El matrimonio estadounidense Kristine y Douglas Tompkins construyó su fortuna en las industrias de la moda y el equipamiento para actividades al aire libre. Más tarde, vendió sus empresas y destinó parte de sus recursos a comprar tierras en Chile y Argentina para impulsar proyectos de conservación ambiental.
Su objetivo era transformar esos terrenos en áreas protegidas de acceso público, preservar ecosistemas amenazados y recuperar especies nativas.
Con el tiempo, la iniciativa privada dio lugar a acuerdos con los gobiernos que facilitaron la creación de parques nacionales y la ampliación de reservas naturales en América del Sur.
La expansión territorial desde los años noventa
A principios de la década de 1990, Douglas comenzó a adquirir terrenos en la Patagonia chilena. El proyecto se extendió progresivamente a otras zonas de Chile y Argentina, con el propósito de proteger bosques, humedales y fauna autóctona.
La compra de grandes extensiones por parte de inversores extranjeros generó debates sobre la soberanía territorial y el control de los recursos naturales. Sin embargo, las iniciativas de conservación también abrieron la posibilidad de establecer acuerdos para incorporar esos espacios al sistema de áreas protegidas de ambos países.
El acuerdo chileno de 2017 y sus resultados
En 2017, la fundación de la familia Tompkins llegó a un acuerdo con el Gobierno de Chile para donar 407.625 hectáreas al Estado. A cambio, las autoridades se comprometieron a crear nuevos parques nacionales y ampliar áreas protegidas existentes mediante terrenos fiscales.
El Parque Nacional Pumalín Douglas Tompkins, situado en el sur de Chile, se convirtió en uno de los principales símbolos de esta colaboración. Sus bosques templados, ríos y fiordos forman parte de los ecosistemas característicos de la Patagonia.
En abril de 2019 se formalizó la transferencia al Estado de los parques Pumalín y Patagonia, lo que consolidó una etapa importante del proyecto de conservación.
El legado ambiental en Argentina y la continuidad del proyecto
En Argentina, el matrimonio impulsó iniciativas de restauración ecológica en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes. Allí apoyó programas de recuperación de especies nativas y restauración de ambientes degradados, con el objetivo de favorecer la regeneración de los ecosistemas.
Douglas Tompkins murió en 2015, a los 72 años, tras sufrir un accidente mientras practicaba kayak en el sur de Chile. Después de su fallecimiento, Kristine continuó al frente de los proyectos ambientales y mantuvo el compromiso de ampliar las áreas protegidas.
La filosofía que guio al matrimonio
La conservación no se limitaba a adquirir tierras. Douglas defendía la idea de que las personas debían asumir una responsabilidad activa en el cuidado del planeta. En una de sus reflexiones, expresó:
«Recibimos tanto de la vida, tanto de la tierra, tanto unos de otros, que precisamos participar, precisamos devolver a la naturaleza, precisamos pagar un alquiler para vivir en este planeta».
Tras su muerte, Kristine recordó que su marido había llegado a la conclusión de que mantener las tierras bajo propiedad privada no bastaba para acercar a las personas a la naturaleza. La creación de parques públicos permitía que los visitantes conocieran esos lugares y desarrollaran un vínculo con ellos.
Para Douglas, los parques nacionales representaban una expresión de la democracia porque pertenecen a toda la ciudadanía. Esa idea definió el enfoque de los Tompkins: proteger ecosistemas y, al mismo tiempo, facilitar que las personas pudieran conocerlos y valorarlos.
