Más de 600 erizos han pasado por una casa escocesa que, puertas adentro, dejó de funcionar como una vivienda común

Más erizos han pasado unaFoto: Alexas_Fotos/Pixabay

Una vivienda en Burntisland, Escocia, dejó de funcionar como un hogar común. Andy Longhurst conduce autobuses y Sharon trabaja como agente de tránsito escolar, pero, al terminar su jornada laboral, ambos atienden una pequeña clínica instalada entre la cocina y el jardín.

Hasta noviembre de 2025, el refugio había recibido a más de 622 orizos. La iniciativa alcanzó esa cifra gracias a una red de voluntarios que colabora con el traslado y el cuidado diario de los animales rescatados.

Dos rescates que dieron origen al refugio

Todo empezó cuando la pareja encontró, cerca de Kirkcaldy, un orizo enfermo que necesitaba atención urgente. Como no pudieron coordinar su recogida con la Scottish SPCA, Sharon y Andy recorrieron cerca de 50 kilómetros de ida y vuelta hasta un hospital veterinario en Alloa.

Dos semanas más tarde, se repitió la situación con otro orizo que requería asistencia inmediata. Ambas experiencias mostraron a la pareja lo difícil que era para los vecinos de la zona conseguir ayuda sin recorrer largas distancias.

Nace el Burntisland Hedgehog Haven

De esa necesidad surgió, en marzo de 2023, el Burntisland Hedgehog Haven, un espacio para recibir orizos enfermos, heridos u huérfanos sin que nadie tuviera que desplazarse lejos. La noticia se difundió pronto entre los habitantes del pueblo y el número de animales entregados aumentó.

Los Longhurst adaptaron la propiedad a medida que llegaban más casos. El garaje se convirtió en una sala de cuidados intensivos con incubadoras térmicas y microscopios, mientras que un cobertizo pasó a ser una zona de rehabilitación.

Foto: Burntisland Hedgehog Haven

Un jardín convertido en maternidad

El patio también cambió de función: ahora alberga un sector exclusivo para las hembras que están criando. Así, el matrimonio puede atender al mismo tiempo a orizos en distintas etapas de recuperación.

La cantidad de ingresos depende de la temporada y de las necesidades de cada caso, pero la pareja cuenta con licencia para tratar hasta 40 ejemplares de manera simultánea. Esto convierte al lugar en una referencia cercana para quienes encuentran un orizo en apuros.

Foto: Burntisland Hedgehog Haven

El cuidado de las crías y los heridos

Las crías, conocidas como hoglets, suelen necesitar atención intensiva cuando pierden a sus madres o se separan de ellas. Los orizos más pequeños requieren calor constante, alimentación frecuente y vigilancia estrecha, ya que su salud puede deteriorarse en poco tiempo.

Sharon se encarga de buena parte de la rutina diaria: pesa a cada huésped, controla su evolución y determina quién necesita medicación o un período más largo de recuperación. Algunos casos requieren, además, intervención veterinaria especializada.

Una red de voluntarios sostiene el proyecto

Cuando llegan varias crías a la vez, la carga de trabajo aumenta y exige una organización estricta para compatibilizar las tareas del refugio con los empleos de la pareja. Por eso, el apoyo externo resulta clave para mantener la actividad diaria.

Un grupo de colaboradores se ocupa de limpiar los recintos, preparar la comida, pesar a los pacientes y llevar el registro de cada tratamiento. También existe una red informal de conductores, apodada cariñosamente «hogbulance», que traslada a los animales desde el lugar donde fueron encontrados hasta la casa de los Longhurst.

Gracias a esa red de voluntarios, el refugio recibe orizos de distintas zonas de Fife, más allá de Burntisland. Así, una vivienda familiar en Escocia se convirtió en un punto de referencia para atender a orizos que podrían quedarse sin ayuda.

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