Henrique Capriles: ¡Venezuela sigue en pie, jamás de rodillas!

Si, no importa el show que tenga montado hoy el narco gobierno, nuestra Venezuela no se acaba hoy, ni se acabará jamás. El país sigue. Pase lo que pase, mañana hay un país que seguirá en pie luchando por el rescate de nuestra democracia.

Si bien es cierto que nuestra Constitución Nacional contempla en el artículo 63  que “el sufragio es un derecho”. También dice que esa garantía se “ejercerá mediante votaciones libres, universales, directas y secretas”. Precisamente, allí queremos llegar, porque lo que hoy tiene montado el gobierno es un gran fraude constituyente que desde su inicio ha violado constantemente nuestra Carta Magna, y estamos seguros que la inmensa mayoría de los venezolanos no saldrá hoy a validarlo.

Esa decisión soberana en rechazo a ese golpe a la democracia quedó evidenciada el pasado domingo 16 de julio, con el mandato de 7.600.000 manifestaciones de voluntad, pero lejos de reflexionar y apelar a la sensatez, la narcocúpula se atrincheró tras los muros de la represión y las armas.

Esto queda reforzado con el reciente estudio de opinión de la Ucab, que indica que 9 de cada 10 venezolanos están dispuesto a mantenerse en la calle, es decir, el 93.1% de los venezolanos están dispuestos a seguir luchando por el rescate de nuestra Venezuela.

Así que independientemente del show de Tibisay Lucena y la cúpula corrupta, el país sigue en pie y con la frente más erguida que nunca. El último round de este juego aún no está en desarrollo, porque los venezolanos escogimos seguir peleando para no vivir humillados. Recuerden que esta lucha no se inició con la convocatoria al fraude constituyente madurista, fue un nuevo obstáculo que pusieron en el camino, que aunque se hubiese cancelado, no justificaba la finalización de la lucha. La lucha tenía y tiene que seguir hasta alcanzar los objetivos por los cuales nos fuimos a las calles desde el 1° de Abril.

La lucha que hemos dado hasta hoy permitió que el mundo volteara a ver lo que sucedía en Venezuela. Los países del mundo y los organismos internacionales están muy atentos a cómo se están desarrollando las cosas en nuestro país. Saben que hay un pueblo valiente y decidido a hacer respetar sus derechos, todo en el marco de la Constitución, y frente a ellos hay un gobierno que ha dado un golpe de Estado e intenta acabar con la República para quedarse para siempre en el poder.

No solo ante los ojos de los venezolanos, sino también antes los ojos del mundo, Nicolás Maduro es un dictador, y de los más violentos y corruptos. Con su fraude constituyente, es él quien se ha puesto la soga al cuello y es él quien tendrá que responder ante las decisiones de la comunidad internacional.

Internacionalmente, el  aislamiento que hasta hoy es básicamente político y declarativo, se convertiría en acciones diplomáticas y económicas con graves repercusiones para la estabilidad y supervivencia de la narco cúpula.

Un gobierno que surja del fraude constituyente será desconocido internacionalmente. La suspensión de la compra de petróleo  o la calificación de PDVSA como empresa criminal, limitaría aún más los menguados recursos de los que hoy dispone el narcoestado, que se ha hecho cada vez más dependiente del petróleo. Y ese desconocimiento internacional haría más difícil la obtención de financiamiento externo.

Pero la implementación del fraude constituyente también trae implicaciones y complicaciones en el plano interno, porque quien presida el fraude lo haría de facto y el casi nulo liderazgo de Maduro quedaría aún más disuelto ante un eventual enfrentamiento con quien presida el fraude a la soberanía.

Casi de inmediato pasará lo que es inevitable, se presentará la división con variados intereses, múltiples exigencias y antagónicos liderazgos, y el caos de la calle también se reflejará inexorablemente en el fraude constituyente. En esas circunstancias no hay contrapeso que mantenga la nave en curso, no hay rumbo y el régimen implosionará.

En vez de calmar las aguas, Maduro y su camarilla le habrían echado más gasolina a la candela. Hasta ahora la represión no le ha funcionado y tampoco le funcionará aunque la incremente brutalmente.

Aunque insistan, la constituyente madurista no tiene posibilidad alguna entre el pueblo venezolano, y debilita aún más al régimen, no tiene legitimidad ni popularidad. El fraude constituyente los divide a ellos y nos une más a todos quienes la adversamos.

El fraude que creó Maduro para perpetuarse es un engaño inmenso, un disparate destinado a fracasar. Si ese  parapeto se instala, tendrá que lidiar con la legitimidad, el primer reto que tendrá es cómo manejará que no consiguió más apoyo popular que la Asamblea  Nacional que fue electa con más de 14.000.000 de votos. Según recientes estudios de opinión, no más de 2.000.000 venezolanos votarán por la Constituyente fraudulenta.

El fraude constituyente se va a convertir en un problema más para el gobierno, porque quieren venderlo como una solución a los problemas que en tantos años no solo no han podido resolver sino que los han agravado, y cuando el pueblo que aún los sigue vea que no solo sus problemas no se han resuelto sino que además se siguen agravando, van a pedir explicaciones, y cuando pidan explicaciones no van a conseguir quien les conteste porque Maduro y quien presida el fraude estarán disputándose el poder entre ellos, que a final de cuentas es lo único que les importa.

Vivimos tiem­pos difíciles, que exigen la más firme determinación en la defensa de la Constitución y de la República. Es preciso congregar voluntades y talentos para una lucha que ha de librarse apegado como nunca a las ansias de libertad.

Sabemos que se están viviendo horas de angustia y zozobra. Muchos se sentirán hoy en una especie de limbo y sus pensamientos girarán hacia horizontes inciertos. Y aunque muchos tengan ganas de tomar un bolsito de mano y salir corriendo de la tierra que nos vio nacer, bien vale la pena quedarse, e ir hoy a las calles como lo hicimos cuando inició esta lucha

La rebelión ciudadana seguirá siendo protagonista hasta que recuperemos la democracia, porque nuestra Venezuela siempre valdrá la pena.

¡Qué Dios los bendiga siempre!

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