En el invierno de 2024, una grieta de casi 89 mil kilómetros cuadrados se abrió en la bahía de Breid, en la Antártida Oriental, sobre un área que normalmente permanece cubierta por hielo marino. La abertura, llamada polinia, tiene un tamaño comparable al de Portugal, y estas formaciones son raras durante el invierno antártico.
Un estudio publicado en 2026 en Geophysical Research Letters reveló que el fenómeno fue causado por una combinación inusual de factores atmosféricos y oceánicos, que se intensificaron en un corto lapso: seis ríos atmosféricos extremos, olas de calor y el ascenso de masas de agua más cálidas.
Los investigadores lo clasificaron como un fenómeno sin precedentes en el registro de observaciones por satélite, iniciado en 1979.
Cómo los ríos atmosféricos bloquearon la congelación
Antes de que apareciera la polinia, la concentración del hielo marino ya había disminuido en la región: pasó de aproximadamente 96% a principios de julio a menos del 25% el día 30.
Entre julio y agosto, seis corrientes de vapor de agua — conocidas como «ríos en el cielo» — atravesaron la zona y transportaron grandes volúmenes de humedad hacia el polo.
Ese transporte de humedad superó el percentil 99 del registro histórico de 1979 a 2023. El aumento de la radiación de onda larga calentó la atmósfera, mantuvo la nieve relativamente templada y generó flujos de calor hacia el océano. Durante esos episodios, el calentamiento atmosférico alcanzó aproximadamente 19 grados Celsius por encima de lo normal.
El aire caliente no solo derritió el hielo directamente: también impidió que se formara hielo nuevo justo cuando el océano comenzaba a liberar calor desde abajo.

El papel de los vientos y las aguas profundas
Mientras la atmósfera dificultaba el congelamiento, las corrientes marinas prolongaron la apertura. Vientos intensos generaron lo que los científicos denominan succión de Ekman, un mecanismo por el que el movimiento de la capa superficial del agua hace subir masas procedentes de mayor profundidad.
En la Bahía de Breid, este proceso llevó a la superficie el Agua Profunda Circumpolar, naturalmente más cálida que las aguas típicamente expuestas al frío del invierno antártico.
La temperatura de la parte superior del océano aumentó aproximadamente 0,6 grados Celsius. Olas de calor marinas persistentes se sumaron a este calentamiento e incrementaron aún más la transferencia de calor hacia el hielo restante.
La combinación entre el bloqueo atmosférico y el calentamiento ascendente desde el océano permitió que la polinia surgiera y permaneciera abierta durante semanas en pleno invierno.
La abertura alcanzó su tamaño máximo de 89.121 kilómetros cuadrados el 4 de agosto de 2024. El dato muestra cómo fenómenos simultáneos en la atmósfera y el océano pueden reconfigurar rápidamente superficies que parecían estables después de décadas de monitoreo satelital.
