Bajo casi 4 kilómetros de hielo, en uno de los puntos más gélidos del planeta, se esconde una masa líquida capaz de llenar uno de los grandes reservorios de la Tierra.
Se trata del Lago Vostok, ubicado en la Antártida Oriental, que contiene aproximadamente 5.400 kilómetros cúbicos pese a las temperaturas extremas que dominan la región.
Su cuenca alcanza unos 1.067 metros de profundidad y forma un entorno completamente aislado del exterior. En el fondo, la presión y el calor que asciende desde el interior de la Tierra evitan que el agua se congele por completo.
Un mundo aislado bajo el hielo
El lago no ocupa una cavidad simple: una cresta sumergida lo divide en dos sectores y modifica la circulación del agua. Esta estructura geológica, junto con el aislamiento térmico y la presión, ayuda a mantener el equilibrio del sistema.
Una revisión publicada en la revista Biology calcula un volumen cercano a los 5.400 kilómetros cúbicos y una profundidad máxima de 1.067 metros. Estas cifras ubican al lago entre los principales sistemas subglaciales conocidos y entre los mayores depósitos de agua dulce del planeta.
Dónde se localiza este reservorio oculto
El lago se encuentra en el interior de la Antártida Oriental, cerca de la estación rusa del mismo nombre y a unos 1.300 kilómetros del Polo Sur. La capa de hielo que lo cubre no tiene un espesor uniforme: ronda los 3.700 metros en algunos sectores y supera los 4.000 metros en otros.
El Lago Vostok es considerado el mayor de los lagos subglaciales identificados en la Antártida hasta ahora. Científicos rusos lograron perforar la capa de hielo y alcanzar su superficie en 2012, un hito que permitió confirmar la existencia de esta masa líquida oculta desde hace millones de años.
Cómo se mantiene líquida el agua a esa profundidad
La explicación combina tres factores: presión, aislamiento térmico y calor proveniente de las profundidades del planeta.
El enorme peso de la capa helada reduce el punto de congelamiento y actúa como una barrera que impide que el frío superficial llegue hasta el fondo de la cuenca.
El flujo geotérmico que sube desde el interior terrestre aporta la energía necesaria para frenar el congelamiento total. Este equilibrio entre frío extremo y calor interno sostiene un ecosistema completamente aislado de la superficie.
