El cantante ha revelado en su nueva serie documental ‘Cuando nadie me ve’ de Movistar Plus+ algunos de sus episodios más duros
El pasado martes 27 de enero, Alejandro Sanz estrenó en Movistar Plus+ Cuando nadie me ve, una serie documental que se aleja del retrato complaciente de la estrella internacional para adentrarse en los pliegues más frágiles de su vida personal. A lo largo de los episodios, el artista se muestra sin escudos, revisitando momentos decisivos marcados por el amor, el éxito y una exposición mediática que, en determinados momentos, terminó por desbordarlo. Uno de los capítulos más intensos es, sin duda, el que aborda su relación con Jaydy Michel, su primera esposa y uno de los grandes amores de su vida.
Sanz recuerda aquellos años como una etapa luminosa, pero también como el inicio de una presión insoportable. Su boda con la modelo mexicana coincidió con el momento más agresivo de su vínculo con la fama. Tras regresar de Bali, donde celebraron una ceremonia íntima y espiritual, la tranquilidad se evaporó de golpe. “Hubo muchos momentos maravillosos, pero cuando me casé con Jaydy y volvimos de Bali hubo una revolución, fue una locura”, explica.
En el documental, Alejandro no suaviza el relato. Habla de acoso, de límites traspasados y de una vigilancia constante por parte de los paparazzi que afectó directamente a su salud física y mental: “Los paparazzi son acosadores profesionales que se dedican a eso”. “Se saltaban semáforos, se subían a escaleras para tomar dentro de la casa fotos… te amenazan, te insultan… yo no daba crédito a lo que son capaces de hacer”, confiesa, y explica que aquella presión derivó en un estrés extremo que incluso se manifestó en su cuerpo.
“Debería estar prohibido. Debería ser ilegal. Fue muy duro. Se me caían los trozos de pelos, me salían calvas del estrés que me provocaban”, admite en el documental. Pero, en medio de esa desesperación, el músico relata una anécdota tan surrealista como reveladora para poner fin a este acoso: “Contratar a dos tipos vestidos de pollo y mandárselos a él y a su familia, ponerles en su casa y que les acompañe a todas partes”. El gesto, casi absurdo, terminó siendo efectivo y sirve en el documental como ejemplo del nivel de agotamiento al que había llegado: “Y funcionó. La mujer le dijo ‘el pollo o yo’”.
El fin de su matrimonio
Más allá del asedio mediático, Cuando nadie me ve también se detiene en el origen de la relación. Alejandro y Jaydy se conocieron en 1997 y, según recuerda el cantante, la conexión fue inmediata. Habla de una atracción intensa y de la belleza de abandonarse al sentimiento sin reservas. La boda, aunque no tuvo validez legal, ocupa un lugar central en su memoria emocional: “Notaba la felicidad en mi gente, mi familia… Fue un día muy especial. No creo que haya nada en el mundo que altere tu forma de ser más que el amor”.

Fruto de esa relación nació Manuela, en 2001, un acontecimiento que marcó profundamente al artista. “Había visto nacimientos de canciones, pero nunca de una persona. Es una mezcla de emociones increíble”, reflexiona. Sin embargo, poco después, su vida personal se complicó aún más con el nacimiento de Alexander, fruto de una relación extramatrimonial. Ese episodio terminó de resquebrajar una convivencia ya debilitada por la presión externa y los errores internos.
por INFOBAE
