En 1957, encerrado en una habitación de Filadelfia, un músico de 30 años atravesó en soledad el síndrome de abstinencia de la heroína. Cuando salió, describió lo ocurrido como un despertar espiritual por la gracia de Dios. Ese hombre era John Coltrane, y ese episodio marcó el comienzo de una transformación que convertiría al saxofón en un instrumento de indagación religiosa, matemática y política. Este miércoles 23 de septiembre se cumplen cien años de su nacimiento en Hamlet, Carolina del Norte, y su legado sigue expandiéndose mucho más allá del jazz: alcanza la física teórica, el rock psicodélico y hasta una iglesia que lo venera como santo.
John Coltrane nació en 1926 en el seno de una familia atravesada por la religión. Sus dos abuelos eran reverendos de la Iglesia Episcopal Metodista Africana y su padre también predicaba. Esa cadencia litúrgica, los himnos y la oratoria del púlpito se le grabaron desde la infancia. Pero en 1938, cuando tenía apenas 12 años, su padre, sus abuelos y una tía murieron en el lapso de unos meses. El duelo dejó a su madre sola para criarlo en plena Gran Depresión y sembró en el niño un estoicismo introspectivo que después se filtraría en su música.
La familia se mudó a Filadelfia en 1943 y allí recibió su primer saxofón. Tras un paso por la Marina de Estados Unidos, donde tocó en una banda de swing en Hawái, encadenó años de trabajo como músico de acompañamiento junto a figuras como Dizzy Gillespie y Johnny Hodges, absorbiendo el lenguaje del bebop que había inaugurado Charlie Parker. El salto a la primera línea llegó en 1955, cuando Miles Davis lo convocó para su célebre Primer Gran Quinteto (completado por Red Garland en piano, Paul Chambers en bajo y Philly Joe Jones en batería). Su estilo denso y arriesgado se convirtió en el contrapunto exacto de la frialdad lírica del trompetista. Ampliado a sexteto con la incorporación de “Cannonball” Adderley en saxofón alto, grabaron los increíbles Round About Midnight (1957) y Milestones (1958). Inolvidables.
Pero el éxito profesional convivía con un deterioro personal severo. Las giras de los años 50 exponían a los músicos afroamericanos a una segregación institucionalizada: dónde comer, dónde dormir, dónde usar un baño. En ese contexto, y siguiendo el camino trágico de Charlie Parker, el joven Coltrane desarrolló una severa adicción a la heroína y al alcohol que degradó su desempeño hasta el punto de quedarse dormido en el escenario. Miles Davis lo despidió en abril de 1957. En lugar de buscar tratamiento médico, Coltrane optó por desintoxicarse solo, en un cuarto. De esa experiencia límite surgió el compromiso que definiría el resto de su vida: usar la música como una fuerza para el bien.
Ocho horas diarias para traducir la física en jazz
Tras su recuperación, se convirtió en un estudiante obsesivo de la teoría musical, con jornadas de práctica de hasta ocho horas. En 1958, el crítico Ira Gitler acuñó el término “sábanas de sonido” para describir su nuevo vocabulario: líneas improvisadas hiperveloces, con arpegios superpuestos y polirritmias que barrían todo el registro del saxofón tenor en cascadas casi ininterrumpidas. Un tsunami de notas.
Ese pensamiento matemático alcanzó su punto máximo en 1959 y 1960 con los llamados Cambios Coltrane, un sistema armónico revolucionario, único e irrepetible. En “Giant Steps”, una de sus composición más célebres, los centros tonales forman un triángulo equilátero perfecto en el círculo armónico, y según los analistas, equivale a mantener una conversación fluida alternando entre tres idiomas distintos cada pocos segundos.

En 1967, poco antes de morir, entregó a otro saxofonista un diagrama manuscrito conocido hoy como el Círculo de Tonos de Coltrane. El astrofísico Stephon Alexander, de la Universidad de Dartmouth, institución de educación superior ubicada en New Hampshire, sostiene que ese esquema refleja principios geométricos afines a la mecánica cuántica: así como una partícula subatómica recorre simultáneamente todas las trayectorias posibles, Coltrane exploraba en su improvisación todas las resoluciones armónicas viables dentro de un mismo campo sonoro. El propio músico estudiaba con atención las teorías de la relatividad de Albert Einstein y hablaba abiertamente de traducir las leyes del cosmos en música.
El matrimonio con Alice Coltrane y la búsqueda espiritual
La curiosidad teológica de Coltrane se expandió después de 1957 hacia el islam, el hinduismo, el budismo y textos como el Bhagavad Gita. Esa exploración encontró un catalizador definitivo en Alice McLeod, pianista de Detroit formada en el góspel bautista y en el bebop parisino bajo la tutela de Bud Powell. Se casaron en 1965 y juntos profundizaron en la meditación y la musicología india, incorporando instrumentos como la tambura y el koto. En 1966, Alice reemplazó al pianista McCoy Tyner en el ensamble de su esposo.

Ese cambio coincidió con el giro hacia el free jazz más extremo, plasmado en discos como Ascension y Om, donde la métrica y la tonalidad tradicionales se disolvían en favor de una especie de catarsis colectiva. Tras la muerte de Coltrane en 1967, a causa de un cáncer de hígado, Alice adoptó el nombre sánscrito Turiyasangitananda, fundó un ashram (N. de la R.: centro de retiro espiritual de la tradición hindú) en California y continuó por su cuenta la senda mística que habían trazado juntos.
El 15 de septiembre de 1963, el Ku Klux Klan hizo estallar una bomba en una iglesia bautista de Birmingham, Alabama, y mató a cuatro niñas afroamericanas. Coltrane respondió con “Alabama”, una pieza instrumental estructurada según la cadencia exacta del panegírico que Martin Luther King Jr. pronunció por las víctimas: comienza con un lamento fúnebre del saxofón y culmina en un crescendo de tambores que traduce el llamado a la acción del propio discurso.
El poder espiritual atribuido a su música derivó en la fundación de la Iglesia Ortodoxa Africana de Saint John Coltrane, en San Francisco. Sus fundadores, Franzo y Marina King, asistieron a un concierto de Coltrane en 1965 y describieron la experiencia como un bautismo sonoro. En 1982, la congregación se unió a la Iglesia Ortodoxa Africana y canonizó a John Coltrane como su santo patrón. Hoy, el álbum A Love Supreme se emplea en la liturgia como texto sagrado: las ceremonias comienzan con el motivo de cuatro notas que abre el disco, y sus cuatro movimientos, “Acknowledgement”, “Resolution”, “Pursuance” y “Psalm”, se enseñan a los fieles como una vía para alcanzar la divinidad.
La discografía de Coltrane como líder abarca apenas una década, entre 1957 y 1967, pero incluye hitos como Blue Train, Giant Steps, My Favorite Things y A Love Supreme, este último grabado en una sola sesión el 9 de diciembre de 1964 y vendido en medio millón de copias en sus primeros cinco años. En 2007, cuarenta años después de su muerte, el Premio Pulitzer le otorgó una citación especial póstuma por su contribución a la música estadounidense. Hoy, a 100 años de su nacimiento, esa música espiritual y matemática, sigue sonando.
por INFOBAE
