Omar Ávila: El PIB que no se come

El Banco Central de Venezuela (BCV) reportó en marzo de 2026 un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 8,66% para el año 2025, con 19 trimestres consecutivos de expansión. Son cifras que, en cualquier economía convencional, deberían traducirse en mejoras salariales y reducción de la pobreza, pero en Venezuela no lo hacen; muy por el contrario, las cifras oficiales plantean una brecha que este corto análisis intenta mostrar.

El PIB mide producción, pero no distribución, Venezuela produce más, pero ese incremento no llega al trabajador por una razón estructural: el salario mínimo oficial ronda los $3-5 mensuales (según el tipo de cambio BCV vigente), una cifra que ningún informe de crecimiento puede justificar. El grueso del ingreso laboral se canaliza mediante bonos que no computan en prestaciones sociales ni vacaciones, blindando al empleador de obligaciones y dejando al trabajador sin seguridad social acumulable.

El sector Construcción creció 19,27% y Manufactura 6,05% según el BCV, pero la pregunta relevante es: ¿a qué salario real contratan esas industrias, si las últimas estadísticas publicadas datan del año 2013? Sin datos de remuneración media por sector -que el Banco Central de Venezuela (BCV) no publica- el dato de producción es incompleto.

La Canasta Alimentaria, calculada mensualmente por el Centro de Documentación y Análisis Social (CENDAS), supera consistentemente los $400 mensuales para una familia de cinco personas. Con esta referencia, el rango salarial del sector privado formal ($150-$300 para niveles operativos) ya implica déficit; entonces, el del sector público, puede considerarse de déficit absoluto.

El resultado es predecible, porque el pluriempleo generalizado y la informalidad persisten como estructura, no como excepción. Encuestas de firmas como Anova o Datanálisis han documentado que más del 50% de la población activa combina dos o más fuentes de ingreso, la mayoría sin contrato formal.

Diecinueve trimestres de crecimiento no han revertido la migración: La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que más de 7,7 millones de venezolanos residen fuera del país, muchos de ellos profesionales de mando medio. Las empresas que hoy compiten por ese talento lo hacen en dólares y con beneficios no monetarios (seguro médico privado, bono de alimentación), configurando una élite laboral reducida mientras el resto de la fuerza de trabajo sostiene el crecimiento del PIB desde la informalidad, si se consideran las cifras que el mismo BCV menciona.

Un PIB en alza con salarios reales estancados no es recuperación; es crecimiento sin desarrollo. Para que las cifras del BCV sean socialmente relevantes, deben ir acompañadas de indicadores de distribución: salario medio real por sector, tasa de cobertura de seguridad social y evolución del poder adquisitivo frente a la Canasta Alimentaria. Mientras esos datos no sean públicos y auditables, el crecimiento del 8,66% seguirá siendo, para la mayoría de los venezolanos, un número que no se come.

 

 

Omar A. Ávila H.
Diputado a la Asamblea Nacional

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