Preocupados por la espera, el sábado pasado un grupo de los afectados realizó una manifestación en Bogotá para pedir que se resuelvan sus casos.
En un pequeño apartamento del sur de Bogotá viven cuatro médicos cubanos que salieron de Venezuela hacia Colombia,para desde aquí intentar llegar a Estados Unidos.
Foto: Odetis Pérez Baró está especializada como ecografista. Tiene 32 años y llegó a Bogotá el 28 de enero de 2015. Estaba en Venezuela desde agosto de 2013.
Odetis Pérez Baró está hace unos siete meses en la capital colombiana; Yusel Mantilla casi igual; Carlos Hernández unos cuatro; y Maité Fuentes García es prácticamente una recién llegada, entró el 20 de julio a la ciudad, el mismo día en que abrió en La Habana la embajada de Estados Unidos.
Su plan era llegar, solicitar su adhesión al programa especial para admitir en Estados Unidos a profesionales médicos cubanos trabajando en misiones en el extranjero (Cuban Medical Professional Parole, CMPP), que les da beneficios de vivienda, alimento y la posibilidad de revalidar el título, y esperar los no más de tres meses que se supone dura el trámite para viajar a su destino soñado.
Pero algo no salió bien; sus solicitudes todavía no tienen respuesta.
Foto: Es odontólogo, tiene 25 años. Había llegado a Venezuela en enero de 2014 y salió hacia Colombia en abril de 2015.
Y no son los únicos. Según datos de autoridades colombianas, al menos 720 profesionales de la salud cubanos hicieron lo mismo (hay versiones que sugieren que son más).
Cruzaron la frontera, dejando sus puestos en las misiones médicas por las que la isla recibe petróleo y dinero del estado venezolano, pensando que la salida a EE.UU, sería relativamente fácil. Pero no fue así.
“ERA MÁS CHIQUITO QUE ESTO”
Odetis es la “jefa de la casa”, bromean los otros tres.
Es la que llegó primero y la mayor. Tiene 32 años, es médica y ecografista.
Llamarla “jefa” es un guiño a lo que sucedía en Venezuela, donde efectivamente había un jefe de casa que los controlaba en sus viviendas. En esas casas a veces vivían tres, a veces seis, a veces 12 personas. Todos coinciden en que las condiciones eran malas.
Carlos Hernández, odontólogo de 25 años, abre los brazos y dice: “Era más chiquito que esto”. “Esto” es la sala y cocina del apartamento, que tendrá unos 4 por 2 metros, más o menos.
“No había sábanas ni agua”, recuerda Yusel, rehabilitadora de 26 años, de su vivienda en Venezuela. Las zonas en las que habitaban eran duras.
“Yo vivía al lado de un basurero”, dice Carlos. “Yo vivía en un cerro”, cuenta Yusel. “A la parte de arriba le decían ‘La Tumbita’”.
“Un día llamaron a mi coordinador y le dijeron ‘no salgan, porque se va a formar”. También vio, en otra ocasión, cómo mataban a un muchacho, un adolescente, a balazos.
“PEOR QUE CUBA”
Sobre todo por la inseguridad, pero también en parte por la escasez, los cuatro profesionales de la salud coinciden en que, en base a su experiencia, Venezuela está “peor que Cuba”.
También coinciden los cuatro en que la tarea era dura. Trabajaban de lunes a sábado y algunos domingos. “Y en tiempos de elecciones teníamos que ir casa por casa”, cuenta Carlos.
Yusel explica que en su especialidad lo normal es ver 14 pacientes diarios, pero que en Venezuela se le duplicaban.
En principio, para estos jóvenes sin hijos, o como dice Carlos que no tienen “gaticos ni perritos”, salir a una misión tiene atractivo: mientras en Cuba pueden cobrar el equivalente a entre unos USD 30 y 75 al mes, en la misión en Venezuela recibían 3.000 bolívares más USD 200 depositados en su país.
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“DÁDIVAS GENEROSAS”
El dinero que lograron traer a Bogotá no les alcanza. Cada uno paga 350.000 pesos colombianos mensuales de alquiler (USD 110).
“Yo debo la renta”, dice Odetis, a quien le habían mandado algo de dinero de Cuba tras vender uno de sus equipos.
Todos llegaron con el dinero justo para sobrevivir los tres meses que creían que demoraría su trámite. Pero mientras el tiempo del papeleo se estira, el capital se va achicando.