Un estudio atribuye una señal de radio a un mundo a 63 años luz y apunta a un campo magnético miles de veces más intenso

Estudio atribuye una radio mundoFoto: Arnie Chou/Pexels

Astrónomos confirmaron por primera vez una emisión de radio originada directamente en un exoplaneta, a 63 años luz de la Tierra, y no en su estrella anfitriona. 

El hallazgo, realizado en Beta Pictoris b, permite avanzar en la medición de los campos magnéticos de mundos fuera del Sistema Solar.

La emisión captada pertenece a un gigante gaseoso diez veces más masivo que Júpiter. Investigadores del Center for Astrophysics Harvard & Smithsonian y la Universidad del Oregón utilizaron el radiotelescopio MeerKAT en Sudáfrica para mapear el origen exacto de las señales, descartando definitivamente que provinieran de la estrella Beta Pictoris.

Cómo los científicos aislaron la señal planetaria

Durante años, los científicos detectaron emisiones de radio procedentes de sistemas con exoplanetas, pero siempre quedó una duda: ¿la emisión provenía del planeta o de su estrella? Para resolverla, los equipos necesitaban un método preciso.

Entre 2025 y 2026, el equipo empleó quasares — núcleos brillantes de galaxias distantes — como puntos fijos de referencia cósmica. Aplicó la triangulación en cuatro observaciones sucesivas y confirmó que las emisiones provenían específicamente de Beta Pictoris b. 

La astrónoma Yvette Cendes, autora del estudio en la Universidad de Oregón, resumió la conclusión: la estrella fue descartada definitivamente como fuente.

El mecanismo detrás de las ráfagas magnéticas

Las ondas captadas surgen de un proceso conocido como inestabilidad maser del ciclotrón de electrones. El mismo fenómeno que genera las auroras boreales y australes en la Tierra, así como las tormentas magnéticas en Júpiter. 

Cuando las partículas cargadas interactúan con el campo magnético y la atmósfera del planeta, liberan energía en forma de ondas de radio.

En la Tierra este proceso se manifiesta como cortinas de luz danzantes en los polos; en Beta Pictoris b produjo ráfagas rápidas, recurrentes y fuertemente polarizadas. Las emisiones se detectaron en frecuencias entre 0,85 y 3,5 gigahertz.

La intensidad y el patrón de polarización permitieron a los científicos no solo confirmar el origen planetario. Sino también calcular por primera vez, de forma directa, la potencia del campo magnético de un exoplaneta.

Foto: NASA

Un escudo magnético extraordinariamente potente

A partir de la radiación captada, el equipo determinó que el campo magnético de Beta Pictoris b alcanza al menos 1.250 gauss. Una cifra miles de veces superior a la del campo magnético terrestre, que ronda los 0,5 gauss.

Esta intensidad acerca al planeta a las enanas marrones, cuerpos celestes que ocupan la zona intermedia entre los gigantes gaseosos y las estrellas.

Hasta ahora, las mediciones directas de campos magnéticos planetarios solo existían para mundos del Sistema Solar. La próxima generación de radiotelescopios, con una sensibilidad de cinco a siete veces mayor que la actual. 

Permitirá aplicar el método a siete exoplanetas gigantes conocidos, distribuidos en cinco sistemas estelares cercanos e identificados como candidatos prometedores.

Los campos magnéticos fuertes desempeñan un papel fundamental en la evolución planetaria: influyen en la tasa de pérdida atmosférica y protegen las capas gaseosas contra la radiación estelar.

Qué revela el campo magnético de Beta Pictoris b

En planetas ubicados en zonas potencialmente habitables, un campo magnético fuerte funciona como escudo contra la radiación que, sin protección, podría arrancar capas de la atmósfera. La expansión de esta técnica puede transformar la búsqueda de exoplanetas habitables al permitir identificar qué mundos tienen protección magnética suficiente para retener atmósferas estables durante miles de millones de años.

La rápida rotación de Beta Pictoris b también explica la intensidad de su campo magnético. El planeta completa una vuelta sobre su eje aproximadamente cada ocho horas, lo que impulsa procesos internos que generan y sostienen campos magnéticos intensos, como ocurre con Júpiter.

La juventud del sistema también contribuye: descubierto en 2008, el planeta aún conserva parte del calor residual de su formación, que alimenta la dinámica magnética.

El estudio fue presentado en arXiv, una plataforma de prepublicaciones científicas, pero aún no ha pasado por una revisión por pares, la evaluación de otros expertos necesaria antes de su publicación oficial. 

El siguiente paso será verificar si la señal de radio varía al ritmo de la rotación del planeta. Lo que reforzaría la certeza de que las ondas provienen de auroras planetarias vinculadas al campo magnético.

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