El ministro del Interior Laurent Nuñez informó el domingo que las protestas contra el encarecimiento de la vida en Francia dejaron 1.800 detenidos y más de 500 policías heridos, mientras el gobierno endureció su respuesta ante los saqueos, los incendios y los choques con la policía registrados a seis meses de la elección presidencial. La movilización reunió a sectores sociales diversos, pero la violencia abrió una disputa política sobre sus responsables y sobre el uso de la fuerza estatal.
Nuñez anunció que las investigaciones buscarán identificar a los responsables de los incidentes registrados durante y después de las manifestaciones. “1.800 personas han sido detenidas y ahora hay investigaciones en curso para identificar a los autores de estos actos y llevarlos ante la justicia”, afirmó.
El minsitro responsabilizó de estos delitos a “varios miles de individuos de la ultraderecha” a los que, más tarde, se habrían sumado “delincuentes” que “saquearon y devastaron” numerosos establecimientos en ciudades como París, Marsella, Lyon, Burdeos, Rennes, Estrasburgo, Grenoble, Niza, Limoges “y muchas otras”.
“Nada puede justificar esto”, afirmó. Y agregó: “Si bien “manifestarse es un derecho fundamental, sembrar el desorden con violencia y de manera concertada no lo es”.
En tanto, unas 1.500 tiendas y comercios resultaron dañados, y muchos fueron saqueados, afirmó el domingo el responsable de un grupo que representa al sector. El coste para los establecimientos ascenderá a “varios cientos de millones de euros”, declaró Alexandre Bompard, presidente de la Federación de Comercio y Distribución, a la cadena LCI, y precisó que aún es pronto para dar una cifra exacta.
La crisis coincide con la búsqueda del gobierno de aprobar el presupuesto para 2027, que contempla un ajuste fiscal de 54.000 millones de euros para sanear las cuentas públicas. El descontento también creció por el aumento del costo del combustible desde el inicio de la guerra en Oriente Medio.
La actuación de las fuerzas de seguridad quedó bajo escrutinio después de que un manifestante perdiera una mano el sábado en Saint-Étienne por la explosión de una granada lanzada por los agentes, según una fuente cercana consultada por AFP. Nuñez había advertido que los policías podrían utilizar granadas aturdidoras ante disturbios urbanos, pese a que las autoridades habían restringido esos artefactos en las protestas estudiantiles tras otro caso de mutilación.
Entre 550.000 y 800.000 personas participaron de las marchas, de acuerdo con las estimaciones de las autoridades y los organizadores. El primer ministro Sébastien Lecornu reportó además 150 policías y gendarmes heridos: “Es un milagro que la cifra no sea más alta”.
El presidente Emmanuel Macron se refirió a los daños en prefecturas, comercios y ayuntamientos, entre ellos el incendio de la alcaldía de Limoges y los ataques a edificios municipales de Marsella y Lille. “Quienes han destruido y atacado tanto prefecturas como comercios, y hasta saqueado nuestros ayuntamientos, serán perseguidos y castigados”, escribió en X.
En París, grupos de alborotadores incendiaron vehículos y saquearon locales, mientras marchas no autorizadas intentaban acercarse a los Campos Elíseos y al Palacio del Elíseo, sede presidencial. El alcalde Emmanuel Grégoire describió el estado de la capital tras los incidentes: “Hay calles enteras devastadas de manera metódica”.
El ministro de Justicia Gérald Darmanin reclamó una medida cautelar para los acusados por los disturbios. “Debe solicitarse la prisión preventiva” para los autores de estas “violencias urbanas de una gravedad inaudita”, sostuvo.
Lecornu vinculó los hechos con La Francia Insumisa, el partido de izquierda radical liderado por Jean-Luc Mélenchon y con presencia entre sectores jóvenes. “No nos dejaremos intimidar”, señaló el primer ministro.
La convocatoria surgió en las redes sociales bajo el lema “Amarillos y Jóvenes”, con un llamado conjunto a los chalecos amarillos, la generación Z, campesinos, docentes, activistas climáticos y jubilados. Las marchas exhibieron consignas como “Tomamos la Bastilla” y “Macron dimisión”.
La protesta recordó las movilizaciones de los chalecos amarillos de 2018 y 2019, desatadas entonces por el alza prevista de un impuesto a los combustibles. Esta vez se incorporaron estudiantes de liceos que desde finales de septiembre reclaman mejores condiciones de estudio.
François Boulo, una figura conocida de los chalecos amarillos, se refirió a la incorporación de nuevos participantes. “Hace ocho años luchamos con todas nuestras fuerzas. Ahora la juventud de Francia ha irrumpido en escena y nos ha devuelto la esperanza”, afirmó.
Dos tercios de los franceses apoyaban el regreso de los chalecos amarillos a mediados de septiembre, según un sondeo de Elabe. En Guéret, una movilización de unas 300 personas expuso el malestar por el deterioro del poder adquisitivo.
Franck, un funcionario que participó de esa concentración en el centro de Francia, resumió el reclamo: “A finales de mes ya no me queda nada, los precios suben pero los salarios no. No podemos más, nos ahogamos”.
por INFOBAE
