Una jirafa puede permanecer quieta durante horas, con los ojos abiertos, y quienes la observan no siempre saben si está dormida. Esa quietud explica por qué resulta difícil fotografiar a estos animales durante las fases más profundas del sueño.
Las jirafas alternan períodos de alerta con pausas breves y solo se tumban en determinados momentos del ciclo de descanso. Factores como su tamaño, el esfuerzo que implica levantarse y la presencia de depredadores influyen en cuándo y cómo descansan.
¿Las jirafas duermen de pie?
Sí, pueden experimentar episodios de sueño ligero sin doblar las patas. Permanecer erguidas les permite reaccionar con rapidez ante posibles amenazas y evita el esfuerzo de levantarse desde el suelo.
Sin embargo, una jirafa inmóvil no está dormida: también puede estar vigilando o descansando sin entrar en un estado de sueño. Para alcanzar fases más profundas, suele recostarse y, en ocasiones, curva el cuello hasta apoyar la cabeza sobre el lomo.
Por qué los descansos duran tan poco
En libertad, una jirafa debe equilibrar la necesidad de descansar con la de mantenerse alerta ante los depredadores. Tumbarse puede dificultar una reacción inmediata, por lo que el animal debe elegir con cuidado cuándo hacerlo.
El lugar donde se detiene, la presencia de otros ejemplares y las condiciones del terreno también influyen en sus períodos de descanso.

El sueño profundo exige tumbarse
Las posturas en las que la jirafa se recuesta y curva el cuello se asocian con fases más profundas del sueño, incluido el sueño REM, identificado en estos animales. La posición resulta llamativa por la forma en que acomodan su largo cuello para apoyar la cabeza.
En zoológicos y reservas sin depredadores, las jirafas pueden adoptar estas posturas con mayor tranquilidad.

Por qué casi nunca las vemos dormir
Quienes visitan una reserva natural suelen hacerlo durante el día y por períodos limitados, cuando las jirafas pueden estar activas. Si las fases de sueño profundo son breves y se distribuyen a lo largo del ciclo de descanso, es fácil que pasen inadvertidas o se confundan con momentos de quietud.
La idea de que estos animales nunca descansan surge, en parte, de la dificultad para observar su comportamiento durante períodos prolongados. Las imágenes registradas por cámaras y observadores permiten distinguir las pausas en posición erguida de las posturas asociadas con el sueño más profundo.
