Enrique W. Guzmán: «La actriz secundaria»

Esta mañana vi una foto de Delcy Rodríguez caminando por Nueva York y pensé: “La perseverancia es una vaina seria”. Después me di cuenta de que ella puede ser el personaje aparentemente secundario de una historia. Algo así como Kevin Spacey en Sospechosos habituales.
En 2002 Delcy estaba estudiando en Londres cuando ocurrió el golpe contra Chávez. Ella y su madre se movilizaron desde allí, estuvieron en la embajada venezolana y ayudaron a coordinar entrevistas con medios internacionales. Poco después regresó a Venezuela y comenzó a trabajar con Roy Chaderton. En 2003 entró en la Vicepresidencia.
No parecía precisamente el comienzo de una carrera destinada a terminar en Miraflores. Unos años después, de hecho, amenazó con terminar mucho antes.
A mediados de los 2000, durante un vuelo a Moscú, Chávez estaba reunido con su embajador en Rusia cuando Delcy, que entonces trabajaba en su despacho, irrumpió en la reunión. Chávez le ordenó salir. Ella, según cuenta Ibéyise Pacheco en Los hermanos siniestros, le respondió con su vocecita y en la cara con un “¡huevón!”. Al aterrizar, Chávez la sacó de la comitiva y la mandó de regreso a Venezuela por su cuenta.
Uno podría preguntarse qué hace falta para que Hugo Chávez te deje botada en Moscú. La respuesta, al parecer, cabe en una palabra.
Según el mismo relato, nunca la perdonó. Durante un tiempo desapareció de los puestos importantes. Después murió Chávez, llegó Maduro y Delcy volvió.
Primero Comunicación. Después Cancillería. Luego la Asamblea Constituyente. Finalmente la Vicepresidencia. Con cada cargo llegaba un poco más de poder y quedaba menos gente por encima de ella.
Buena parte del país, mientras tanto, miraba otra cosa. “La mona”, como despectivamente la siguen llamando algunos, era objeto de burlas por su aspecto físico.
Nunca he entendido esa obsesión. Con todo lo que se le puede reprochar a Delcy Rodríguez, todavía hay quien se fija en su cara. Y mientras miraban eso, se perdían lo que pasaba alrededor.
En enero de 2020 Delcy aterrizó en Barajas a pesar de tener prohibida la entrada en la Unión Europea. Allí terminó reuniéndose de madrugada con José Luis Ábalos, entonces ministro de Transportes, acompañado por Koldo García. También estaban las famosas maletas, o bultos, o equipaje, cuyo contenido ha generado tantas versiones que a estas alturas probablemente cada español tiene la suya.
Hoy Ábalos y Koldo están presos. Por otra historia completamente distinta, conviene aclararlo, porque las coincidencias son suficientemente buenas como para no necesitar inventarles parentesco.
Y ya que estamos en España, no hay que olvidar al amigo Zapatero. Mediador, negociador, facilitador, interlocutor y no sé cuántas cosas más. Una especie de todero del gobierno venezolano que durante años ha aparecido cada vez que había que negociar algo, destrancar algo o simplemente hablar con alguien. Con el tiempo su relación con los hermanos Rodríguez terminó siendo además muy cercana.
Hoy está imputado en la Audiencia Nacional por el caso Plus Ultra, una aerolínea con capital venezolano, y puede que termine compartiendo celda con los otros dos.
Mientras en España se escribía todo eso, en Caracas Delcy llevaba años acumulando poder sin hacer ruido y sin disputar públicamente el liderazgo del chavismo. Era vicepresidenta desde 2018, y Maduro fue poniendo bajo su responsabilidad la economía, las finanzas y el petróleo, que en Venezuela sigue siendo casi lo mismo.
Y a algunos de quienes la rodeaban empezó a irles peor que a ella.
Tareck El Aissami ocupó la Vicepresidencia justo antes que ella y después controló el petróleo. Durante años pareció uno de esos hombres destinados a estar siempre cerca del poder. En 2023 estalló el escándalo de corrupción en PDVSA, renunció, desapareció de la vida pública y un año después volvió a aparecer esposado.
Delcy siguió.
Pedro Tellechea ocupó entonces Petróleo. En agosto de 2024 Maduro lo movió a otro ministerio y le dio Petróleo a Delcy. Dos meses después Tellechea estaba preso.
Delcy siguió.
Sería cómodo concluir que Delcy Rodríguez manda a prisión a quien ocupaba el despacho al que ella termina llegando. También sería, en algunos casos, simplemente falso. Basta con algo más modesto: cada cierto tiempo uno mira quiénes estaban a su alrededor unos años antes y descubre que el reparto ha cambiado.
Ella no.
Y entonces llegamos a este ya histórico e inolvidable 2026.
En la madrugada del 3 de enero, cuando muchos aún celebraban la llegada del año nuevo, los gringos entraron en Caracas y se llevaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores. Dos días después Delcy Rodríguez juraba como presidenta interina de Venezuela ante la Asamblea Nacional. Quien le tomó juramento fue, por cierto, su hermano Jorge, reciente medalla de oro en un campeonato de ping-pong.
Después de tantos años siendo la número dos de alguien, ya no quedaba nadie por encima de ella en el gobierno.
Esta semana Delcy estuvo en Nueva York para la Asamblea General de la ONU. Se reunió con el FMI, el Banco Mundial y el BID, y habló de deuda, de petróleo, de inversión y de cómo volver a conectar a Venezuela con buena parte del mundo.
Maduro y Cilia también están en Nueva York. De hecho, a pocos kilómetros de donde Delcy pasó estos días.
No fue a visitarlos.
Un periodista incluso le preguntó si pensaba hacerlo. Delcy no respondió. Su agenda no incluía visita carcelaria. Tenía algo más importante que hacer: reunirse con Donald Trump.
La foto de esta semana es la de una jefa de Estado camino de esa reunión. Es la misma cara de la que tanta gente sigue riéndose.
Esta es una novela que ya dura muchos años, con protagonistas que entran y salen. Ella lleva todo ese tiempo interpretando a la actriz secundaria, y así ha sobrevivido a casi todo el reparto. Ahora, por primera vez, el papel principal es suyo, aunque sea interino. Queda por ver si el método que la trajo hasta aquí le sirve cuando todos la están mirando.
Perseverancia, pensé esta mañana, y es sin duda alguna la palabra que mejor describe a una mujer que comenzó traduciendo lo que decían otros.

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