Actualidad e historia. La visión de un ciudadano y periodista sobre el día a día de Venezuela. Algo del pasado, mucho del presente y no poco sobre el futuro. Los acontecimientos pasan, parecen repetirse, y el aprendizaje queda pendiente… A veces nada queda..
Una de las muchas críticas a la oposición venezolana, incluso desde sus inicios, ha sido su discurso. Verbo torpe en muchas ocasiones que la desconectó de la realidad y creó en torno de ella una imagen hasta repulsiva de sus sectores más radicalizados. En otros momentos la estrategia equivocada fue solo centrarse en convencer a los convencidos. Entre las dañinas consecuencias estuvo procurar toda suerte de mitos en el sector adverso a la fórmula roja-rojita, que le impedían llegar a uno de los objetivos fundamentales: ganarse al electorado y alcanzar triunfos contundentes en las urnas.
Pero entre las cosas más paradójicas del pasado 6 de diciembre es que la tortilla parece haberse volteado en dos sentidos. No queremos decir, como muchos lo han hecho, que el chavismo “está liquidado”. Es una temeridad, en este contexto como en cualquier otra contienda humana. Un ejemplo claro es el sandinismo en Nicaragua. Muchos sentenciaron su muerte en 1990. Y sin ir muy lejos, los chavistas montaron rumba en 1998 esculpiendo sobre roca el fin de Acción Democrática.
En Venezuela todavía hay perezjimenistas y hasta gomecistas. Así como todavía sobreviven creyentes del nazismo y el comunismo en países que alguna vez padecieron ambas calamidades de la historia.
Y aunque la oposición no puede emborracharse de victoria y pensar que “ahora sí viene el esperar que ‘esto se caiga solo”, debido a la paliza en las parlamentarias de la MUD sobre el Psuv, es evidente que se vive un momento en el que los papeles se intercambian. En primer lugar el hecho matemático. Sí, los azulitos son mayoría y los rojos minoría de votos, según su propio CNE.
Pero más allá del hecho numérico, lo que más llama la atención Es que hoy se puede etiquetar de “escuálidos” o “minoría” al cogollo gobernante por sus palabras y acciones.
Sorprende la mutación verbal. Deja boquiabiertos oír al alto mando revolucionario hablar cual “doñitas de El Cafetal” de antaño. Era algo que se asomó desde la campaña electoral y daba cuenta del desespero y de encuestas demoledoras contra el Gobierno.
“Hay que quedarse en los centros a cuidar los votos”, “la verdadera encuesta es la calle y el 6D”, fueron las primeras frases que me convencieron del triunfo opositor en los comicios parlamentarios, pues me parecía estar oyendo a cualquier vocero de aquello que se llamó “Coordinadora Democrática”.

Pero consumado el desastre electoral rojo, la cosa ha sido más patética. Ya no me extraña que en las próximas horas algún jerarca oficial lance aquella infeliz sentencia de algún opositor recalcitrante: “Es que la gente es bruta y marginal, y por ello votaron en contra nuestra”. Han estado cerca, muy cerca de decirlo, cuando hablan de “manipulación” y “engaño”_a la gente. Cuando hablan, incluso de “votos comprados” y “ventajismo” por parte de la MUD; además de tildar de “traidor” a quien votó en contra. Los que llevan las riendas de la cooperativa gobernante dicen disparates como «posible fraude a investigar» y desempolvan aquel viejo reclamo de sus oponentes politicos: «Los militares deben volver a los cuarteles». Insistimos, aunque usted no lo crea todo lo anterior proviene de la boca de la alta jerarquía pesuvista, no de algún despechado opositor… Se intercambiaron los papeles.
Sin embargo, hay voces un poco más aterrizadas dentro de la propia causa llaman la atención al madurismo-cabellismo para dejar de ver las razones de la hecatombe afuera y, sobretodo hacer el correspondiente «mea culpa», revisar errores, hacer enmiendas y dejar la amenazadera contra el ciudadano común y corriente.
2001
