La cadena holandesa Hans Anders dejó de vender las gafas inteligentes Ray-Ban, fabricadas junto con Meta, en sus tiendas de los Países Bajos y Bélgica.
La empresa, una de las distribuidoras de óptica más grandes de la región, justificó la medida por el debate político y social que generó el dispositivo.
El problema central es la cámara integrada en la montura, capaz de grabar video sin que las personas alrededor lo noten. Esa posibilidad despertó alarma entre reguladores y organizaciones civiles en varios países europeos.
Presión regulatoria y reclamos civiles
La autoridad de protección de datos de Países Bajos advirtió que compartir grabaciones donde aparezcan personas reconocibles requiere su consentimiento, algo casi imposible de garantizar en la calle o en un bar.
La organización de consumidores Consumentenbond amenazó con demandar a Meta si no ajusta el producto a las normas locales de privacidad.
El colectivo Offlimits, dedicado a combatir abusos digitales, pidió a Meta y a EssilorLuxottica, dueña de la marca Ray-Ban, que retiren el producto del mercado hasta resolver el riesgo de grabaciones ocultas.
Rechazo que se extiende por el mundo
En Reino Unido, la cadena de bares Wetherspoon ya había limitado el uso de las gafas dentro de sus locales por temor a filmaciones no autorizadas. En Estados Unidos, Meta enfrenta un proceso en el que se alega que vídeos capturados por los lentes fueron visualizados por anotadores humanos sin el conocimiento de las personas filmadas.
Organizaciones de defensa del consumidor en Brasil también recurrieron a organismos federales para pedir que se investigue si el dispositivo viola la legislación de protección de datos del país, según el portal G1.
La defensa de Meta y el peso comercial
Meta sostiene que cada par con cámara incluye una luz frontal que parpadea al tomar una foto o grabar. La compañía afirma que es imposible apagarla y que el lente se bloquea si alguien intenta cubrirlo o manipularlo. También insiste en que el producto es exitoso entre los consumidores y que seguirá invirtiendo en su desarrollo.
Hans Anders pertenece a Nexeye, filial de la firma de inversión KKR que administra 776 tiendas en cinco países europeos, aunque la suspensión de ventas solo aplica en dos de ellos.
La salida de un distribuidor con esa red de locales muestra que la presión de reguladores y grupos civiles puede frenar la expansión de un producto, incluso cuando proviene de una de las empresas tecnológicas más grandes del mundo.
