William Espinoza: Los niños de la vaguada hoy somos los adultos del terremoto

​Aquella agua que se lo llevó todo no solo arrastró casas; también nos arrancó la infancia de golpe entre el barro y la incertidumbre. En la vaguada éramos pequeños asustados, niños a quienes los adultos intentaban proteger. Hicieron con nosotros lo que pudieron; nos resguardaron, nos secaron las lágrimas, nos enseñaron a resistir y nos legaron la memoria viva del dolor, pero también la lección silenciosa de que la vida siempre continúa.
Crecimos cargando la cicatriz de la tragedia, sabiendo desde muy temprano lo frágil que es el suelo que pisamos. Por eso, cuando la tierra volvió a temblar años después, no dudamos. Hoy, convertidos en los adultos del terremoto, aquellos mismos niños no corrimos a escondernos; fuimos los primeros en tender la mano, en levantar escombros y en ofrecer el abrazo que una vez nos salvó.
Transformamos el miedo del ayer en la fuerza de hoy, devolviéndole al mundo la misma esperanza que un día sembraron en nosotros. Demostramos que el dolor del pasado no nos destruyó, sino que nos enseñó a ser el refugio que otros necesitaban. Somos la prueba viviente de que de las ruinas no solo sale barro, sino la valentía de toda una generación.

Contenido Patrocinado / Recomendado para ti