El gobierno encargado de Delcy Rodríguez llegó a los 100 días, lapso usado en política para evaluar un ejecutivo y cuál puede ser su futuro. De un gobierno percibido débil y que no sería reconocido en firme por los Estados Unidos, a un ejecutivo con el timón del poder y reconocido por la administración de Trump. Es el logro más relevante de los 100 días de Delcy: una excelente relación con el Norte. Una de tutelaje y supervisión, pero exitosa desde el punto de vista del poder: el chavismo lo conserva. Rodríguez Gómez ahora construye su sello, su distinción política y de gestión: más moderna y algo que busca ser un laborismo. De la paz autoritaria a la paz supervisada. Su debilidad es que es una transformación dentro del sistema como se notó cuando la presidenta hizo una mala e inapropiada comparación entre la amnistía venezolana y la de Suráfrica y la de España. La alternancia en el poder no está en los planes del chavismo. Lograrla corresponde a la sociedad. Aquí, el peso está en la oposición. La de María Corina se limita a esperar y a ver si la tesis de la ausencia absoluta prende en la población. La oposición no MCM también espera. No sé qué. Lo que sí siento es que la oposición no tiene la fuerza ni la emoción para hacer país -aunque quiera emular un 1936 o un 1958- y empujar una transición hacia la democracia
por Ricardo Sucre Heredia/El Cooperante
Delcy Rodríguez llegó a los famosos 100 días de su gobierno encargado. Los cien días es un lapso convencional, aceptado en todo el mundo, para evaluar a una administración que comienza y su posible futuro. Es el caso del ejecutivo de Rodríguez Gómez, el que arribó al poder de manera sobrevenida producto del ataque militar del 3 de enero, el cual terminó con la extracción del presidente (RP, del 28 de julio) Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores.
De la percepción inicial de un gobierno débil o que no sería reconocido en firme por los Estados Unidos, se pasó a un ejecutivo que está más sólido en el poder y ya reconocido por el gobierno de Donald Trump, lo que causó sorpresa en el mundo de la oposición que no esperaba el veloz reconocimiento norteamericano y todavía no lo asimila.
En una comparecencia a medios el 6-4-26, Trump reiteró la buena relación con el gobierno venezolano y aseguró que podría extenderse a un plazo mucho mayor, seguramente acicateado por la guerra en Irán, por lo que Venezuela se hace más indispensable para la geopolítica del Norte.
¿Cómo van los primeros 100 días del gobierno de Delcy Rodríguez y la transición venezolana?
Hay que partir del 3 de enero y su impacto en el mundo chavista. Para El Cooperante, lo he analizado en dos artículos, publicados el 9 de febrero y el 10 de marzo respectivamente. Este sería el tercero. No voy a agregar más a lo escrito en sendos artículos salvo que mi hipótesis de trabajo tiene respaldo en lo afirmado por Rodríguez Zapatero.
En una entrevista concedida a un medio de comunicación de España el 23 de marzo, el político del PSOE aseguró que Rodríguez Gómez no apoyaba políticas de Maduro, pero era leal al presidente secuestrado (RP, del 28 de julio). Creo que algo de eso había. El 3 de enero catalizó un cambio dentro del gobierno en la dirección contraria a políticas que Maduro desarrollaba, sea porque había desacuerdos, o porque la velocidad para instrumentarlas era lenta, muy al “estilo Maduro” (el tema de los presos políticos, por ejemplo).
Estas probables diferencias entre Maduro y Delcy -que no implicaron “quiebre” ni nada de los paradigmas “serios y creíbles” que encantan en la oposición- se notan en el perfil que Delcy construye de ella misma.
Notable en la actividad con los grupos religiosos realizada en Miraflores el 7 de abril, en la que hizo con las mujeres y en su “mensaje a la nación”, las dos el 8 de abril. Una Delcy con su propia historia de vida y sus preferencias, que comunican una Delcy dentro de los paradigmas centrales del chavismo -el tema de las mujeres, por ejemplo- pero menos burocrática y más moderna, cosa que sí y no era Maduro y le gustaba, de paso, ser así. Las elites venezolanas en general son felices como son y no tienen la menor intención de cambiar. Las transformaciones son para el pueblo, celebrado por su “resiliencia” que hoy es falsa conciencia.
Con Maduro, Venezuela iba hacia un momento de mayor autoritarismo -una “regresión autocrática”; rumbo a una “autocracia cerrada” en la definición de V-Dem- con el chavismo cohesionado, aunque seguramente había diferencias internas por esta regresión autoritaria. Entre quienes tenían diferencias, posiblemente estaba Delcy Rodríguez, pero leal a Maduro, del “chavismo que no salta talanqueras”.
Al chavismo no hay que verlo con las categorías de los estudios sobre transiciones vamos a llamarlos “convencionales”. Por ejemplo, los de O’Donnell y Schmitter o la famosa “tercera ola” de la democracia de Huntington. Más bien, el chavismo entró en la etapa del “fin del paradigma de la transición” (Carothers, 2002). Es decir, no hay que analizarlo con la idea que adentro hay “duros” y “blandos”, o que hay un De Klerk que falta por descubrir. Algo como el “eslabón perdido para la transición venezolana”.
Si hay un De Klerk o no, o “duros” y “blandos” serán producto de un acuerdo interno que no significa ruptura o “saltar la talanquera” que es lo central en las transiciones que se ponen como ejemplo para el caso venezolano. La famosa anécdota del plebiscito chileno de octubre de 1988 y el reconocimiento anticipado de la derrota que hizo el general Matthei, quien, tiempo después, aseguró que Pinochet preparaba un auto-golpe por el revés en la consulta en la que ganó el No. Matthei fue el “blando” y Pinochet el “duro” de la teoría de la transición de los 80. La noche de los resultados hubo un “quiebre elegante”.
Hasta ahora, esta dinámica no caracteriza al chavismo. Si sale un Matthei será por acuerdo dentro del chavismo, producto de una reunión de su “alto mando político militar de la revolución”, y aparecerá la dirección unida como se notó en el “mensaje a la nación” del 8 de abril: Delcy flanqueada por su hermano Jorge, presidente de la AN, y el famoso “Diosdado”, coco de la oposición, quien es ministro del interior. Las dos familias políticas en las que gravitan los demás “planetas del chavismo” como Maduro los llamaba.
La única fisura que noto dentro del chavismo no es en su dirección, sino en uno de sus medios: La Tabla, bastante crítico con Delcy Rodríguez y se sale del estilo de crítica disidente, por lo directo y constante. El chavismo, como todos los movimientos políticos venezolanos, “lava sus trapitos en casa”. Si hay tensiones, se expresan como epifenómenos, pero no como fenómenos directos. La Tabla sale de este patrón. Leo ese medio desde hace años y no deja de llamarme la atención su cambio, pero más, que sea tan evidente y lo haga público como lo hizo en una nota que subió el 7 de abril sobre la actividad de Rodríguez Gómez con los grupos religiosos que comenté arriba.
Ocurrió el ataque el 3 de enero, pero no hubo quiebre en el chavismo. Sea por miedo, amenazas, o su propio análisis, el chavismo optó por aceptar una relación de supervisión/tutelaje con los Estados Unidos (con lo que trae, la famosa cita de Kissinger sobre ser adversario y aliado de los EE.UU).
Esta decisión -las otras alternativas eran inmolarse o una “guerra de resistencia” prometida pero no realizada- detuvo el tránsito hacia una “autocracia cerrada” y comenzó una “liberalización autocrática” que define su rumbo, si hacia una democracia o hacia un autoritarismo menos cerrado.
El 3 de enero abrió la oportunidad para una transición “como el conjunto de dinámicas que ocurren en el intervalo entre el régimen precedente (autocracia) y el régimen subsecuente (democracia); proceso cuya característica fundamental residiría, como decían O’Donnell y Schmitter, en que las reglas del juego político no están definidas” (Guerra Sánchez, 2026). Justamente es lo que hoy se plantea en Venezuela. Lo que resulte será el sello de Rodríguez Gómez, y seguramente confirmará la diferencia con Maduro (quien estaba en rumbo a una “autocracia cerrada”). Pero el final de la transición no está asegurado. Al no ser una transición “convencional” la venezolana está abierta a cualquier derivación. Va a depender de nosotros, los venezolanos, cómo termine.
El primer resultado de los 100 días de Delcy Rodríguez es que su gobierno tiene una excelente relación con el gobierno de Donald Trump. Es lo que Francisco Ameliach llamó “el pragmatismo chavista”, o lo que el gobierno de los Estados Unidos denomina para su visión de seguridad nacional, “realismo flexible” y “prioridad en el Estado nación”.
El 3 de enero trajo una inesperada convergencia entre el “pragmatismo chavista” del gobierno y el “realismo flexible” de Trump. Un intercambio entre los dos países: energía por reconocimiento, y un punto en común para los dos: una Venezuela con estabilidad y paz (más adelante indico cuál tipo de paz). “The bedrock of stabilization is security”, se asegura desde el gobierno norteamericano, no “democracy nor elections” (esto lo agrego yo).
El “pragmatismo chavista” ha funcionado durante los 100 días de Delcy. Las relaciones con los EUA no pueden ser mejores. Tanto, que las sanciones se levantaron a la presidenta encargada.
Queda evaluar si la convergencia gobierno de Venezuela-gobierno de los EUA es una solución aceptable desde el punto de vista político y ético, si se compara con lo que ocurre en Irán, país que pelea ¿Quién del chavismo o de la oposición hará una resistencia o lucha armada por lo que dice creer? Ninguno.
¿Cómo estaría hoy Venezuela si nuestro país hubiese adoptado una respuesta parecida a la de la nación persa con drones, por ejemplo, o poner una fortaleza en el Castillo de San Carlos para bloquear la salida de los tanqueros al Golfo de Venezuela? No lo sé, pero de lo que tengo certeza es que no tenemos estómago para asumir un conflicto tipo Irán. Sí hablamos fuerte, pero hasta allí. No vamos a sacrificar el tranquilo lunes luego de Semana Santa, sabroso a full chola por esa Fajardo, por un principio que solo ocurre en el discurso o en un tuit. Ni el chavismo ni la oposición lo harán. La tranquilidad y la comodidad no son negociables. Son nuestro “bedrock” político.
Quizás lo que sucedió como respuesta al 3E junto al “pragmatismo chavista”, es lo que podía pasar, y lo mejor, quizás. Si era lo que debía, es otra discusión. Pero es lo que podía ocurrir dada la historia de Venezuela y su cultura, aunque en nuestro registro hay una lucha por la Independencia, pero que no es el caso hoy.
Vista la situación actual de Irán, tal vez el tiempo dará la razón a la estrategia chavista. Prefiere tragar, pero aprovecha el momento político para mantener su proyecto político en el poder y con perspectivas de poder si lo deja.
Es lo central de los 100 días de Delcy: una transición tranquila que se define si será transición o un cambio dentro del sistema; una “liberalización autocrática” y ya. De la paz autoritaria de Maduro a la paz supervisada de Delcy. Empero, su reto es el mismo que Maduro tuvo: innovar, salir de lo anticuado que es el chavismo, ser moderno; una “destrucción creativa” de una gestión gris, sello de los gobiernos chavistas desde 1999. La transición puede quedarse en una transformación dentro del chavismo. Para que sea la primera, la sociedad debe empujarla. No el o solo el ejecutivo.
Hasta el momento, la oposición no es capaz de empujar una transición hacia la democracia, principalmente porque no tiene estructura, organización, ni tampoco comunica poseer ganas. Curiosamente, la oposición de María Corina, tan crítica con lo electoral (de la chirigota con el “voto como sea”; para terminar en “elecciones como sea” aunque no estamos en una fecha electoral), se limita a esperar a unas elecciones para finales de 2026 -la expectativa de su público y la matriz que promueve su periodismo, como línea que baja- mientras neutraliza a los potenciales competidores dentro de la oposición. Pero ningún sector de las fuerzas que se oponen al ejecutivo chavista adelanta alguna iniciativa de manera disciplinada, con una organización política que no sea solo para algo importante, las elecciones. No hay constancia. Es como apostar a que el tiempo lo resolverá todo; a un “la historia me absolverá” ¿Absolvió a Fidel? No lo absolvió ni tampoco absolverá a la oposición si solo espera.
En sencillo, la oposición no es capaz de generar tracción en la sociedad con alguna iniciativa que sea sistemática, y su esperanza está en los números de las encuestas, que la favorecen, pero sin trabajo político. El mito de El Dorado, pero electoral.
No tiene nada como la emoción o la aventura de la política -en el buen sentido- sino la cómoda espera y la ira en tuiter. Jugar a placé. A que, en algún momento, Rubio dirá, “Delcy tiene que irse y María Corina tiene que ser la presidente”. Así las cosas, el gobierno está solo en el terreno político en un clima de cambios y de reto para innovar, que es la oposición que realmente tiene.
Por lo anterior, no todo es color de rosas o a favor del ejecutivo de Rodríguez Gómez. El gobierno encargado tiene sombras. Por ejemplo, sobre la famosa “app” para conocer el destino de los recursos petroleros, no se sabe nada. Solo está la página web Transparencia Soberana pero actualizada al 13 de marzo (revisada el 9-4-26 a las 3:30pm).
Igualmente se desconocen las gestiones o avances de los dos fondos anunciados por Delcy Rodríguez al comenzar su gobierno: el fondo social y el fondo para la inversión en infraestructura. Solo se sabe algo del primero al informarse que el bono de guerra pasó de $120 a $150, lo que está bien, una medida positiva del gobierno encargado, si se asume que la diferencia entre 120 y 150$ significa que hay 10 millones de personas que lo reciben (30$ x 10.000.000 = 300.000.000 del fondo social al 13 de marzo, si los 300 millones se destinaron exclusivamente al bono de guerra o la mitad, si parte se destinó al aumento del ingreso mensual). La presidenta encargada anunció que habrá un ajuste de sueldos y salarios e ingresos en general, para el 1 de mayo.
El clima de apertura política de la ley de amnistía pierde fuerza. Voces indican que la aplicación de la ley para los “casos sujetos a revisión” se ralentiza. Puede ser, porque la última actualización hecha por el presidente de la comisión especial de la ley de amnistía, diputado Jorge Arreaza, fue el 26 de marzo a las 3:24pm. con 11.559 solicitudes recibidas por esa comisión de la AN (revisado el 9-4-26 a las 3:35pm). Es decir, la actualización fue hace casi 3 semanas. El tema desapareció de la discusión en la opinión pública. Una que otra vez aparece, pero no con la fuerza que debería tener.
Quizás el punto acerca de la ley de amnistía sea más cualitativo que cuantitativo en el sentido de promover y vivir un clima de mayor aceptación y de menos represión política desde el Estado, para construir un espacio público pugnaz, pero con reglas o instituciones para darle curso a los agravios y a las diferencias que hay y se mantendrán, inevitables para Venezuela. De la paz autoritaria de Maduro a la paz supervisada de Delcy, para llegar a la necesaria paz pugnaz de la alternancia.
Punto cualitativo que se observó en el acto con las mujeres el 8 de abril. Ante un planteamiento de la presidenta del MAS, María Verdeal, me pareció que la reacción de Delcy fue defensiva y puso malos ejemplos al mencionar la ley de amnistía, porque comentó los procesos de Suráfrica y de España, nada que ver con el caso venezolano, cuya amnistía quedó para que la oposición solicite medidas, pero no se habla de la represión del Estado, más allá de perdones muy genéricos, que no fue el caso de Suráfrica o España, por eso la lentitud en ambos países, porque son sendos casos de la llamada justicia transicional.
En el caso venezolano parece que la oposición es la única responsable de la violencia política. Ciertamente adoptó una estrategia insurreccional, pero la principal responsabilidad es del Estado chavista. Esto no se tomó en cuenta para nuestra ley de anistía y menos se habla en los espacios institucionales. Por eso nuestra amnistía es más rápida. No tocó la agresión institucional desde el Estado.
Hoy todo lo político se ventila en tuiter. No obstante, se notan algunas incipientes señales de mayor discusión fuera de las redes sociales como las “mesas de convergencia” que organizó el Foro Cívico en marzo. Algún “atrevimiento periodístico” de Venevisión, aunque más en el tipo de periodismo que se hace en Venezuela, sin innovar. Igual noto con las noticias de Unión Radio. Mostrar los problemas de la gente y comunidades, sí, pero en el formato de siempre.
Se pueden comunicar así, por supuesto, pero luego de al menos 10 años de autoritarismo, se esperarían otras cosas. Nuevas secciones en los noticieros o novedosas maneras para comunicar un hecho noticioso. Pero todo es lo mismo, igual al antes del momento autoritario. Venezuela es una sociedad de elites antiquísimas. Lo peor, felices y les gusta ser así. Es un “punto de honor” de los “caballeros y doncellas” de Venezuela. Las transiciones mantuanas son su elección.
El autoritarismo entumeció la capacidad de creación, de retar, de innovar de la sociedad venezolana. Unas que otras protestas, pero tampoco son del otro mundo, y son tradicionales, como la marcha de los trabajadore el 9 de abril.
Una esfera pública habermasiana como tal, no hay. Ni no habermasiana, tampoco. Lo de siempre: buscar “pará peo” para ver qué sucede. La adoración de la calle por la calle. No hay un esfuerzo para construir un espacio de discusión, pugnaz como escribí, que canalice los agravios o sea el terreno para disputarle la primacía a la liberalización autoritaria que adelanta el ejecutivo de Delcy.
Es muy cómoda la paz supervisada como fue la paz autoritaria en su momento, por más indignación que causara y cause, pero se disfruta. Los servicios públicos tampoco mejoran. Los “bajones” de luz persisten, pero no hay mayor discusión o debate de la noticia. El Zulia estuvo sin luz hace tres semanas y posiblemente algunos ni se habrán enterado.
No tenemos más información acerca de los trabajos en la represa de Turimiquire, porque el oriente está sediento. Seguramente tampoco muchos lo sabrán. En Apure hay problemas importantes con el suministro de agua ¿Alguien lo supo? Ni hablar del suministro de agua para el sureste de Caracas, pero, principalmente, para El Hatillo. Todo se va en quejas en los chats de los vecinos. Hasta ahí. El gobierno hizo gala de estar fuera de tiempo, que le encanta. Volvió a la centralización con Hidroven, que era un ente para coordinar a las “hidros” descentralizadas. Volver a la época del INOS pero sin la calidad de ese organismo.
La única buena noticia en este campo de los servicios públicos, ni siquiera confirmada por el gobierno, es que Siemens y GE visitaron las instalaciones del Bajo Caroní para evaluar las turbinas de las represas, las que generan como 15.000 MW que representan el 45% de las necesidades eléctricas de Venezuela.
La velocidad de apertura del ejecutivo de Rodríguez Gómez disminuyó por el propio gobierno. Es como que, en un momento de emergencia, se lanzaron iniciativas y una vez estabilizado el poder político, éstas se olvidan, pierden relevancia, entran en lentitud o -la hipótesis optimista- el ejecutivo avanza en la transición, pero evalúa las correlaciones de poder dentro del chavismo para impedir una regresión autoritaria, que es lo que evitó el 3 de enero. Prevenir la presencia de “blandos” y “duros” para mantener una posición cohesionada que le permita mantenerse en el poder, con un gobierno menos autoritario.
Se une que los Estados Unidos están concentrados en Irán, guerra no declarada que se salió de lo esperado por los EE.UU, y se tuvo que llegar a un acuerdo de cese temporal del fuego el 8 de abril.
Trump fue inteligente con Venezuela en el sentido de prevenir una guerra civil o un conflicto social, pero no así con Irán. El “Venezuelan model” no se replicó en la nación persa. Rubio no ha vuelto a hablar acerca de las tres etapas de la transición venezolana que propuso (estabilización, rehabilitación, y transición). Solo señala que la situación hoy es mejor que en enero. Es cierto, pero ¿Estará mejor en los próximos 3 meses? AtlasIntel/Bloomberg de marzo revela que el empuje de enero a favor de cambios se ralentiza. Las expectativas disminuyen en la opinión pública y gana la percepción de “todo igual”. El statu quo de las transiciones mantuanas.
La inercia que siento y percibo puede explicarse por un motivo que ahora se vive en Venezuela, y por eso desespera: las transiciones no son en línea recta. Se construyen desde el gobierno y desde la sociedad. La transición venezolana no es ni será la excepción. Será una transición criolla o mantuana, pero será a la venezolana. No puede importarse o imponerse desde afuera, aunque sí comprender otros procesos de cambio político, pero el modelo deberá ser criollo, propio. No tipo “inventamos o erramos” sino “nos arriesgamos para inventar, innovar, y no errar”, pero la sociedad no se nota animada. Solo espera a que se dé una elección presidencial. A que Trump ponga su atención nuevamente en Venezuela y se olvide de Irán.
Mientras el país espera, Delcy Rodríguez cimenta poco a poco su correlación de poder y su visión de las cosas, como dejó ver en el “mensaje a la nación” el 8 de abril. Una Delcy más formal y moderna, que usa gráficos, cuadros; aparecen estadísticas del sector público; una Delcy digital con el tema de la administración pública, una Delcy policlasista como se notó en el acto con las mujeres; una Delcy que tuvo y tiene una vida; no es ya “la segundona” en las correlaciones de poder chavistas o vista así desde afuera. En definitiva, un sello entre laborista y socialdemócrata empacado en un discurso chavista con una simbología e imagen renovada y menos burocrática, más sencilla y limpia.
Lo anterior, no sabemos si para una transición o para quedarse en el poder, que así cerró mi artículo para El Cooperante del 9 de febrero. Hace dos meses escribí que “La orientación que parece tener el chavismo en la actualidad es un gobierno menos autoritario, con resultados de gestión, que no es antinorteamericano, pero sin alternancia en el poder. Que la alternancia se alcance va a depender de la oposición(…)”. Está vigente la cita. El chavismo no comunica que hace una transición para irse del poder sino para quedarse en -tal vez menos “con el”- el poder político.
Sea lo que sea, primero Rodríguez Gómez tiene que cambiar la correlación de poder dentro del chavismo, dado que el gobierno de Maduro era uno muy burocrático, con su inercia, y el “estilo Maduro”. Salvo que Rodríguez Gómez haga todo esto para un eventual regreso de Maduro, pensaría que lo hace porque quiere una gestión diferente -una mejor- para que el chavismo se mantenga en el poder o tenga fuerza social si lo deja, que es otra forma de poder. La alternancia en el gobierno depende más de la oposición que del ejecutivo de Delcy.
Un paso para tener una mejor gestión es mover la correlación de poder dentro del chavismo y es lo que Rodríguez Gómez hace. Hay cambios en poderes del Estado como el judicial y ciudadano, que requieren otro análisis. Los nuevos fiscal y defensor del pueblo designados por la AN el 9 de abril. El ajusté más rápido fue en lo militar. En dos días, cambió toda la estructura militar, desde el alto mando a las REDI. Renovó 19 empleos en el mundo de uniforme. Con el mundo partidista los cambios son más lentos porque allí están las familias políticas del chavismo. Hay que ir con cuidado.
A 100 días del 3 de enero, si el gabinete es la medida de la velocidad de la transición y de la fuerza política del gobierno encargado para adelantar una transición incierta, el ejecutivo de Delcy cambió al 45% del gabinete (18 puestos de 40) que fue juramentado por Maduro. El 55% de las personas nombradas por Maduro se mantienen (22 puestos de 40). Cambiarlos no es asunto de un día sino hay que ir pausadamente, evaluando correlaciones de poder dentro y fuera, y reacciones internas y externas, para lograr otro gabinete para otro momento político que es el que se define en la actualidad ¿Hacia dónde se dirige la transición venezolana?
Los cambios en el gabinete que Maduro dejó no significan alguna famosa “pelea” que encanta al público opositor en redes sociales. No. No es una “pelea de Delcy y Maduro”. Simplemente ella está a cargo y como toda persona en el poder, quiere darle su personalidad a la gestión y tener sus equipos con los que se sienta cómoda para desarrollar unas políticas.
No hay pelea dentro del chavismo o entre Maduro y Delcy, por los enroques que la segunda ha hecho, típico en las personas de poder en Venezuela, las que tienen que cargar con sus “patria o muerte” porque son quienes los defienden y defenderán. En un mundo sin o con pocas reglas la lealtad se recompensa ¿A quién va a designar Delcy, a técnicos que solo cuidan su reputación y varios también quieren ser presidentes o están en su propia carrera de poder cobijados con el manto de “serios y creíbles”? No. Nombrará algunos técnicos, pero tendrá que cargar con los leales así sean incompetentes. Deberá echarse sus “bacalaos” encima.
Lo importante serán las políticas que el ejecutivo encargado adelante. No se puede decir que la reforma a la ley de hidrocarburos sea una iniciativa que Machado tomaría de estar en el poder. Son de grado, ciertamente, las diferencias entre el gobierno y MCM en este tema. Machado privatizaría PDVSA, cosa que no sucede en la actualidad, donde las empresas petroleras tendrán más capacidades y maniobra -leverage- para invertir y operar que durante la era Chávez y Maduro (hasta 2020). Sin embargo, la comisión que Rodríguez Gómez anunció el 8 de abril deja abierta la puerta a una privatización, parcial o total de activos del Estado, petroleros o no.
La gran pregunta para este momento ¿El cambio en el poder interno del chavismo y con la sociedad que, de manera incremental, hace Rodríguez Gómez es para qué? Es para mejorar la gestión y quedarse en el poder, sea por una elección -la que vendrá en algún momento, mientras se acerque a 2030 mejor para el chavismo siempre y cuando la gestión mejore y la relación con los Estados Unidos sea buena- o para construir la alternancia, que es el escenario menos probable pero el necesario para Venezuela. Un cambio de gobierno.
Aunque todavía es temprano para afirmar qué será, un hecho es que el aventón inicial para una transición perdió fuerza y parece que será una transformación dentro del sistema político chavista, que tendrá como indicadores el reacomodo dentro de las familias políticas que conforman la dirección del chavismo.
Al final del día, si es transición o transformación dentro del sistema dependerá menos del gobierno y más de la sociedad, como escribí previamente. El reto para Delcy Rodríguez es un giro de 180° en los paradigmas chavistas de gestión y ser chavista al mismo tiempo. Un oxímoron, pero no imposible. El desafío de la sociedad es alcanzar el acuerdo con el chavismo para la alternancia en el poder. Una vez que se logre, proceden las elecciones si no están en el calendario electoral.
Los avances que tuvo el Programa de febrero de 1936 estaban insertos en una sociedad hambrienta de modernidad, que los empujó ¿Cuál es la modernidad hoy? Puntofijo y 1958 estaban dentro del “espíritu del 23 de enero” ¿Cuál es el “espíritu del 23 de enero” hoy? Ni siquiera hay un “espíritu del 3 de enero” que se afirme abiertamente, sin eufemismos, porque hubo bombas y cuesta asumirlo.
El punto no es si las elecciones son ya, en 2028 o en 2030, sino si la sociedad las demanda como un todo. Si es una meta de todos y no una demanda porque conviene a un sector -el de MCM- en la coyuntura. Salvo alguna condición especial para los EUA, este país no se inclina para un barajo de poder vía elecciones en este momento. Lo manifestó Trump el 6 de abril, “The relationship with Venezuela has been fantastic. It might be beyond long-term. You understand”. El “You understand” dice mucho sobre los plazos que el mandatario del Norte espera de su vínculo con Venezuela, que no serán cortos.
De una transición con impulso las primeras semanas luego del 3 de enero, hoy se mueve hacia una transformación dentro del sistema político chavista, más por ausencia de la sociedad que no sabe lo que quiere o si lo sabe, no sabe cómo adelantarlo, que por inclinación del chavismo que buscará quedarse en el poder, sea porque sobrevivió a Trump y éste ya no es presidente de los Estados Unidos, sea porque construyó una relación con los EE.UU tan buena, que este país considere que el chavismo es la opción de poder para Venezuela, y no la oposición. Hoy y más allá de 2030 con elecciones, “You understand”….
