Enrique W. Guzmán: Hoy se cumple mes y seguimos con el duelo abierto

Hoy se cumple un mes.
Un mes desde que el fatídico doble sismo golpeó a varias regiones de Venezuela, siendo especialmente devastador en La Guaira.
Treinta días más tarde, aún hay centenares de cuerpos esperando ser recuperados para recibir la despedida y la sepultura que merecen. Hay familias que siguen sin poder cerrar un duelo porque, sencillamente, todavía no tienen a quién despedir.
En estas cuatro semanas hemos visto cosas que difícilmente olvidaremos, tanto buenas como malas.
Las primeras no me sorprenden. Los venezolanos solemos reconocernos cuando llega la hora de la verdad, cuando hace falta arrimar el hombro sin preguntar por ideologías, colores o diferencias. Allí siempre aparece el país que realmente somos.
Las segundas, lamentablemente, tampoco me sorprenden. Un mes después abundan los videos perfectamente grabados en 4K, las tomas de drones y la propaganda mostrando un despliegue que, sin duda, impresiona en la pantalla. Pero conviene recordar algo que esas imágenes rara vez cuentan: muchos de los muertos, de las viudas, de los viudos, de los huérfanos y de quienes hoy quedaron mutilados vivían en edificaciones levantadas después de la tragedia de diciembre de 1999. Personas que sobrevivieron una vez a la furia de la naturaleza, pero que esta vez no sobrevivieron.
Ojalá que, cuando las cámaras se apaguen de un todo y la atención vuelva a marcharse, permanezca lo verdaderamente importante: la decisión de construir mejor.
Que las normas existan para cumplirse y no para enriquecer al constructor amigo de turno. Que las futuras edificaciones estén diseñadas para proteger vidas y no solo para levantar metros cuadrados de edificios que no han sido hecho con las medidas de calidad que existen. Que, si algún día la tierra vuelve a sacudirse con esa violencia, los edificios se balanceen… pero no se derrumben.
A veces pienso que habría que sentar en la misma mesa a los mejores ingenieros antisísmicos de Japón y a los albañiles que levantan los ranchos de los cerros de Caracas y de Petare. El contraste parece imposible, pero ambos han demostrado, cada uno a su manera, que saben construir estructuras capaces de resistir terremotos.
Hoy, a las 6:04 p. m., guardemos un minuto de silencio por quienes ya no están, por quienes aún esperan ser encontrados y por las familias que siguen viviendo entre la esperanza y el duelo.
A las 6:05, hagamos todo el ruido posible para recordar que quienes sobrevivieron siguen necesitando ayuda material pero también psicológica, económica y humana.
Porque un mes después, la tragedia dejó de ocupar titulares, pero todavía ocupa hogares.
Y mientras eso siga siendo cierto, el silencio solo debería durar un minuto.

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