Henrique Capriles Radonski (Caracas, 53 años) ha recobrado fuerza en la escena política venezolana. Diputado de la Asamblea Nacional en una Venezuela sin Nicolás Maduro, Capriles tiene ganas de hablar. Se detiene varios minutos en cada respuesta y, a veces, retoma y desarrolla la anterior. Aunque conciliador, deja ver una incomodidad persistente con una parte de la oposición que, dice, lo ha juzgado con dureza.
A Capriles, dirigente opositor, exalcalde, exgobernador y excandidato presidencial, le preocupa que el “nuevo momento político” del que ha hablado la presidenta encargada Delcy Rodríguez solo sea una transacción petrolera. E insiste: sin instituciones confiables y sin libertades, las elecciones no cambiarán nada.
Pregunta. Tras la madrugada del 3 de enero, ¿qué cree que pasó y por qué Trump apostó por Delcy Rodríguez?
Respuesta. En algún momento los venezolanos daremos el debate de por qué llegamos hasta acá, pero hay una verdad del tamaño de una catedral: todo lo que dijo Maduro que pasaría, no pasó. Tampoco salieron a defenderlo ni Xi Jinping ni Putin, dos de sus aliados más importantes, lo que sugiere una cierta unanimidad en la comunidad internacional en ver esto como una oportunidad, pese a las implicaciones en el derecho internacional. Más que quedarnos en diagnósticos, yo miraría la diferencia con 2019: esta es la segunda presidencia de Trump y la pregunta es cuál es la teoría de cambio, porque ya se entendió que sacar a Maduro no significa recuperar la democracia en 24 horas.
P. ¿Qué tipo de transición necesita Venezuela?
R. Cambiar esto no es algo que se dé de la noche a la mañana. En la medida en que la gente se hace más pobre, es más difícil recuperar la democracia, porque te vuelves más dependiente del gobierno. Por eso, cuando escucho al secretario [de Estado] Marco Rubio hablar de estabilización, recuperación y transición, veo un cambio: hay conciencia de que primero hay que estabilizar económicamente el país. Venezuela está al borde del colapso, es un país paralizado, con un mercado negro que casi triplicaba el oficial y una inflación que se disparó en los últimos días.
P. ¿Y después?
R. Luego viene la reinstitucionalización, aunque a Delcy Rodríguez no le guste la palabra. Un nuevo momento político no es solo cambiar una ley o votar, es empezar a discutir seriamente sobre las instituciones. Ese segundo paso es el que permite llegar a unas elecciones. Y eso es lo que yo le diría incluso a [los presidentes de Brasil y Colombia] Lula o a Gustavo Petro: una nueva elección es el final de esta película, no el comienzo. Ahí es donde yo veo el cambio en la política de Estados Unidos hacia Venezuela.
P. ¿Qué plazos ve posibles?
R. Esa es la gran pregunta: ¿cuánto tiempo? Yo no pondría un plazo fijo. Es evidente que el gobierno se está agarrando de la tesis de que Maduro es un prisionero. Y con eso la Sala Constitucional arma una continuidad y una encargaduría sin entrar en los tiempos que marca la Constitución, que obligarían a declarar la falta absoluta y convocar elecciones en 30 días. El debate se puede dar, pero no ahora, porque convocar hoy unas elecciones sería como dar un giro de 360 grados y volver al mismo punto. La pregunta real es qué tan rápido se puede estabilizar la economía venezolana. Mi preocupación es que el presidente de Estados Unidos solo hable de cuántos millones de barriles han llegado. En Venezuela hay que preguntarse si las instituciones sirven al país. ¿Quién confía en el Tribunal Supremo, en la Fiscalía o en el CNE? Podremos hablar de un nuevo momento político cuando nos sentemos a negociar cómo va a ser el proceso de reinstitucionalización y cuando la oposición esté representada para que haya equilibrio.
P. ¿María Corina Machado debe tener un papel relevante?
R. Yo más de una vez he reconocido, en privado y en público, el esfuerzo y la fortaleza de María Corina. Pensé que no se iba a mantener en la carrera electoral y se mantuvo, aun estando inhabilitada, y creo que el Nobel es un reconocimiento por haberse sostenido allí. Para mí, la candidata debía ser ella, porque ganó las primarias y tenía el mayor respaldo. Y ella tiene que tener derecho a competir en unas elecciones; si se le priva a ella o a cualquier otro actor político, no estamos abriendo puertas a la democracia. Dicho eso, creo que en la situación actual hay que despersonalizar las cosas.
P. ¿Ha hablado con ella recientemente?
R. Tengo tiempo que no hablo con ella.
P. ¿Cuánto tiempo?
R. No lo sé, esa cuenta solamente la tengo con mi esposa.
P. ¿Qué papel tendrá usted en todo este proceso?
R. Mi aspiración no es Miraflores. No estoy obsesionado con llegar al poder. Yo lo que quiero es que cambie Venezuela. Mi rol es abrir canales de democracia y estar donde se discuten asuntos clave, como hoy ocurre con la ley de hidrocarburos. Es importante estar allí: siempre será mejor que la oposición tenga voz, aunque sea en un rincón, a que no tenga ninguna.
P. Ustedes se abstuvieron en la votación de esa ley.
R. Vamos a dar la discusión de fondo sobre el tema petrolero y el gobierno lo sabe. Y no se trata solo de hablar de regalías o impuestos. El problema de PDVSA [la empresa estatal Petróleos de Venezuela S. A.] no es la ley: es que la industria fue saqueada y destruida y se convirtió en el gran centro de la corrupción de la mal llamada revolución bolivariana. Todos los últimos presidentes de PDVSA han terminado presos, y mientras se hablaba del paro petrolero o de las sanciones, nadie mencionaba escándalos como el de más de 20.000 millones de dólares (unos 17.000 millones de euros) robados en un solo año.
P. ¿Hay más espacio para la oposición en la Venezuela sin Maduro?
R. No lo siento así. Y tampoco creo que estemos en una transición.
P. ¿Por qué la oposición sigue tan dividida?
R. Todos hemos sido corresponsables de los momentos buenos y malos. Es mentira que la oposición no haya cometido errores, y algunos han sido muy costosos, pero no veo posibilidad de futuro si no hay un reencuentro del sector democrático. Las diferencias han llegado a extremos inaceptables, como atacar a periodistas por no seguir una línea de opinión, y eso es incompatible con una oposición democrática.
P. ¿Y cuáles han sido sus errores?
R. He cometido muchos y seguiré cometiéndolos, pero lo importante es aprender. La abstención siempre fue un error: yo estuve allí, aprendí y no volví. También creo que fue un error haber acompañado el gobierno interino [de Juan Guaidó].
P. ¿Qué está ocurriendo en Miraflores? ¿Se cree la unidad entre los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello?
R. Si se llevan bien o mal entre ellos, no me interesa. La gran pregunta es si ha cambiado algo realmente, y la respuesta es que hasta ahora no. ¿Cuándo se va a desmontar el aparato represivo? ¿Cuándo se va a eliminar la ley contra el odio, usada para perseguir a gente por tuitear?
P. ¿No hay entonces un nuevo momento político?
R. El nuevo momento político es tener una prensa libre, devolver las señales de los canales internacionales y que las liberaciones de presos sean libertades plenas. Ojalá sea solo cuestión de tiempo. Si no, es solo un acomodo para que nada cambie. Después de tantos atropellos, los venezolanos no nos vamos a conformar con eso. Ese es el desafío de Delcy Rodríguez y cómo quiere que la historia la recuerde. Después de lo que pasó el pasado 3 de enero, en la forma que pasó, puede volver a pasar.
P. ¿Qué está pasando en los cuarteles? ¿Cómo se reinstitucionalizan las armas en un país en el que miles de civiles actúan como milicianos?
R. El tema de la seguridad no parece estar en la agenda ahorita. Pero la reinstitucionalización pasa por que la Fuerza Armada vuelva a cumplir la Constitución. Maduro la usó para sostenerse en el poder, pero eso hoy cambió. La pregunta es si seguirá defendiendo a un partido político o si regresará a su rol constitucional.
P. ¿Cuál es el papel de Vladimir Padrino? En otras circunstancias, ¿un ministro de Defensa que sufre un ataque así no habría dimitido?
R. El Gobierno jamás va a reconocer una debilidad o un fracaso. Pareciera que en la elección de los Estados Unidos pesó no quién tiene la fortaleza militar, sino quién tiene la fortaleza en términos del funcionamiento del gobierno, pero desde el punto de vista económico. Y esa es Delcy Rodríguez.
P. ¿Cree que Estados Unidos tutela Venezuela?
R. Esa palabra, tutelar, a mí me suena como si me estuvieran hablando de mi mamá. Ahí creo que María Corina tiene un rol importante: más allá de sus aspiraciones legítimas, tiene que evitar que esos tres pasos del plan de Rubio se queden solo en el primero cuando empiecen a satisfacerse las aspiraciones económicas. No voy a entrar en las diferencias internas de la oposición. Lo cierto es que cuando la propia María Corina abre la posibilidad de una nueva elección, ves que ha habido un giro. A nosotros nos acusaron de ser normalizadores y jamás pasamos la página; dijimos que esa elección de 2024 no se cobró. Pero no me voy a quedar en esa discusión, porque no termina nunca.
P. ¿Hay canales directos con Delcy o Jorge Rodríguez?
R. No.
P. ¿La causa de los presos políticos puede reunificar a la oposición?
R. Esa es una causa de todos. Todos estamos pidiendo la libertad de los presos políticos. Si lo llevamos a la confrontación partidista, el gobierno se cierra y a nosotros nos interesa que salgan cuanto antes. Hay causa común, pero hay que ser muy cuidadosos de que nadie intente capitalizar la libertad de un preso político.
