Un sacerdote vendió 12.000 pirañas disecadas en Europa y con ese dinero financió puentes, una pista de 800 metros y un museo en la Amazonía

Sacerdote vendió disecadas europa conFoto: Kaushik Mahadevan/Pexels

Un sacerdote jesuita italiano transformó la venta de pirañas disecadas en una fuente de ingresos que permitió construir infraestructura pública en plena Amazonía brasileña.

Giovanni Gallo nació en Turín en 1927 y se radicó en la región en 1970. En la isla de Marajó, en el estado de Pará, impulsó un taller artesanal que llegó a exportar 12 mil ejemplares embalsamados a Italia. Con esas ganancias, el religioso financió obras que cambiaron la vida cotidiana de la comunidad de Santa Cruz do Arari.

Las obras incluyeron 350 metros de puentes de madera. Un cementerio para las épocas de crecida del río, un trapiche comunitario de acceso fluvial y una pista de aterrizaje de 800 metros para vuelos regionales.

Un taller que enseñó un oficio nuevo

El proyecto nació como una iniciativa socioeconómica en la Vila de Jenipapo. Allí, Gallo estableció un laboratorio y capacitó a mujeres de la zona en la técnica de embalsamado de pirañas.

Según un relevamiento documental y una investigación etnográfica publicados en 2016 en la revista Pesquisa Brasileira em Ciência da Informação e Biblioteconomia. La red de contactos que Gallo mantenía en Europa fue clave para colocar las piezas en el mercado italiano.

El dinero recaudado no solo pagó el trabajo de las artesanas. La combinación de empleo local y obra pública convirtió al taller en el motor económico de una comunidad que hasta entonces carecía de infraestructura básica.

El origen del museo del Marajó

Con los fondos restantes, el sacerdote impulsó la creación de la asociación «O Nosso Museu de Santa Cruz do Arari», germen de lo que más tarde se consolidó como el Museo del Marajó Pe.

El Museo del Marajó Pe, e giovanni Gallo fue fundado en 1972 en Cachoeira do Arari. Allí reunió piezas arqueológicas y fragmentos de cerámica marajoara donados por los propios habitantes de la isla.

Ese acervo documentó el legado de los pueblos que habitaron Marajó en la era precolombina, en la desembocadura del río Amazonas. Gallo permaneció en la Amazonía brasileña hasta su muerte en Belém, en 2003, dedicado también a la fotografía y a la investigación arqueológica de la región.

El modelo, que combinó artesanía, empleo y memoria histórica, dejó una marca que todavía se nota en Santa Cruz do Arari: una pista aérea, puentes de madera y un museo que resguarda piezas de la cultura marajoara donadas por sus propios vecinos.

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