Nieta de Juan Vicente Torrealba en su cumpleaños número 100: “Mi abuelo es todo un galán”

El compositor venezolano Juan Vicente Torrealba cumple 100 años, en plenas facultades físicas, según afirma su nieta Annaé Torrealba. Su familia, “Los Torrealberos” preparan una gran celebración para homenajear a uno de los músicos más grandes e importantes del país, propulsor de la tonada criolla.

Sabrina Machado/Panorama

No oculta su orgullo, su pasión, porque sí, hablar de Juan Vicente Torrealba es para ella una pasión, que brota a borbotones por la boca, como si se tratara de una cartilla aprendida, cuya ritualidad es alterada por los nudos de garganta que, cada cierto tiempo, le juegan en contra. Annaé Torrealba es una nieta orgullosa de su abuelo y de su legado Torrealbero, el cual defiende, profesa y promulga.

Este año la casa del “Arpa de Venezuela” se viste de fiesta, de aniversario, mejor dicho de centenario, a pesar que el cumpleañero rechace la palabra en cuestión por sonarle a “museo”, a “Simón Bolívar”, a “viejo”, al extremo que cambió la invitación de la celebración por “#los100deJuanVicente”.

A estos 100 años, Juan Vicente Torrealba llega arropado por su familia: su esposa Mirtha, con quien ha pasado la mitad de su vida, musa inspiradora de La Potra Zaina, 10 hijos, 12 nietos y 9 bisnietos. Annaé admite, entre risas, que no saben cuánto durará la celebración, lo que sí sabe con certeza es que será espléndida. “La del año pasado se extendió hasta junio”, dice feliz.

Para este año están previstos conciertos homenajes, bautizo de un nuevo disco de la actual cantante de Los Torrealberos. Son muchos los motivos para que reine la risa en la casa familiar, no es solo 100 años de vida, es la celebración a todo un legado, a 70 años de vida artística de una de las figuras más completas en el escenario nacional. Y no es poco lo que hay que celebrar.

 

 

En su paso por la música, por la proyección del llano nacional más allá de las fronteras patrias, Torrealba grabó más de 130 discos entre LP’s y grabaciones en 78 rpm, escribió más de 300 composiciones, su entrega ha sido reconocida con más de 45 condecoraciones y gracias a su trabajo fue señalado como una de las 100 personalidades latinoamericanas del siglo XX.

Entre los múltiples reconocimientos realizados al Maestro nacido en la hacienda Rosario, de Caracas, se encuentra haber sido nombrado profesor honorario de la Academia Militar de Venezuela y Patrimonio Cultural de la Música Universal por el Gobierno del Departamento del Meta, en Colombia. El 19 de noviembre de 2014 recibió el premio Grammy del Consejo Directivo, en una ceremonia realizada en el Teatro Hollywood del MGM Grand Hotel and Casino de Las Vegas, como parte de las celebraciones de la edición número 15 del Grammy Latino.

Ya son varios los años que el llamado “Maestro” se mantiene apartado de la bulla y las luces del escenario, debido a las emociones y el cansancio que esto le generaba; sin embargo, se mantiene en perfecta condición física y mental, renovado y actualizado, al lado del tuiter, del instagram y del youtube, medio por el cual disfruta de noches musicales, de diferentes géneros, comenta una de las mujeres consentidas de la familia, cualidad que más destaca de su legendario familiar: la osadía al momento de innovar. “Es un hombre visionario”.

“Uno de los hitos dentro del valor de Juan Vicente Torrealba en la música es la introducción del bajo dentro del conjunto criollo. Decimos arpa, cuatro y maracas porque originariamente era así, pero cuando llega Juan Vicente introduce la figura de los contrabajos dentro del conjunto; por supuesto, que al principio tuvo muchos detractores, muchas personas que estuvieron en contra, los puristas dijeron que era una abominación, que iba a acabar con la tradición, pero —hoy en día— no hay un solo conjunto criollo que no tenga un bajo en su conformación”, destaca la cabeza de la tercera generación Torrealbera.

A lo largo de la conversación, el rostro de felicidad y el brillo de admiración no desaparece un solo instante del rostro de la ahora cantante de La potra Zaina, Concierto en la Llanura, Rosario. Los logros, avances y arriesgadas apuestas del caraqueño son enumeradas sin cesar.

“Juan Vicente es un prócer de la cultura venezolana”, dice sin miramientos la orgullosa nieta, quien destaca el alto sentido de la mística profesional de Torrealba, su ética, entrega y compromiso. “Es un ejemplo, es un viejo roble, incólume, que nunca se ha corrompido por la fama. El dinero nunca lo ha sacado de sus valores, principios”, agrega, quien hoy recoge los frutos de una amplia y frondosa carrera, apoyaba en primera línea por su consentidor familiar.

 

 “Mi abuelo es el compañero ideal para comer helado. Le gusta el mantecado con el chocolate, revuelto. Le gusta mucho comer dulce”, señala su nieta Annaé Torrealba.

 

Aún recuerda la primera vez que le entregó un disco a Juan Vicente. Luego de realizar la visita respectiva de los fines de semana, después de comer, hablar, tomarse el café y ya estando por salir, le entregó Sangre Torrealbera. No se quedó a escuchar la opinión, a escrutar el rostro. Solo una voz, al otro lado del teléfono, la calmó momentos después: “Listo, aprobado”. Su abuela Mirtha fue la responsable de informar la resolución.

Juan Vicente lo escuchó dos veces sin emitir comentarios. Al final solo dijo: “Esto está bien Torrealbero”, henchido de orgullo, mismo que hoy muestra en los conciertos de Annaé, quien ha visto a su abuelo derramar lágrimas en su honor.

La vida de Annaé estuvo tocada por el compositor con apenas minutos de vida. Una de las anécdotas familiares es que justo a las 12:35 de la madrugada, en el quirófano donde nació, sonaba Concierto en la Llanura, uno de los grandes clásicos del llanero robado a Caracas. “En Venezuela había la tradición de sonar el Himno Nacional, el Alma Llanera y luego Concierto en la Llanura, eso era así en nuestro país, obligado en todas las emisoras”, relata la mujer, que en no pocas ocasiones lo llama “Maestro”, en vez de abuelo.

Años después, ella misma en carne propia vivió una experiencia absolutamente similar. Al nacer su primera hija en el quirófano se escuchaba Rosario, del ahora bisabuelo, como si la casualidad estuviera empeñada en marcar a dos generaciones.

A la par de los logros de quien es considerado por la cantante como una “figura representativa de la venezolanidad”, Annaé destaca la humildad y sencillez de su abuelo, hombre “familiar, consentidor, de gran humor y dedicación, hogareño y muy enamorado”, dice acompañada de una amplia sonrisa.

“Mi abuelo ha sido un galán toda su vida, pero muy respetuoso con la figura de la familia, del hogar. Nunca le falta un piropo. Es una persona increíblemente apasionada por la belleza femenina, sobretodo por una mujer bien acicalada, bien presentada. Es sumamente detallista, siempre tiene un piropo, algo poético”, revela, quien se muestra como una fans de la relación entre Juan Vicente y Mirtha, demostración de que con negociaciones y comunicación se puede lograr una gran relación.

Como abuelo asegura que el cantautor de Morichalito es demasiado consentidor, cariñoso, meloso, de gran humor y entregado a sus nietos, al extremo de salir casi en pijama y pantuflas, de madrugada, solo para inyectarla cuando lo ameritase, porque no iba a aceptar que ninguna enfermera “me hiciera llorar”.  Desde la comodidad de la casa, Juan Vicente Torrealba acompaña la carrera musical de su nieta, escucha sus propuestas, hace observaciones, disfruta de su inventiva. “Él se ha convertido en un filtro interesante para mi trabajo. No me guardo nada, apenas grabo, se lo mando. Me ha ayudado a escoger algunos temas y ha estado muy pendiente de mi desarrollo profesional”, señala en relación con quien fue el padrino de su disco Sangre Torrealbera.

Hasta los momentos la mujer ha grabado 18 canciones de Juan Vicente. Tiene propuesto mantenerlo vigente en cada uno de sus trabajos. Aceptó la responsabilidad de continuar el legado con el único propósito de dibujar una sonrisa en el rostro del principal Torrealba y difuminar la preocupación que se plantó en su rostro hace algunos años, cuando enfermó del corazón, al pensar que su música se apagaría con su muerte.

No obstante, un legado, una historia, una tonada le aseguran al “Arpa de Venezuela” un lugar digno en el cultura nacional.