Se necesitan 54 votos de los 81 senadores para suspender definitivamente a la mandataria
Entre lágrimas, gritos y referencias a Dios, el Senado de Brasil se adentró en el debate final antes de decidir hoy si destituye a la presidente Dilma Rousseff, un desenlace que todos dan por sentado en el país.
«El impeachment es un remedio constitucional al que necesitamos recurrir cuando la situación se revela especialmente grave», dijo la abogada de la acusación, Janaina Paschoal. «Fue Dios quien hizo que, en el mismo momento, varias personas percibieran lo que sucedía en el país», añadió para afirmar que la primera mujer en presidir Brasil violó la Constitución al manipular las cuentas públicas y por ello debe dejar el cargo.
El abogado defensor, el ex ministro José Eduardo Cardozo, destacó que la destitución de Rousseff sería «una pena de muerte política». Tan dramático ha sido este juicio que abogados de la defensa y de de la acusación lloraron.
«Canallas, canallas, canallas», señaló el senador Roberto Requião, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño y defensor de Rousseff, haciendo referencia al golpe de Estado contra Joan Goulart en 1964.
Combativa y serena, Rousseff se defendió la víspera durante más de 14 horas, en una sesión histórica en la que reiteró su inocencia y aseveró que es víctima de un «golpe».
En la última audiencia, dos senadores inclinados a condenar a Rousseff y otros dos que se oponen a su destitución tendrán cinco minutos, cada uno, para exponer sus alegatos, y finalmente se procederá a la votación mediante un sistema electrónico.
Para que Rousseff sea despojada de la Presidencia es necesario que así lo decida una mayoría calificada de 54 votos. El resultado se conocerá de inmediato y una vez proclamado por el presidente del Supremo, Rousseff estará fuera del poder o, por lo contrario, si fuera absuelta, recuperaría el puesto y relegaría a la Vicepresidencia al hoy presidente interino, Michel Temer.
Fuertes protestas
Una manifestación a favor de la presidente suspendida, Dilma Rousseff, bloqueó una de las principales vías de acceso a la ciudad brasileña de Sao Paulo, que ayer vivió otra jornada de protestas que terminó con intervención policial, reportaron medios del país.
El lunes la policía dispersó con bombas lacrimógenas a miles de personas que rechazaron el juicio político de destitución. Movimientos sociales y militantes del Partido de los Trabajadores anunciaron que hoy se mantendrán en las calles ante lo que consideran un golpe de Estado contra la mandataria.EFE/AFP
