Francisco Ameliach apela al ideario de Hugo Chávez para tratar de capear las críticas de sectores de izquierda que cuestionan el entreguismo de los hermanos Rodríguez, Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello con el gobierno de Donald Trump tras la caída el pasado 3 de enero de Nicolás Maduro, en una incursión militar que desnudó la incapacidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
El expresidente de la Asamblea Nacional, exgobernador de Carabobo y exministro del Despacho de la Presidencia, actualmente representante de la Asamblea Nacional ante el Consejo de Estado, sostiene que cuando la política se desplaza hacia el pragmatismo absoluto, deja de ser una lucha de valores para convertirse en una administración de recursos. “Esto trae como consecuencia el fin de los grandes relatos: Siguiendo la lógica de autores como Daniel Bell (El fin de las ideologías), se asume que las grandes disputas históricas han terminado y que solo queda optimizar el sistema actual global predominante”, precisa.
Ameliach asegura que Chávez se opuso siempre a la tesis del pragmatismo absoluto y de ‘el fin de las ideologías’. “En El Libro Azul, plantea lo siguiente: ‘Vivimos efectivamente, una era donde las ideologías parecieran extinguirse. ‘El fin de las ideologías’, así la han llamado no pocos estudiosos de la época…Y es precisamente, en este marco desideologizado y con el propósito de hallar recursos válidos para que nuestro pueblo avance por el mapa intrincado y complejo del futuro que nos hemos atrevido a invocar un modelo ideológico autóctono y enraizado en lo más profundo de nuestro origen y en el subconsciente histórico del ser nacional”, sustenta.
El exmilitar, invoca en su artículo, la unidad, pues explica que, cuando el pragmatismo absoluto choca con la mística revolucionaria, se produce una ruptura que afecta tanto la identidad del movimiento como su vínculo con el electorado, y recuerda que para un movimiento basado en la lucha heroica, como lo es revolución bolivariana, la memoria histórica e ideológica es su principal activo. “Es lo que legitima su existencia”, resalta.
“La fidelidad de los votantes de base dura en movimientos épicos no es racional-económica, es mayormente emocional y moral. El pragmatismo absoluto rompe esa fórmula causando desmovilización: la lucha heroica requiere militancia activa. Al desaparecer la ‘mística’, desaparece la voluntad de defender al proyecto en momentos de crisis”, añade.

Resistencia activa
Ameliach afirma que sin abandonar su fuerte carga ideológica, Chávez planteó el pragmatismo como método o táctica de resistencia activa para alcanzar principios ideológicos y objetivos históricos, por tal motivo –siempre según las palabras del dirigente del Psuv, fustigó el dogmatismo, especialmente cuando sentía que la teoría alejaba a sus seguidores de la realidad o de la eficiencia necesaria para gobernar.
Destaca que Chávez solía criticar a quienes pretendían gobernar siguiendo libros al pie de la letra, sin interpretar correctamente los diferentes contextos que prefiguran la realidad existente. Y jura que en una oportunidad expresó: “No nos dejemos encajonar en dogmas. El dogmatismo es el peor enemigo de la creación revolucionaria”.
El parlamentario se refiere a la necesidad de la defensa de la unidad por encima de la pureza ideológica, ya que en su opinión, Chávez era un gran estratega de la unión y criticaba a los grupos de izquierda radical que se fragmentaban por lo que calificó como ‘purismos’.
“Unidad, unidad, unidad. Debemos ser capaces de trabajar con quienes no piensan exactamente igual que nosotros en aras de un objetivo superior”, escribió parafraseando a Chávez.
La Ley de Hidrocarburos
Para Ameliach, la influencia del pensamiento antidogmático de Hugo Chávez en la Ley Antibloqueo en la cual se inspira la reforma de la Ley de Hidrocarburos, ambas leyes propuestas por la actual presidenta (E). Delcy Rodríguez , es una línea directa que el gobierno de Nicolás Maduro ha utilizado para legitimar un giro necesario para enfrentar el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. “La ley no es una traición a la Revolución Bolivariana, sino una aplicación del pragmatismo chavista bajo condiciones de asedio y guerra multifactorial”, justifica.
“Cuando un gobierno realiza reformas sociales, económicas o políticas para evitar una guerra, está aplicando un cálculo de costo-beneficio. El pragmatismo aquí reside en reconocer que el costo de la reforma es menor que el costo total de una invasión, la guerra civil, la destrucción de la infraestructura y la posible pérdida del poder. Se cede en lo secundario: una ley, una política económica, para salvar lo principal: la existencia de la República Bolivariana de Venezuela”, agrega.
Según Ameliach, no existe la menor duda de que la presidenta (E). Delcy Rodríguez está haciendo lo correcto según la lógica del pragmatismo chavista. “Si Chávez estuviera vivo ante una amenaza de ocupación o colapso total, él no se aferraría a una ley que asfixiara al pueblo, sino que ‘rompería las amarras’ para salvar la República”, comenta.
Y concluye que, el pragmatismo chavista aplicado por Rodríguez permite que la República Bolivariana de Venezuela sobreviva mientras mantiene su identidad histórica – ideológica. “Es precisamente su identidad histórica – ideológica el principal elemento disuasivo, ante amenazas externas e internas”, sentencia.
