Más de 4.400 cerebros humanos aparecieron preservados durante siglos y algunos llevan hasta 12.000 años sin descomponerse

Más cerebros humanos aparecieron preservadosFoto: Vitaly Gariev/Pexels

Hallazgos arqueológicos revelan que miles de cerebros humanos permanecen intactos bajo tierra durante milenios, desafiando lo que se conoce sobre la descomposición de los tejidos blandos. Investigadores de las universidades de Oxford y Bristol identificaron el mecanismo químico responsable de esta extraordinaria preservación.

Un tercio de los cerebros arqueológicos conocidos sobrevive en condiciones en las que prácticamente ningún otro órgano permanece intacto: los músculos, la piel y el tejido conectivo desaparecen, mientras que el cerebro se conserva. 

Este patrón se observa principalmente en ambientes inundados y con poco oxígeno, como lechos de ríos, márgenes de lagos, cuevas sumergidas y naufragios.

La reacción química que preserva el cerebro

La investigación, publicada en la revista Journal of Proteome Research, demuestra que la preservación cerebral no se debe al azar ni a anomalías aisladas.

Alexandra Seviour, investigadora en paleobiología de la Universidad de Oxford, explicó a Live Science que, bajo determinadas condiciones, la propia descomposición genera un mecanismo de conservación: las reacciones químicas que degradan el tejido también unen los productos resultantes en estructuras muy resistentes.

Para comprender el fenómeno, los científicos enterraron cadáveres de roedores en cuatro ambientes diferentes, con variaciones de humedad y disponibilidad de oxígeno. 

Durante seis meses, extrajeron y analizaron periódicamente los cerebros mediante espectrometría de masas de alta resolución. El objetivo era identificar qué proteínas sobrevivían, cuáles desaparecían y qué modificaciones químicas permanecían en los péptidos restantes.

Oxígeno: la línea divisoria entre descomposición y preservación

Durante los primeros días después de la muerte, todos los cerebros se degradaron de manera similar, independientemente de las condiciones ambientales. Sin embargo, después de algunas semanas, el nivel de oxígeno comenzó a determinar trayectorias muy diferentes. En los ambientes ricos en este elemento, las proteínas continuaron degradándose rápidamente, como cabría esperar.

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Foto: Robina Weermeijer/Unsplash

En cambio, en los espacios húmedos y con poco oxígeno, las proteínas comenzaron a formar estructuras moleculares extraordinariamente resistentes, capaces de conservarse durante miles de años. Los investigadores reconstruyeron más de 1,26 millones de trayectorias de degradación proteica para llegar a estas conclusiones, lo que indica que este proceso responde a una serie de reacciones químicas específicas.

Implicaciones para la medicina y la arqueología

Este descubrimiento amplía la comprensión sobre la preservación de los tejidos. Mientras que métodos tradicionales como la momificación, la congelación o la saponificación pueden conservar varios órganos simultáneamente, el mecanismo químico identificado actúa de manera selectiva y favorece la conservación del cerebro.

Richard Evershed, geoquímico orgánico involucrado en la investigación, destaca que comprender mejor estas reacciones químicas durante la descomposición puede abrir nuevas vías para estudiar la fosilización y la preservación de restos antiguos en determinadas condiciones ambientales.

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