Durante mucho tiempo, se creyó que los peces carecían de conciencia, memoria y capacidad para sentir dolor. Sin embargo, investigaciones realizadas desde comienzos del siglo 21 han cuestionado esta visión y revelado habilidades cognitivas y respuestas emocionales más complejas de lo que se pensaba.
El especialista en cognición animal Sébastien Moro sostiene que la vida mental de estos animales todavía es poco conocida y que muchos de los descubrimientos sobre sus capacidades son relativamente recientes.
Una diversidad extraordinaria
Los peces presentan una gran variedad de características físicas, ciclos de vida y estrategias de supervivencia. Algunos viven apenas unas semanas, mientras que otros pueden alcanzar varias décadas. También existen especies sin escamas, capaces de producir electricidad o adaptadas a condiciones particulares de respiración.
Sus estrategias reproductivas son igualmente diversas: hay especies que ponen huevos, otras que paren crías vivas y algunas que cambian de sexo a lo largo de su vida.
Memoria, aprendizaje y habilidades cognitivas
Distintos estudios han demostrado que algunas especies pueden aprender de sus experiencias, reconocer patrones, evaluar cantidades y modificar su comportamiento según las circunstancias. También se han documentado el uso de herramientas y la caza coordinada en determinadas especies.
Estas capacidades varían entre los peces y no deben generalizarse a todo el grupo. Sin embargo, los resultados muestran que algunas especies pueden resolver problemas y tomar decisiones flexibles, habilidades que tradicionalmente se asociaban sobre todo con aves y mamíferos.
¿Los peces sienten dolor?
Una cuestión central en la investigación consiste en distinguir entre una reacción automática ante un estímulo dañino y la experiencia subjetiva del dolor.
En 2003, un estudio de Lynne Sneddon, Victoria Braithwaite y Michael Gentle contribuyó a impulsar el debate sobre la capacidad de los peces para experimentar dolor. Desde entonces, distintas investigaciones han analizado sus respuestas nerviosas y conductuales ante estímulos potencialmente dañinos.
En experimentos con truchas arcoíris, los ejemplares heridos modificaron su comportamiento ante objetos nuevos. Tras recibir analgésicos, recuperaron parte de sus respuestas habituales de alerta, un resultado que respalda la participación del dolor en esos cambios de conducta.
Las emociones también influyen en sus decisiones
Los investigadores han utilizado pruebas de sesgo de juicio para estudiar cómo las experiencias positivas y negativas afectan el comportamiento de los peces.
En un estudio con cíclidos de la especie Amatitlania siquia, las hembras emparejadas con machos que no habían elegido mostraron comportamientos más pesimistas que aquellas con parejas preferidas.

Asimismo, investigaciones con doradas indicaron que la imprevisibilidad de una experiencia negativa puede intensificar las respuestas de estrés.
En conjunto, estos hallazgos sugieren que los peces no responden únicamente mediante reflejos: sus experiencias previas y las circunstancias del entorno también influyen en su conducta. Aunque todavía existen preguntas abiertas sobre su experiencia subjetiva, las evidencias han transformado el debate científico sobre su capacidad de sentir y aprender.
