Muchas personas creen que pasar jabón por las fresas antes de comerlas elimina bacterias y tierra con mayor eficacia. La realidad es distinta: la piel de esta fruta tiene poros diminutos que absorben restos de detergente, incluso después de un enjuague prolongado.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, conocida como FDA, recomienda limpiar frutas y verduras únicamente bajo el chorro del grifo, sin jabón ni productos de limpieza domésticos.
La recomendación se relaciona con la estructura porosa de la fresa, más vulnerable que la de otros vegetales.
Por qué el jabón penetra en la fruta
La fresa (Fragaria ananassa), tiene una cubierta externa fina, con pequeños orificios naturales. Esa textura porosa deja pasar con facilidad líquidos espumosos, a diferencia de lo que ocurre con alimentos de cáscara gruesa como el melón o la calabaza.
Cuando el detergente entra en contacto con la pulpa húmeda, parte de sus componentes químicos queda atrapada en el tejido comestible. Frotar la fruta con las manos o enjuagarla varias veces no retira los residuos ya absorbidos, porque el agua no disuelve lo que quedó atrapado.
Lo que sí logra el agua corriente
El chorro continuo arrastra tierra visible, insectos pequeños y buena parte de los microorganismos que quedan pegados en la superficie. No elimina todos los microbios, pero reduce la carga inicial y evita exponer el cuerpo a químicos pensados para lavar platos, no alimentos.
Pasos para una limpieza segura en casa
Antes de manipular cualquier alimento, hay que lavarse bien las manos con jabón, que cumple allí su función higiénica sin riesgo de contaminar la comida. Después, hay que pasar cada fresa por el chorro de agua potable y sostenerla con cuidado para no dañar su textura delicada.
Secar las fresas con papel absorbente antes de guardarlas en la nevera ayuda a frenar la aparición de moho y prolonga su frescura por más tiempo.
Por qué las fresas son más vulnerables que otras frutas y verduras
La Fragaria ananassa tiene una estructura distinta de la de otros alimentos frescos, como los melones y las calabazas, que poseen cáscaras gruesas e impermeables. Las fresas tienen una película externa frágil, cubierta de pequeños orificios naturales, que facilita la penetración de sustancias externas, químicas o de otro tipo.
Esta porosidad exige a la fresa un cuidado distinto del que necesitan otras frutas. Por eso organismos como la FDA ponen el foco en ella: cualquier contacto con agentes químicos plantea un problema de seguridad alimentaria.
