Escalar el Pico da Neblina, que alcanza 2.995,3 metros de altura, representa una de las travesías más exigentes del continente sudamericano. Quienes emprenden esta expedición de aproximadamente diez días enfrentan selva cerrada, ríos sinuosos y condiciones climáticas extremas que convierten cada paso en una prueba de resistencia física.
El Parque Nacional del Pico da Neblina protege este territorio en Amazonas. Casi tres cuartas partes de sus 2,25 millones de hectáreas se superponen a tierras indígenas demarcadas legalmente. Esa convergencia territorial exige un modelo de gobernanza compartida, en el que el turismo y la conservación avancen junto con los pueblos originarios.
La montaña y el territorio que la rodea
El Pico da Neblina, conocido como Yaripo en lengua indígena, domina un ecosistema de importancia crítica. El Instituto Socioambiental y el ICMBio —organismo gestor del parque— trabajan para documentar la riqueza biológica de la región, desde ríos caudalosos hasta bosques tropicales frágiles que protegen especies únicas.
Aproximadamente el 71,6% de la superficie del parque coincide con las demarcaciones de los territorios Yanomami, Balaio, Médio Rio Negro II y Cué-Cué/Marabitanas. Esta superposición territorial no es un obstáculo, sino el fundamento de un modelo en el que la cooperación permanente entre el ICMBio y la Funai impide invasiones clandestinas y actividades extractivas ilegales que antes amenazaban el bosque.
El viaje de diez días desde São Gabriel da Cachoeira
La expedición comienza en el municipio de São Gabriel da Cachoeira, donde los guías indígenas conducen a los montañistas por una ruta que combina navegación fluvial y caminata en terreno selvático. Durante aproximadamente diez días, los participantes avanzan por cursos de agua sinuosos y senderos cerrados bajo un dosel denso.
Organizaciones como AYRCA y AMYK gestionan estos viajes, respetan los protocolos comunitarios y distribuyen los ingresos directamente entre las aldeas. Esta modalidad de ecoturismo fortalece la economía local, refuerza la fiscalización del territorio contra depredadores y establece una relación ética basada en el diálogo entre visitantes y anfitriones.
Desafíos físicos y ambientales del ascenso
Quienes escalan esta montaña atraviesan pantanos fangosos, laderas escarpadas y lluvias torrenciales diarias, propias del clima ecuatorial. En las cotas más elevadas, las temperaturas caen abruptamente y la densa neblina reduce la visibilidad sobre los precipicios que flanquean la ruta.
El aislamiento geográfico impone exigencias rigurosas. Los montañistas necesitan una preparación física excepcional para afrontar largas jornadas en terreno accidentado y un equipo impermeable capaz de resistir la humedad extrema. También deben seguir los protocolos sanitarios y culturales establecidos por los pueblos indígenas. La preparación mental es tan necesaria como la física ante una naturaleza que no tolera improvisaciones.
Evaluaciones recientes y mejoras en la infraestructura
El ICMBio ha realizado expediciones de evaluación del Pico da Neblina para identificar puntos débiles en la infraestructura de acceso y proponer mejoras en la seguridad de los montañistas.
Estos estudios técnicos recomendaron instalar 50 escalones y reforzar el sistema de apoyo con cuerdas y cadenas en el tramo final de la escalada. Las mejoras están previstas para agosto de 2026.
Paralelamente, el organismo evaluó el Pico 31 de Marzo, segunda montaña más alta del país, y concluyó que no debe abrirse al turismo debido a riesgos de seguridad y presiones sobre ecosistemas frágiles.
Con estas decisiones, la gestión del parque equilibra la apertura controlada del territorio con la protección de sus recursos naturales y la autonomía de decisión de sus habitantes originarios.
