Un grupo de 24 organizaciones solicitó este lunes a las autoridades venezolanas adoptar “acciones urgentes” ante el “inicio de una epidemia” de fiebre amarilla en el país. Las ONG señalaron que los “primeros casos se registraron en junio de 2025” y que la información sobre la situación se conoció ocho meses después.
La ONG Provea difundió en la red social X una carta dirigida a autoridades sanitarias y al Parlamento, firmada por 24 organizaciones, entre ellas la Academia Nacional de Medicina, en la que se insta a actuar con prontitud frente a la actual situación de la enfermedad.
En el documento, las organizaciones solicitaron al Ministerio de Salud publicar los boletines epidemiológicos correspondientes a 2024, 2025 y lo que va de 2026, y pidieron a las autoridades “reflexionar sobre las lecciones que deja la situación que atraviesa Venezuela ante el inicio de una epidemia de fiebre amarilla”.
“La protección de la población frente a enfermedades prevenibles requiere decisiones basadas en evidencia, comunicación oportuna y la articulación de todos los sectores involucrados”, señalaron.
En ese sentido, consideraron que el momento es propicio para “fortalecer la transparencia, la cooperación interinstitucional y la confianza pública” entre las organizaciones y el Estado.
“Confiamos en que las acciones que se adopten en adelante permitirán mejorar la respuesta sanitaria, reforzar la credibilidad institucional y avanzar hacia un sistema de salud más sólido, preparado y comprometido con el derecho a la salud de toda la población venezolana”, expresaron.
En la carta, los firmantes también indicaron que, como profesionales del área, conocen el “impacto nacional, regional y global” que puede tener la decisión de “no informar oportunamente” sobre la situación epidemiológica ni “atender” las recomendaciones emitidas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en sus alertas de febrero, marzo y mayo de 2025, así como las conclusiones de la Evaluación de Riesgos para la Salud Pública sobre fiebre amarilla en las Américas.
También señalaron que es “necesario reconstruir la confianza, tanto a nivel nacional como internacional”, respecto a las acciones que deben emprenderse de manera conjunta para “reorientar la estrategia aplicada hasta el pasado 24 de febrero en el manejo de la actual epidemia de fiebre amarilla”.
Casos confirmados en 2026
El pasado martes, la ministra de Salud, Nuramy Gutiérrez, informó que Venezuela ha registrado siete casos positivos de fiebre amarilla en lo que va de 2026 y que el país mantiene una “alerta epidemiológica” frente a la enfermedad.
Durante una entrevista en Venezolana de Televisión (VTV), la ministra indicó que alrededor de 49.000 personas han sido inmunizadas en la actual fase de prevención, cifra que se suma a los tres millones de venezolanos vacunados en años anteriores.
Gutiérrez señaló que el objetivo es alcanzar una cobertura del 95 % de la población y mencionó la evaluación de instalar puestos de vacunación en aeropuertos internacionales como medida preventiva para los viajeros.
También explicó que se priorizaron 22 parroquias en los estados Aragua, Lara, Portuguesa y Barinas, donde se ha concentrado el mayor número de casos, y reiteró la importancia de continuar con las campañas de prevención, el uso de repelentes y ropa protectora en zonas boscosas.
¿Qué es la fiebre amarilla?
La fiebre amarilla es una enfermedad viral hemorrágica aguda presente en zonas tropicales de África, América Central y América del Sur. El término “amarilla” hace referencia a la ictericia que pueden desarrollar algunos pacientes. Según información de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los casos pueden confundirse con otras fiebres hemorrágicas virales como las causadas por arenavirus, hantavirus o dengue.
La OPS advierte que se trata de una enfermedad con alto potencial de impacto y riesgo de propagación internacional, lo que la convierte en una “amenaza para la seguridad sanitaria global”. Grandes epidemias pueden producirse cuando personas infectadas introducen el virus en áreas densamente pobladas con abundante presencia de mosquitos y bajos niveles de inmunización.
En estas condiciones, mosquitos de la especie Aedes aegypti infectados pueden transmitir el virus de una persona a otra.
Síntomas
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los síntomas iniciales incluyen fiebre, dolor de cabeza, dolores corporales generalizados, náuseas, vómitos y debilidad. En la mayoría de los casos estos signos desaparecen después de tres o cuatro días.
Sin embargo, cerca del 15 % de los pacientes desarrolla una fase grave caracterizada por fiebre elevada recurrente, ictericia —coloración amarillenta de la piel y los ojos—, vómitos, hemorragias en boca, nariz, ojos o estómago, insuficiencia orgánica y estado de choque. Aproximadamente la mitad de quienes alcanzan esta etapa fallece en un lapso de siete a diez días, según el organismo.
El período de incubación del virus oscila entre tres y seis días.
La vacunación es la forma “más eficaz de prevención”. Una sola dosis ofrece inmunidad de por vida, con protección en entre 80 % y 100 % de los casos a los diez días y superior al 99 % al cumplirse 30 días.
Los efectos secundarios de la vacuna son poco frecuentes. No obstante, se recomienda evitar su aplicación en lactantes menores de nueve meses, mujeres embarazadas —salvo en situaciones de brote—, personas con alergias graves al huevo, así como en quienes presentan inmunodeficiencias severas o trastornos del timo.
Las estrategias para controlar el mosquito transmisor incluyen eliminar depósitos de agua estancada que funcionen como criaderos, utilizar larvicidas en recipientes con agua y emplear ropa protectora y repelentes.
La OMS señala además que los mosquiteros tratados con insecticidas tienen menor eficacia frente a este virus, ya que el mosquito Aedes aegypti suele picar durante el día. Por ello, la vigilancia constante de estos vectores resulta clave para evaluar el riesgo de brotes en zonas urbanas.
