El inversionista estadounidense Arif Joshi regresó esta semana a Nueva York tras un viaje a Caracas en el que evaluó las perspectivas económicas de Venezuela después del fin de la prolongada presidencia que dejó al país en default y aislado de los mercados globales.
Joshi, gestor de cartera en Bramshill Investments, que administra más de US $8.000 millones, participó en una serie de reuniones con la presidenta interina Delcy Rodríguez y otras autoridades, junto a analistas y gestores de fondos de cobertura. A su regreso, afirmó que los bonos venezolanos representan una “excelente inversión” y describió al país como una de las mayores oportunidades dentro de los mercados emergentes.
El optimismo se ha visto impulsado por recientes movimientos en el mercado de deuda de Venezuela: tras la captura del expresidente Nicolás Maduro en Estados Unidos, los bonos venezolanos experimentaron subidas significativas, reflejando apuestas de inversores por una eventual reestructuración de más de US $100 mil millones en deuda soberana y de PDVSA, la petrolera estatal.
Pese a estas señales positivas, todavía persisten riesgos considerables. Aún no está claro cómo Rodríguez abordará la enorme carga de deuda pública ni si las sanciones estadounidenses, que siguen vigentes, serán levantadas de forma definitiva, un paso clave para avanzar hacia cualquier plan de reestructuración.
El entorno político también juega un papel importante: Rodríguez ha protagonizado un giro hacia la atracción de inversión extranjera, participando en foros internacionales y promoviendo reformas legales, incluidas en sectores como hidrocarburos y minería, que buscan atraer capitales tras años de estancamiento económico.
Joshi destacó que existe un consenso creciente en Venezuela sobre la necesidad de estabilizar y crecer económicamente antes de convocar elecciones, planteando que esto podría ocurrir a finales de 2027 o principios de 2028. Tanto el gobierno interino como sectores de la oposición tendrían incentivos para impulsar la recuperación.
