A los sectores que despotricaban de cualquier asomo de llamado a diálogo les resultaba conveniente mantener su aparataje foráneo, renovando, cuales lores ingleses, su estatus de “diputados” vitalicios y organizando encuentros en los que alcaldes cuyos mandatos culminaron hace años, personajes llamados “embajadores de la Asamblea Nacional” y actores que administraban con opacidad recursos congelados o confiscados por otros países, daban ruedas de prensa y vaticinaban que el final del gobierno estaba cerca
por Luis Daniel Álvarez/El Cooperante
Alfredo Maneiro siempre defendió la tesis de que la historia tenía que ser analizada por los hechos acaecidos y no por lo que pudo haber ocurrido, de allí que jugar con potencialidades no concretadas o con episodios que no se presentaron, no tendría mayor sentido. Sin embargo, en el campo del análisis político e internacional pudiese haber una excepción, no a efectos de remediar lo que acontece, pero sí para buscar alternativas, aprender de los errores y edificar nuevas vías de avance.
Hace algunos meses dedicamos nuestro artículo de El Cooperante a conversar sobre el panorama interno de Venezuela, indicando que a partir del 25 de mayo de 2025 podía nacer una nueva oposición, siempre y cuando se cumplieran ciertas condiciones en torno a figurar en el escenario legislativo y nacional; construir alianzas internacionales; diferenciarse del gobierno de manera proactiva; y de una forma propositiva formular líneas para impulsar una amnistía general, la reinstitucionalización de los poderes y dar pasos hacia una negociación fidedigna y concreta.
Dijimos en aquel momento, y de allí que empezáramos nuestro escrito citando a Alfredo Maneiro, que lamentablemente ciertos grupos llamaron a no participar, sembrando la desmovilización y entregando espacios de poder por una supuesta salvación externa que los pondría a ellos en el mando. Las mezquindades de los sectores con visiones limitadas y cortas en el ámbito político, aunadas a las prácticas entreguistas de políticos y actores que se ufanan de tener trayectoria y conocer de política, entregaron al gobierno una holgada mayoría de diputados, dejando a las fuerzas que adversan con apenas 29 escaños.
A los meses la realidad nacional ha cambiado, obligando al oficialismo a abrir espacios y dando a la fracción opositora protagonismo y capacidad de articular. ¡Cuánta diferencia habría si en cambio de 29 legisladores se contase con más de cien! Sin embargo, era más cómodo desde las poltronas en Miami, Madrid, y luego Oslo, descalificar a aquellos que pedíamos un entendimiento y señalábamos la necesidad de participar.
A los sectores que despotricaban de cualquier asomo de llamado a diálogo les resultaba conveniente mantener su aparataje foráneo, renovando, cuales lores ingleses, su estatus de “diputados” vitalicios y organizando encuentros en los que alcaldes cuyos mandatos culminaron hace años, personajes llamados “embajadores de la Asamblea Nacional” y actores que administraban con opacidad recursos congelados o confiscados por otros países, daban ruedas de prensa y vaticinaban que el final del gobierno estaba cerca.
Pero los acontecimientos tienen a los opositores alzando la voz en los espacios del legislativo para que se remedie la situación. Lo cruel es que desde las redes sociales y desde los cafetines del exterior algunos bombardean cualquier iniciativa de entendimiento, pues un país estabilizado, en el que pueda hacerse política y vivir, es la peor amenaza para quienes sustentan sus procederes en la violencia, en el lenguaje de aplastar al otro y en la descalificación del adversario. De allí que el entendimiento que se está construyendo terminará excluyendo a los extremistas, independientemente del verbo o del nombre que empleen.
La oposición que está representada en la Asamblea Nacional ganó la pelea interna de los que adversan a los factores de poder. Alguno pudiese esgrimir los resultados de las primarias, pero eso ya es pasado. La realidad exige interlocutores precisos y los que se sientan en el legislativo son los que encabezarán la discusión y representarán a los que discrepan del gobierno.
La oposición actual logró erigirse como la alternativa, aunque ello cause escozor en ciertas redes y círculos de “debate” o de reunión. El reto no es quedarse en la foto o el discurso, sino aprovechar de dar la pauta para que se avance en una revisión de los poderes, incorporando a personas con idoneidad y principios. De la misma manera la oposición debe incidir en los debates legislativos y en la construcción de normas acordes a la realidad.
Probablemente muchos de los que no quisieron participar en las contiendas electorales se sientan frustrados y perciban que se “autoexcluyeron” del escanario político. Incluso, los que están sentados en el hemiciclo pueden argumentar que el tiempo les dio la razón y que la inmunidad a las redes y al ataque de algunos periodistas transformados en filibusteros terminó dándoles una oportunidad clave. Hoy las familias de los presos políticos, los académicos, las organizaciones no gubernamentales e incluso sectores de la prensa los ven como los interlocutores válidos de un proceso que debe llevar a un entendimiento.
En definitiva, se reconfiguró el panorama político venezolano, dejando sobre la mesa una realidad en la que las 29 voces que representan a la oposición en la Asamblea Nacional son el canal para poder conocer las iniciativas, tratar de incidir y proyectar un verbo de pluralidad y entendimiento. De seguir actuando con claridad, puede fraguarse a lo interno de ese sector un liderazgo capaz de aglutinar a la disidencia y poder transformarse en una verdadera opción de poder que haga política más allá de las redes, las consignas vacías y las poses rimbombantes y cansonas.
Luis Daniel Álvarez es Licenciado en Estudios Internacionales (UCV), Comunicación Social (UCAB) y Educación mención Ciencias Sociales (UCAB). Es Doctor en Ciencias Sociales, con estudios postdoctorales en la misma área (UCV), y posee maestrías en Ciencia Política (USB) y en Educación (Universidades Católica del Norte y Católica de Oriente, Colombia). Además, es Especialista en Procesos y Sistemas Electorales (UCV) y en Estudios Políticos y Constitucionales (Universidad de Medellín, Colombia). Actualmente, está culminando el Doctorado en Seguridad Social (UCV) y la carrera de Derecho en la Universidad Metropolitana. Desde 2024, es Jefe del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Metropolitana y entre 2016 y 2023 se desempeñó como Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Es Profesor Titular en la Universidad Metropolitana, así como Profesor Asociado en las Universidades Católica Andrés Bello y Central de Venezuela, institución en la que dicta las asignaturas Política Exterior de Venezuela e Internacionalización de la Seguridad Social. Además de ser articulista y analista de El Cooperante, es moderador de los programas radiales Sin Fronteras pero con Límites por Radio Sintonía 1420 am y Lo que pasa en el mundo por MDORadio. Es presidente de la Asociación Latinoamericana de Comunicación y Análisis Político (ALCAP) y vicepresidente de la firma POLICREATIVA CONSULTORES. Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales de Fedecámaras para el período 2025-2027.
