Entre 10 y 15 robos se cometen diariamente en avenidas de La Urbina

Vecinos alertan sobre el incremento de la inseguridad en esta urbanización del este capitalino.

Los vecinos de La Urbina alertan sobre el elevado índice de robos que se cometen a diario en la avenida principal de esa urbanización, así como sobre el peligro de ser víctimas de atracos y secuestros cuando están llegando a sus residencias.

 

Los vecinos estiman que en las avenidas Principal de la Urbina y en la 1-3 se producen entre 10 y 15 atracos por día, pero esta cifra podría ser mucho mayor debido a que en muchos casos las víctimas no denuncian los robos.

 

«Uno desde la garita ve a los motorizados pasar cazando a sus víctimas, dan una y otra vuelta hasta que encuentran a quien robar y entonces sin el menor pudor sacan las pistolas y los atracan, sus víctimas favoritas son muchachas y señoras, por eso cuando los vemos advertimos a las autoridades y a los vecinos sobre el riesgo que podrían correr si salen en ese momento», dijo un vigilante privado.

 

La semana pasada a través de redes sociales se dio conocer que el fin se semana se registraron varios robos en los edificios Donatella, Pralú, Alba y Curimagua, todos ubicados en la calle 3. También se informó que habrían secuestrado, robado, golpeado a sus víctimas, además de haber sustraído baterías y cauchos de los carros estacionados en la zona.

 

Al ser consultado al respecto, el director de la Policía Municipal de Sucre, Manuel Furelos, señaló que la presencia policial en La Urbina es permanente al igual que en todo el municipio. «Actuamos organizando operativos en las comunidades, celebrando reuniones de seguridad y manteniendo activo el programa de padrinos que nos permite tener un contacto permanente con los vecinos, así como los canales de comunicación, bien sean los radios tradicionales y las redes de Whatsapp, que nos permiten garantizar la seguridad de nuestros vecinos».

 

Pero Furelos no deja de señalar que hay un problema que confronta «al igual que todos los organismos policiales del país, y es el déficit de funcionarios. Hubo un tiempo en que teníamos muchos policías, hoy tenemos 740 de los 2.000 que necesitamos para cubrir las necesidades del municipio».

 

Esta situación se repite en  la Policía del Estado Miranda, organismo que también hace vida en esa jurisdicción y que según su director, comisario Elisio Guzmán, «necesitaría 7.000 funcionarios para cubrir la entidad, pero en la actualidad apenas llega a los 1.500 efectivos».

 

Furelos agrega que el tema de la seguridad es complejo, porque en muchos de los robos cometidos en ese tipo de urbanizaciones «hay un componente importante de complicidad interna, vecinos con malas mañas, o trabajadores que datean y facilitan la entrada de los ladrones, porque nadie va a robar sin tener datos sobre dónde y qué robar».

 

Vecinos preocupados

 

Darío Jiménez, vecino con más de 30 años de residencia en el sector señala que la inseguridad se incrementó a raíz de la construcción de los edificios de la Misión Vivienda. «No es que rechacemos su presencia, pero creo que debieron hacerse estudios entre las personas a quienes les adjudicaron esos apartamentos, amén de instruirlos sobre la vida en comunidad. Muchos ladrones vienen de robar en sus antiguas comunidades y no saben hacer otra cosa, por lo que terminan robando a donde se muden».

 

Beatriz Hernández, también vecina, agrega que muchas veces los delincuentes «no vienen de afuera, son vecinos, hijos mala conducta, drogadictos que se dedican a azotar a sus propios vecinos, algo que ni en los barrios se ve».

Johana Martínez, acota que «hoy en día la cosa está peor, uno no puede salir, corre el riesgo de que lo roben, se cometen muchos robos en la avenida Principal, eso pasa todos los días, uno sale prácticamente a su suerte, es un riesgo».

 

Manos atadas

 

Por su parte representantes de empresas de seguridad que prestan servicios en la localidad al ser consultados sobre el tema destacan que ellos se encuentran de manos atadas ante la inseguridad, “cómo actuamos, si no tenemos  armas, cuando mucho lo que podemos hacer es llamar por teléfono a la policía, no nos podemos arriesgar, nuestra presencia es más decorativa que otra cosa, nos limitamos a llevar un control en el acceso a la urbanización y tratar de disuadir cuando hay alteraciones al orden público, pero de resto no podemos hacer mucho”.

 

Aseguran que la situación se complica mucho más «cuando sabemos quiénes son los delincuentes que azotan en la zona y resulta que son hijos de vecinos, si los denunciamos nos ponemos de enemigos a toda la familia del hampón, ellos no ven el mal que han hecho sus hijos, sino que nos ven a nosotros como unos enemigos, cuando nuestro deber es denunciar a esos delincuentes”.

EU