Ricardo Sucre Heredia: La paradoja Trump, ¿ya puede atacar a Maduro?

Aunque Trump anunció el 14 de noviembre que tiene prefigurada una decisión sobre una acción en Venezuela y puede atacar cuando quiera, la justificación legal, si ocurre, no existe. Las que aparecen son jaladas por los cabellos. El fentanilo como “arma química” pero Venezuela ni produce ni transporta ese químico. En los dos escenarios, un “ataque a lo Soleimani” o un ataque convencional, no hay justificación legal. El gobierno de los EUA puede usar la AUMF -vigente desde 2001- pero tendrá que estirar un motivo para justificar un ataque a Venezuela con una norma surgida luego de los ataques terroristas de septiembre de 2001, pensada para Al Qaeda. La paradoja Trump es esa: cualquier motivo que construya, no será un motivo legal dentro de las normas vigentes de los EUA. Lo que justifique lo negará. Es su particular Catch-22. De aquí que el gobierno de Trump evite que el senado active el uso de la War Powers Resolution: implicaría un debate en donde el ejecutivo de Trump no tendría motivos para explicar un ataque a Venezuela y la “lanza del sur” se vendría al suelo

por Ricardo Sucre Heredia/ElCooperante

El tiempo pasa y los efectos prometidos de la “amenaza creíble” no se dan. Hasta ahora, no hay “quiebre”. Tampoco alguna indicación que sucederá. A la oposición que promueve esta política solo le queda contentarse con la foto de un B52 con costas falconianas al fondo o alguna noticia sobre un “inminente algo”, como la nota de CBS publicada el 13 de noviembre que informó sobre una reunión en la Casa Blanca entre Trump y “senior military officials” en la que evaluaron opciones militares para atacar dentro de Venezuela, que incluyen operaciones en tierra. La alegría de cierta oposición llegó al máximo cuando Hegseth anunció la “operación lanza del sur”, que tuiteros compararon con las lanzas de Páez y, los más atrevidos, con las de Boves. Algo patético pero que revela la desesperación, banalidad, y comodidad de cierta oposición.

En declaraciones ofrecidas el 14-11-25 Trump aseguró que “I sort of have made up my mind… I can’t tell you what it is, but we made a lot of progress with Venezuela in terms of stopping drugs from pouring in. But we have a Mexico problem. We have a Colombia problem”. El “sort of” les da a estas declaraciones el “estilo Trump” ¿Qué quiso decir? Mientras los “trumpólogos de tuiter” dan con la respuesta, interpreto sus declaraciones como que ya tiene prefigurada una decisión o se inclina hacia determinado curso de acción. En todo caso, como planteé en mi artículo para El Cooperante publicado el 18 de agosto, asumo que Trump se inclina hacia un ataque en suelo venezolano, aunque el presidente de los EE.UU agregó algo de lo que no se habla mucho de estas declaraciones: que hay progresos con Venezuela con el tema de las drogas y que están el “Mexico and Colombia problem” ¿Progresos con Venezuela y el problema está en México y Colombia o el ataque se extenderá a ambas naciones? “Sort of”…

Regresa la cuenta regresiva para un eventual ataque en suelo nacional. Sin embargo, como dijo un parlamentario norteamericano que asistió a la sesión informativa sobre los ataques a lanchas en el Caribe realizada en el congreso de los EUA, “la invasión es más en los medios que en la vida real” como se notó con las declaraciones de Trump del 14 de noviembre y la omisión en muchas notas del “sort of”.

Los tuiteros de la oposición Machado tratan de controlar la narrativa sobre Venezuela. Destrozan a quien estiman tenga alguna influencia o escriba en medios internacionales como pasó con un articulista llamado Quico Toro. Buscaron destrozarlo y le sacaron su contra artículo también en inglés, de un autor de apellido Gabaldón ¿El tema? El punto de honor de la oposición Machado: las sanciones no son la causa de la crisis venezolana. Son inocuas y ¡hasta beneficiosas! (coadyuvaron a quitar en los hechos el control de cambio).

Así va ese sector: en “operaciones quirúrgicas digitales”, pero sin suerte porque ya es cuestionada (como se notó con la foto de los “alegres berlineses”). Su promesa básica no se ha dado: no hay barcos a la vista -el discurso de agosto con el Iwo Jima- y la esperanza se traslada al portaviones Ford y a la “lanza del sur”.

Mientras el tiempo pasa y la oposición Machado está de infarto en tuiter a la espera de los bombazos, medios publican informaciones acerca que Trump sopesa los pros y contras de un ataque a Venezuela, pondera los riesgos de ir contra el gobierno de Maduro, o la justificación legal de un eventual ataque. Estas informaciones me parecen más lógicas y ajustadas a la realidad. El “sort of” es eso: se inclina hacia una decisión o tiene prefigurada una, pero hay cosas que evaluar y ponderar.

No es para menos. Trump está en lo que llamo “la paradoja Trump”. Decidir atacar o no se convirtió en un Catch-22 porque construir la justificación para un ataque hoy es una situación “no win”. Algo como, “Trump puede atacar, pero no tiene justificación sólida; pero puede construirla, pero va en contra de toda la legislación. Si la construye, el ataque no se justifica, pero puede atacar”. Es su Catch-22.

Lo anterior sin agregar que la opinión pública de los EUA no favorece que el Norte entre en una guerra con Venezuela como reveló una reciente encuesta comentada por Reuters (solo 1 de cada 5 norteamericano lo apoya, mientras 5 de cada 10 rechazan las ejecuciones en el mar). En mi artículo para El Cooperante publicado el 15 de septiembre, comenté estudios de YouGov que revelaron un rechazo a una guerra. Por la nota de Reuters, esa opinión se mantiene en noviembre. Seguramente Trump evaluará esto y las tensiones dentro del partido republicano si decide atacar a Maduro. No es lo mismo Alex Jones que Marjorie Taylor Greene (MTG). A lo mejor la base apoya el ataque porque asume que “Venezuela es una papita pelada” -no será Iraq o Afganistán- pero políticos como MTG desde ya expresan su rechazo al escenario bélico.

Sea una “solución Soleimani” o un ataque convencional, la justificación no está presente. Es tan débil, que una reciente nota del WSJ informó que la justificación que se construye para dar cuenta de los ataques en el mar es que el fentanilo es algo como un “arma química” (seguramente como las de Iraq). Venezuela no produce ni transporta fentanilo.

Parece que los EUA no aprendieron nada luego de Iraq y Afganistán y construyen los motivos más bizarros para justificar lo que ya es una metida de pata. Pero como dice Clinton, “cuando se mete la pata, la tendencia es a meterla más”, así que el gobierno de Trump ofrecerá los motivos más extraños, si ofrece alguno, y hundirá más la pata. Tal vez apele al “indictment” contra Maduro de 2020, en la que dejó ver que la cocaína es algo como un “arma química” (dice el “indictment”, (…) the Cartel de Los Soles, under the leadership of MADURO MOROS and others, prioritized using cocaine as a weapon against America” (resaltados míos). Por supuesto, construir un falso positivo para justificar un eventual ataque. Tal vez por esa ausencia legal, Francia cuestionó los ataques a lanchas y UK suspendió compartir informaciones de inteligencia por dudas sobre la legalidad de volar botes en el mar.

Aclaro mi posición, nuevamente: en contra de las acciones de los EUA. Maduro, en todo caso, es nuestro problema, y somos los venezolanos los que tenemos que lidiar con él y su gobierno. Es desde adentro, que parece ser también una condición de los EUA. El “rise up” del que habló Landau, aunque el que apoyo es distinto: político, no subversivo o buscar el elusivo “quiebre militar” que es una obsesión de la oposición, toda posiblemente.

En caso de un ataque de los EUA contra Venezuela o contra el gobierno, seré un crítico de ese ataque y evaluaré mis opciones para no solo criticar sino actuar. Quiero un cambio de gobierno, pero logrado por la sociedad venezolana. No impuesto.

Trump puede atacar al gobierno de Maduro cuando lo desee. No necesita alguna autorización especial ni tiene por qué anunciarlo. Si no lo hace, es por una reserva del propio Trump. Que no haya dado la orden de ataque puede ser un indicador de su Catch-22.

Trump puede hacer uso de la AUMF (autorización para el uso de la fuerza militar, la que también tiene unos procedimientos para definir un blanco y atacarlo) aprobada al calor de septiembre 2001 y que los presidentes norteamericanos desde ese año han usado, incluso Trump durante su primera presidencia (para justificar el asesinato de Soleimani). La AUMF se ha empleado para justificar ataques de los EE.UU en 22 países. Venezuela puede ser el país número 23.

Si bien la AUMF es criticada y en 2023 se pasó una propuesta de ley -la S.316- para derogarla que fue aprobada en el senado (con 66 votos a favor y 30 en contra), la propuesta se quedó en la cámara de representantes hasta el día de hoy. Es decir, la AUMF sigue vigente. Trump puede usarla contra Maduro como hizo contra Soleimani en 2020. Si se aprueba derogar la AUMF, es probable que Trump la vete.

En 2020, el departamento de justicia de los EUA hizo su expediente para justificar el ataque a Soleimani, pero lo ató a la AUMF de 2001 porque la norma abrió una puerta: se planteó para atacar a Al Qaeda luego del 9/11. De allí, el DOJ construyó el caso para Soleimani. Si tiene méritos o no ese expediente, escapa a este artículo. Solo destaco que Trump tomó una decisión en 2020 con una norma de 2001 pero que tenía una continuidad para aplicarla en el caso de Soleimani, que no es para nada el caso de Maduro.

Por aquí Trump no pudiera hallar una justificación para un ataque al presidente Maduro (RP, del 28 de julio) y posiblemente por esto su no decisión en el caso Venezuela.

Por supuesto, el poder político se hace ley si así lo desea, más cuando no hay contrapesos. Puede explicar los intentos desde tuiter de vincular a Maduro con el terrorismo Hamás o Al Qaeda, seguramente para construir una relación que permita aplicar la AUMF de 2001, si es el caso. Puede pasar, pero creo no sería creíble para la opinión pública. Estirar un caso de 2020 para justificar un ataque en 2025 con una norma de 2021 que el congreso de los EUA quiere derogar desde 2023, no me parece sea una buena estrategia o curso de acción para Trump en este momento.

¿Un ataque convencional? Aquí también hay problemas. Una guerra es “la aplicación de la fuerza violenta entre dos voluntades políticas para alcanzar objetivos políticos o resolver problemas sociales” (definición de Gaspard y Smith, 2025; adaptada por mi).

Se requieren dos voluntades políticas para una guerra ¿Cuáles aquí? Escapa a este artículo que no es para un estudio de la guerra. Solo he de afirmar que la guerra es una representación de la sociedad en un momento determinado. Así como la “guerra de caballeros” fue la representación de la sociedad feudal con sus estamentos; y las dos guerras mundiales la representación de una sociedad capitalista con la industrialización y la manufactura ¿Cuál en el caso de los EUA contra Venezuela? ¿La guerra del reacomodo de potencias mundiales?

Aquí entra el tema de la “War Powers Resolution” de 1973 (WPR) y sendas votaciones en el senado de los EUA para el caso venezolano y el uso de esta norma. La primera, el 8 de octubre y la segunda el 6 de noviembre de 2025. En ambos momentos, el no se impuso al sí. Es decir, “no” aplicar la WPR ¿Por qué es tan importante esta norma para el caso de Venezuela?

Porque supondría la intervención del congreso de los EUA si hay una guerra convencional (y no convencional igualmente). La constitución norteamericana es clara: el poder de declarar la guerra lo tiene el legislativo. La conducción de las fuerzas, la tiene el ejecutivo. Sin embargo, esto no se ha cumplido. Hay una “delgada línea roja” que el ejecutivo atraviesa y solapa funciones del legislativo, el que tampoco quiere enfrentar al ejecutivo en su prerrogativa constitucional para hacer la guerra. Esto tiene sus pros y sus contras.

A favor, el presidente puede desplegar tropas de manera rápida ante una situación que considere una amenaza para los Estados Unidos. En contra, no solo el debate si es constitucional o no que el presidente solape al legislativo, sino que una guerra puede ser ilegítima a los ojos de la opinión pública norteamericana. En su clásico estudio que fue texto en las academias militares de los EUA durante los 80, el coronel Harry Summers argumentó que, para Vietnam, no hubo una declaración formal de guerra desde el congreso, solo una resolución que se extendió en el tiempo. Por esto, entre otros motivos, la guerra no fue popular y se perdió en la opinión pública. No fue una guerra con legitimidad (“On Strategy: A Critical Analysis of the Vietnam War”).

Hoy se mantiene la tensión entre el ejecutivo y el legislativo por el tema de los poderes para declarar y hacer una guerra. El congreso lo que permite son las AUMF, que también tienen críticas. Lo que noto en el tiempo, es que el legislativo quiere ganar su puesto constitucional en el tema de la guerra, que el ejecutivo le ha quitado por situaciones sobrevenidas y por debilidad del congreso que no quiere ejercer su función de control sobre el ejecutivo para el empleo de los militares norteamericanos.

El motivo para que el legislativo retome su papel son las “guerras eternas” que no han sido victorias para los EUA. La última, la de Afganistán. Se recuerda la desastrosa salida de los EUA de ese país en 2021 y la explosión en Abbey Gate que mató a 13 soldados norteamericanos. Uno de ellos, le reclamó a Biden en pleno SOTU de 2024. Abbey Gate está en la conciencia de los estadounidenses que no quieren repetir una experiencia similar que se lleva la vida de sus jóvenes en guerras que terminan sin un para qué o un “valió la pena” ¿Valió la pena Afganistán para los norteamericanos? Me atrevo a especular que no ¿Valdrá la pena Venezuela, en el escenario de una “forever war”? Tampoco.

De aquí que la noticias que señalan que Trump evalúa atacar, igualmente indican que el presidente norteamericano pregunta “¿Qué podemos obtener como premio de un ataque a Venezuela?”: el petróleo es el primer “premio” que salta a la vista. Es decir, si los EUA tientan nuevamente con una “forever war” tiene que ser a cambio de algo. No irse con las manos vacías como Trump reclamó con Iraq.

En 2016 el entonces candidato presidencial señaló que “We go in, we spent $3 trillion. We lose thousands and thousands of lives, and then look, what happens is we get nothing. You know, it used to be the victor belong the spoils(…)Now, there was no victor there, believe me. There was no victory. But I always said, take the oil”. Esta cita bien pudiera ser para Venezuela con su colofón, “take the Venezuelan oil”. Nuestro país como un “spoil” para el “victor” con su “lanza del sur” que patéticos de cierta oposición en tuiter, aplauden. Una cita de un artículo publicado por Político el 15 de noviembre, deja ver este “spoil vision about Venezuela”, al decir, “How to tap Venezuela’s oil wealth would obviously play a part, too”….Agrego: Of course…No way!

De nuevo, por eso el tema de la votación acerca de la WPR, porque si el sí gana en la votación, abre la puerta a que el congreso tenga qué decir en caso de una acción militar de Trump contra Maduro o contra el gobierno de otro país (¿México y Colombia? que son un “problem” para Trump).

Imaginemos que la WPR se somete a votación una tercera vez y gana que se aplique. Trump puede iniciar un ataque, pero dentro de 48 horas a partir de la fecha del ataque, debe informar al congreso. El ejecutivo tiene 60 días para emplear a las FF.AA de los EUA salvo que el congreso lo autorice no más de 30 días adicionales o declare una guerra formal, que no sucedió durante Vietnam sino la “Tonkin Gulf Resolution” de 1964 (que fue derogada en 1971), por ejemplo.

Lo más interesante de la WPR es que si el legislativo no autoriza el uso de fuerzas militares, puede ordenar al presidente, si las usa, que las retire del teatro de operaciones mediante una resolución conjunta de las dos cámaras (senado y representantes).

Por eso la negativa del gobierno de Trump a validar en el senado la WPR y la campaña para que no suceda por parte de los tuiteros de la oposición Machado. Si la WPR se valida, vendrá un debate sobre si es necesaria una guerra con Venezuela, discusión que cargará con el pasado desde Vietnam a Afganistán, dado que Venezuela no será un conflicto fácil. Puede ser un Panamá -que igualmente costó vidas de soldados de los EUA, cerca de 30- o puede ser un caso de una “guerra eterna”. Sobre esto será mi artículo de la semana que viene para El Cooperante.

Para Trump no debe ser un buen escenario abrir un debate acerca de una guerra con Venezuela en este momento político. En los EUA el sentimiento anti-guerra está presente. Por eso, también, Trump y Hegseth plantean unas FF.AA capaces de ejercer una inmensa violencia de manera rápida para evitar guerras de meses o años con bajas norteamericanas que no deseo, pero sucederán en el caso de Venezuela. De aquí la disuasión que ambos comunican al decir que cualquiera que se atreva a atacar a los EUA será aplastado sin piedad y sin consideraciones a reglas o normas. Es lo que Trump llama “no ser políticamente correcto en una guerra”. El objetivo es que potenciales adversarios se asusten al asumir una feroz retaliación por parte de los Estados Unidos en caso de un ataque.

Llama la atención que la oposición Machado, promotora de la guerra así la escude en el lugar común de la “amenaza creíble”, no quiera ese debate. En su desesperación por el ataque -si no se da, pierde todo como oposición, por eso la ferocidad de sus tuiteros, ya irritados- desea privar a la sociedad norteamericana para conocer los motivos por los cuáles soldados norteamericanos morirán en la eventualidad de una guerra contra Venezuela -ojalá no suceda; pondré mi grano de arena para evitarla así me digan lo que me digan- cuando ninguno de ese sector pondrá “botas en el terreno” que no sea algún tuit emocionado por el vuelo de algún avión o la venida de un barco de guerra. Ninguno va a arriesgar el pellejo para luchar con las armas. Todos luchan desde tuiter pero que sean los jóvenes norteamericanos los que hagan el trabajo porque “Venezuela es un problema de seguridad hemisférica”, tuiteado cómodamente desde Bogotá, Madrid, Buenos Aires, Berlín, Miami, o Santiago. Al menos, permitan el debate para que la sociedad de los EUA sepa sus motivos para enviar a sus jóvenes a “Harm’s way” mientras la oposición Machado cómoda y segura en tuiter. La oposición Machado que asuma la responsabilidad de algo alguna vez en su vida, aunque los que van a morir serán otros, en el caso de una guerra.

Trump puede atacar al gobierno de Maduro ya. No necesita de la WPR. Tampoco de la AUMF. Ya lo hizo en Irán, aunque con objetivos militares, no políticos (“no regime change”). El problema es que, a diferencia de Irán, no veo justificación o motivos para el caso venezolano a pesar del inmenso cabildeo en redes y en medios para construir un “casus belli” que no se ajusta a los hechos -el “cartel de los soles”, por ejemplo- pero que justifique un ataque. Posiblemente por esto, medios de comunicación señalan que Trump pondera y evalúa un ataque y su “sort of”. No hay justificación legal desde mi punto de vista y forzar una -que es lo que se hace ahora- puede abrir una caja de Pandora que lo arrastre a lo que más teme: el fracaso. Ser un “loser” en una “forever war”, mientras los promotores venezolanos, como siempre, se lavarán las manos y lo dejarán solo como pasó durante su primera presidencia al fracasar la estrategia del interinato.