En el marco del Día Mundial de Concientización sobre los Parásitos este viernes 20 de marzo, una encuesta internacional evidenció una brecha profunda en la prevención de infecciones parasitarias en animales de compañía. El 75% considera que necesita mejores consejos para poder evitar estos organismos en sus animales.
En un relevamiento realizado a 6.500 personas que convivían con animales de Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania, Turquía, China, Japón, México y Brasil, el 43% informó que sus perros o gatos experimentaron al menos un episodio de infección parasitaria, mientras que el 27% reconoció tener escaso o nulo conocimiento sobre los riesgos asociados.
Uno de cada cinco afirmó que el caso ocurrió en el último año, lo que pone en evidencia la urgencia sanitaria de aumentar la frecuencia del consejo veterinario y las campañas educativas. El veterinario se posicionó como la fuente más confiable de información para el 70% de los encuestados.

Las entrevistas fueron efectuadas en línea por Sapio Research en enero de 2026, a través de invitaciones por correo electrónico y encuestas digitales.
La prevención, una práctica ausente para millones de perros y gatos
En Argentina, se estima que hay más de 13 millones de perros, de los cuales solo el 27,8% asiste al consultorio veterinario al menos una vez al año. Para gatos, de una población cercana a 5 millones, la proporción es aún menor, 18%. Estos datos subrayan que la mayoría de los animales no recibe controles periódicos, aumentando el riesgo de infecciones y su potencial transmisión a personas.
A nivel global, la encuesta identifica no solo la experiencia concreta sino la falta de comprensión sobre las consecuencias de las parasitosis. Pablo Borrás, médico veterinario especialista en enfermedades infecciosas y parasitarias en pequeños animales, explicó: “Los parásitos son organismos que afectan la salud de otros organismos. Eso es un parásito, un organismo que vive a expensas de otro. En cuanto a parásitos de perros y gatos, tenemos a los parásitos internos. Algunos de estos son microscópicos y otros se pueden ver a simple vista, afectan al sistema digestivo, pero también a otros órganos y tejidos”.
“Algunos ejemplos son las giardias, los ‘gusanos chatos’ y el gusano del corazón (dirofilaria). Y existen los parásitos externos, que muchos de ellos conocemos. El mejor ejemplo son las pulgas y garrapatas que se van a encontrar en la superficie del perro o gato. Estos son importantes, porque también pueden transmitir enfermedades. Un ejemplo es que dos enfermedades, como son la ehrlichiosis y la hepatozoonosis de los perros, son transmitidas por garrapatas”, agregó.
Alexis Jaliquias, colega veterinario, remarcó: “La desparasitación debe entenderse siempre como una práctica médica y no como algo que se hace al pasar. Es el médico veterinario quien debe indicar el protocolo adecuado para cada animal, porque cada caso es diferente: por ejemplo, no es lo mismo un gato o un perro que vive 100% puertas adentro que uno que tiene acceso al exterior o contacto con animales de estatus sanitario desconocido”.
“Hoy existe una amplia variedad de productos y combinaciones de fármacos, además de distintas vías de administración, por lo que elegir únicamente por precio puede llevar a usar una opción que no es la más adecuada para ese animal en particular”, agregó.
Los riesgos de la parasitosis y el rol central del veterinario
Entre los agentes más frecuentes se encuentran las pulgas y las garrapatas, cuyo ciclo de vida transcurre en un 95% en el ambiente doméstico, agravando su peligrosa persistencia.
“En el mercado existen distintos productos antiparasitarios. Cada producto tiene características e indicaciones específicas, por lo que es importante consultar siempre con el médico veterinario de cabecera antes de utilizarlo. Debemos utilizar los productos para parásitos externos durante todo el año respetando la especie, la edad del animal, forma de aplicación y la frecuencia indicada por el fabricante. Nunca se deben utilizar productos para perros en gatos y viceversa”, advirtió Borrás.
Por otro lado, especificó: “En el caso de los ectoparásitos, también se deberá hacer un tratamiento del ambiente. Esto es importante ya que el 95% de la vida de las pulgas y garrapatas ocurre en la casa, en el patio o en el jardín. Para la desparasitación interna, se utilizan diferentes productos y, actualmente, existen formulaciones que sirven tanto para parásitos internos como externos, que se conocen como endectocidas”.

Las enfermedades transmitidas por parásitos, como la ehrlichiosis, la hepatozoonosis o la anaplasmosis, pueden presentarse con síntomas que van desde anemia, fiebre hasta sangrado y, en casos crónicos, afectar órganos vitales.
Borrás detalló que “la ehrlichiosis, en su fase crónica, es capaz de generar daños en la médula ósea, donde se producen las células sanguíneas, por lo que puede ser fatal”. Para los gatos, los micoplasmas hemotrópicos constituyen una preocupación frecuente al atacar los glóbulos rojos.
Jaliquias aclaró que muchas de estas enfermedades tienen capacidad zoonótica: “También es importante recordar que muchos parásitos pueden transmitirse a las personas, lo que se conoce como enfermedades zoonóticas. Por eso, prevenir y tratar las parasitosis no solo protege la salud del animal y, a la vez, sino también la de toda la familia. Además, cuando una parasitosis se vuelve clínica, es decir, cuando ya hay manifestaciones de enfermedad, no tratarla puede incluso poner en riesgo la vida de nuestro compañero”.
Estrategias eficaces de prevención y control
El control periódico y la consulta con un profesional veterinario resultan fundamentales. Las infecciones parasitarias afectan a un número considerable de perros y gatos en Argentina, favorecidas por la escasa frecuencia de visitas al veterinario y la falta de información sobre los riesgos, lo que incrementa su propagación.

Consultar periódicamente al veterinario, usar productos antiparasitarios adecuados y tratar los ambientes donde viven los animales constituyen las prácticas principales para reducir la incidencia y el riesgo de transmisión, tanto para los animales como para las personas.
“Cuando hablamos de parásitos tenemos que tener en cuenta dos cosas. Hay parásitos internos y dentro de los parásitos internos hay parásitos que no podemos ver, que se llaman protozoarios y hay parásitos que los podemos ver y se parecen a gusanos”, profundizó Borrás, en diálogo con Infobae anteriormente.
“Muchas veces los tutores vienen y dicen ‘el gato vomitó como fideos’ o vemos en la materia fecal como granitos de arroz y eso se llaman helmintos. Y después hay parásitos que los vemos más fácilmente y que están más en nuestra cultura popular, que son los ectoparásitos o los parásitos externos como los piojos, las pulgas, las garrapatas, los mosquitos, entre otros. Y estos también son importantes, porque no solamente afectan a los animales, sino que también pueden transmitir enfermedades”, añadió.
La prevención debe adaptarse a cada caso: los animales con mayor contacto ambiental requieren abordajes distintos a los domiciliarios y las combinaciones de métodos han demostrado ser eficaces. El especialista acentuó la importancia de no confundir productos destinados a perros con los de gatos y viceversa, advirtiendo sobre los peligros de su uso incorrecto.
por INFOBAE
