Enrique W. Guzmán: 4 meses

Por esas cosas de la vida he visto el reloj y son aquí en Italia las 6:04 pm e inmediatamente mi mente viaja a La Guaira y, sin darme cuenta, hago mi propio tributo a aquellos que no sobrevivieron al doble terremoto, a la vez que pido por aquellos, conocidos y desconocidos, que han perdido algún ser querido, sus casas, sus negocios y la normalidad de sus vidas.

Pido para que algún día puedan dar sepultura aunque sea a los huesos de esa persona que solo queda viva en el recuerdo y en sus corazones. Porque también queda pendiente algo tan humano como poder despedirse.

Se han hecho cosas, pero todavía queda muuuuuucho por hacer, tanto en lo material como en lo inmaterial, que es incluso más importante.

Hay que ser realista: una reconstrucción de esta magnitud requiere tiempo. Aun así, el sentido de urgencia debería percibirse en cada decisión. Una urgencia que tendría que verse en avances concretos, plazos claros y respuestas para quienes siguen esperando.

A lo mejor me equivoco cuando digo que me da la sensación de que algunas cosas sirven más como propaganda para lavar el rostro de la ineficiencia en lugar de cumplir su objetivo real: regresarle una vida digna y de calidad a las personas.

Que no se hable de La Guaira a diario no significa que ella y su gente ya estén bien, simplemente han dejado de ser noticia y tendencia.

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