El Príncipe que quería vivir, sorprendió al mundo

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El Príncipe Mohamed bin Salman tiene 32 años y quiere transformar el anquilosado reino del petróleo. Aún antes de que su padre le entregue el trono, tomó las riendas del país y sorprendió al mundo.

En una maniobra de ejecución casi perfecta el príncipe heredero de Arabia SauditaMohamed bin Salman, convocó a principios de noviembre del año pasado a 350 de los hombres más prominentes del reino a una «reunión secreta muy importante» en el lujoso hotel Ritz-Carlton de Riad. Entre los «invitados» había varios príncipes, ex ministros, generales y empresarios; la crema del poder saudita.

Los reunió en un salón rodeado de guardias y les anunció que ninguno de ellos podía abandonar el hotel hasta que no hubieran aclarado el origen de sus fortunas y no devolvieran el dinero proveniente de la corrupción. Algunos arreglaron de inmediato. Incluso, pagando hasta 1.000 millones de dólares. De acuerdo al fiscal del Comité Anticorrupción el objetivo del príncipe era recuperar 375.000 millones de riales(unos 90.000 millones de dólares) que habían desaparecido de las arcas del Estado en los últimos años.

Casi la mitad de los hombres encerrados en esa cárcel de lujo admitieron sus faltas y pagaron las deudas. Otros 201 quedaron allí, en esa cárcel de lujo, hasta fines de enero que era el plazo para arreglar las cuentas si no querían ser trasladados a una prisión común. Uno solo de esos hombres poderosos no aceptó el trato y está peleando en la justicia. Es el príncipe Al Waleed bin Talal, probablemente el hombre más rico del mundo árabe. Una versión publicada por el diario Okaz, dice que le reclaman más de 7.000 millones de dólares. Waleed es propietario de Kingdom Holding una empresa que tiene participación en el Citigroup,Twitter, Disney, 21st Century Fox y varias cadenas hoteleras. Su valor de capitalización es de 8.700 millones de dólares.

La lucha anticorrupción que emprendió Mohamed bin Salman -más conocido en la península arábiga simplemente como MBS– de inmediato le dio popularidad entre los sauditas más jóvenes (menores de 20 años), que constituyen el 70% de la población, pero lo enfrenta con la elite gobernante que está haciendo todo lo posible para sacárselo de encima. La semana pasada se escucharon explosiones en las puertas del palacio real en Riad seguidas de un intenso tiroteo. El rey SalmánbenAbdelazizalSaúd, fue evacuado a un cuartel militar. Todo indicaba que se trató de un intento de golpe de Estado aunque la casa real dijo que sólo había sido una falsa alarma causada por un dron civil derribado por la guardia del palacio. Muy pocos le creyeron.

Pero el príncipe MBS parece estar dispuesto a escapar de los rigores de la casta gobernante como una Anna árabe, «la princesa que quería vivir» interpretada por Audrey Hepburn en el film de 1953 que escapaba del palacio para pasar una noche de incógnito en Roma. Quiere transformar el antiguo régimen creado en 1932 por BinSaudapoyado por los monjes-soldados (los Ikhwan) y las tribus beduinas que derivó en el moderno reino de ArabiaSaudita. Cree que la bendición de haber vivido sobre un océano de petróleo durante 100 años pronto se puede convertir en una maldición. Debe modificar una estructura armada por las sucesivas castas por la que casi el 80% de los ciudadanos sauditas viven de los subsidios del Estado. Una situación insostenible con una población que en su mayoría tiene menos de 20 años. Y con los puestos de trabajo en manos de una enorme masa de extranjeros pobres (¿qué saudita va a trabajar si el Estado lo mantiene?).

Para todo esto, tiene una plan denominado Visión 2030, con el que espera crear un país a la vanguardia tecnológica y de investigación para suplantar los recursos del petróleo por los del conocimiento. Para esto se reunió hace dos semanas con MarkZuckerberg, el creador de Facebook, quien lo asesorará. Pero, antes, tiene que dirimir algunas intrigas palaciegas. MBS se saltó la línea sucesoria. Su padre, el rey Salman, de 82 años, que asumió en 2015, lo designó príncipe heredo por encima de su primo MohammedbinNayef, el poderoso ministro del Interior y por mucho tiempo al frente de la lucha antiterrorista en el país. Este príncipe de 57 años y con muy buenas relaciones en los círculos de poder de Washington estaba destinado a conducir el reino y mantener la línea oficial del último siglo.

MBS no sólo lo desplazó sino que le recortó casi todo el enorme presupuesto que manejaba y lo dejó sin mayores posibilidades de lanzar una conspiración destituyente. BinNayef se recluyó por semanas en su villa de Argelia y se negó a contestar cualquier llamada, incluso una del director de la CIA de acuerdo al diario The New York Times. Es posible que haya tenido alguna recaída en su salud por las heridas que le causó un atentado en 2009 cuando un extremista islámico logró llegar cerca suyo con un explosivo oculto en el recto.

Uno de los mayores desafíos que enfrenta MBS es el del extremismo islámico enquistado en su país. Quince de los 19 terroristas que realizaron el atentado del 11-S del 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York eran sauditas. En el reino, la religión oficial es el wahabismo, una interpretación fundamentalista del Islam. También se arrogan los sauditas ser los guardianes de la fe al contener en su territorio los dos sitios más sagrados de esa religión, La Meca y Medina, visitados permanentemente por millones de musulmanes de todo el mundo. Son sunitas y están enfrentados desde siempre a los chiítas de Irán (son las dos corrientes mayoritarias del islamismo que luchan desde el siglo VI por la sucesión del profeta Mahoma).

En este momento, luchan en bandos opuestos en Siria y Yemen.

Precisamente, en ese país vecino, al final de la PenínsulaArábiga, tiene MBS el mayor reto internacional. Apenas asumió el ministerio de Defensa, se embarcó en una guerra apoyando al presidente yemení Saleh y combatiendo a los rebeldes hutíes armados por los iraníes. La aviación saudita lanzó 16.740 bombas sobre la población yemenita que dejó unos 10.000 muertos, de acuerdo a la organización de derechos humanos Yemen Data Proyect.

En el medio del conflicto, ya controlan territorio grupos cercanos a las redes terroristas de Al Qaeda y el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). A consecuencia de todo eso, Riad fue objetivo de varios misiles lanzados por los rebeldes desde territorio yemení. Los sectores sauditas más conservadores acusan a MBS de «traer la guerra a casa«. El príncipe se defiende: «Son terroristas que secuestraron el Islam después de 1979«, en referencia a la llegada del ayatollah Jomeini al poder en Teherán. «Y ya estaban entre nosotros desde hace mucho tiempo«.

Por ahora, MBS sigue teniendo a EstadosUnidos de su lado. El presidente Donald Trump le dio una gran recepción a fines de marzo en la CasaBlanca. Luego, el príncipe saudita se embarcó en «un tour americano» a bordo de su Boing 747 que tiene inscripto el Allah u-Akbar (Dios es grande) bajo las alas. Incluso, rompió el récord que tenía Nikita Kruschev en su fabulosa recorrida de 1959. Visitó cinco estados, se entrevistó con los cuatro ex presidentes vivos así como con JeffBezos y BillGates, estuvo en las redacciones de los cinco diarios más grandes y fue entrevistado en varios programas de televisión, incluido el de la archifamosa OprahWinfrey. Se mostró muy ameno y juvenil, con una postura principesca a pesar de sus kilos de mas y su incipiente pelada. Las columnas de chimentos dijeron que se lo veía mucho más elegante con su traje tradicional que en jeans y saco de corte antiguo. Su inglés no es muy bueno. Él fue uno de los pocos príncipes que no estudió en GranBretaña o EstadosUnidos. Recibió un título de abogado de la Universidad ReySaud. Y no tiene los contactos con el jet seat europeo como el resto de su extendida familia. Está casado, desde 2008, con su prima Sara bint Mashoor bin Abdulaziz Al Saud, con quien tiene cuatro hijos.

Pero no deja de darse sus gustos de multimillonario. Mientras pasaba unas vacaciones en el sur de FranciaBin Salman, se enamoró de un yate de 120 metros de eslora con helipuerto y piscina bautizado como Serene, propiedad del rey del vodka ruso, Yuri Shefler. Envió a uno de sus ayudantes con una oferta y menos de 24 horas más tarde lo había comprado por 500 millones de dólares. También aseguran que antes de ser nombrado príncipe heredero era un negociador muy duro. Hay testigos de reuniones en las que para dirimir alguna diferencia sacaba de su bolsillo una bala y la ponía en la mesa. Ya en el poder, ordenó la detención de más de decenas de periodistas, clérigos, intelectuales y activistas de derechos humanos. Y a pesar de que fue un gran promotor de las reformas que dieron el derecho a las mujeres a salir sin compañía y manejar sus automóviles, mantiene las imposiciones de censura sobre la prensa y varios sitios de Internet.

MBS repitió en todas sus entrevistas que está comprometido con la modernización total de su país y del resto de Medio Oriente. «En 30 años estaremos a la vanguardia de la transformación y nuestro reino será un ejemplo«, aseguró el príncipe a la revista Time. Pero tanto sus súbditos como los analistas internacionales aplican a MBS la regla de «creer pero verificar«. Mientras se plantean la duda: ¿será un rey modernizador o un absolutista moderno?, reseña Infobae