en casa. Esas exigencias se han desvanecido, reemplazadas por algo aparentemente igual de raro: optimismo para un equipo que no ha ganado una serie de playoffs desde el Clásico de Otoño de 1979.
“Este equipo está cargado”, dijo Griffin. “Puedo entrar aquí y ser sólo una pieza de este rompecabezas”.
Quizás una pieza muy grande. Durante mucho tiempo. Los Piratas y Griffin han entablado conversaciones sobre una extensión de contrato que lo aseguraría durante la mayor parte de la próxima década.
Griffin se mostró evasivo cuando se le preguntó al respecto el viernes, aunque dejó muy claras sus intenciones.
“Todo lo que voy a decir es que quiero ser un Pirata por mucho tiempo”, afirmó. “Este es un lugar especial y estoy agradecido de estar aquí”.

