El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró este lunes, 30 de marzo, que «Venezuela necesita un gobierno democrático» y están «encaminados para lograrlo».
«Para que Venezuela pueda desarrollar todo su potencial económico, necesita un gobierno democrático estable. En el que la gente esté dispuesta a invertir porque sabe que estará protegida por las leyes y la legitimidad», así lo afirmó Rubio durante una entrevista concedida a Al Jazeera.
El secretario de Estado también aseguró que, tras los acontecimientos políticos recientes, el proceso venezolano avanza en la dirección que Washington considera necesaria para una transición ordenada.
«Estamos bien encaminados para lograrlo», afirmó. Esto en referencia a los objetivos planteados por la administración estadounidense.
Rubio defendió, que los primeros resultados de la estrategia aplicada hacia Venezuela, apuntan a una estabilización progresiva del escenario interno.
En ese sentido, destacó que la política de Estados Unidos ha buscado evitar escenarios de violencia o descomposición institucional.
«Venezuela está progresando muy bien. Nuestra esperanza era estabilizar el país», dijo.
«No queríamos ver una guerra civil. Tampoco ver un colapso sistémico. No queríamos ver una migración masiva. No han visto nada de eso», aseguró.
TRAS LA CAPTURA DE MADURO
Las afirmaciones de Rubio se producen en un contexto marcado por la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. También por el inicio de un proceso que Washington describe como una transición política.
De acuerdo con el funcionario, la estrategia estadounidense se estructura en varias fases que incluyen estabilización, recuperación económica y consolidación democrática, con el objetivo de sentar bases duraderas para un nuevo modelo institucional.
Rubio ha insistido en que uno de los ejes centrales es reactivar sectores estratégicos como el petrolero. Todo bajo un esquema que incentive la inversión extranjera y reduzca la dependencia de estructuras estatales cuestionadas.
Washington, por su parte, promueve medidas para facilitar el acceso de Venezuela a los mercados internacionales. En concreto, supervisando al mismo tiempo el uso de los recursos provenientes de la exportación de crudo. Todo con la finalidad de atender necesidades básicas de la población.
Con ello, la administración estadounidense busca acompañar un proceso que considera determinante para el futuro político y económico del país.
