Enrique W. Guzmán: Coopetencia

Hace unos treinta años, mi amigo Domingo Gil compartió conmigo un libro. Ninguno de los dos sabe hoy dónde terminó aquel libro ni quién se quedó con él, pero de allí salió una palabra que se me quedó grabada: coopetencia.
La idea cabía en tres palabras: *cooperar para competir.*
Me fascinó inmediatamente.
En 2015 la retomé en un proyecto que llamamos “Ideas por Venezuela, Think Tank”, con el que pretendíamos crear un espacio para pensar el país y proponer ideas que contribuyeran a su desarrollo. Publicamos dos artículos y ahí quedó. Uno de ellos era sobre coopetencia.
Lo encontré nuevamente once años después y me dio curiosidad leer lo que había escrito entonces. Hay cosas que hoy escribiría de otra manera, pero la idea que me llevó a escribirlo sigue siendo exactamente la misma: *cooperar para competir.*
Imaginemos una calle en Tucacas donde hay cinco posadas. Cada una tiene características distintas, su propia oferta y su propia manera de atraer clientes. El problema es que ninguna tiene clientes.
La razón está a la vista: la calle está destruida. Y cuando digo destruida no hablo de huecos, sino de cráteres. Llegar hasta cualquiera de las cinco posadas es prácticamente imposible.
Los cinco propietarios pueden mejorar sus habitaciones, bajar los precios, invertir en publicidad o contratar al mejor community manager de Venezuela. Poco importa si los clientes no pueden llegar.
Así que se ponen de acuerdo, reúnen recursos y pavimentan la calle.
Una vez resuelto el problema del acceso, cada uno vuelve a competir como mejor le parezca. Uno podrá hacerlo por precio, otro por servicio, otro por instalaciones o por cualquier otra cosa que lo diferencie de los demás.
*Cooperaron para competir.*
Eso es *coopetencia.*
Ahora bien, en un momento en que el país vuelve a estar en una encrucijada política, llena de actores, cada uno con su posición, sus intereses y su propia idea de hacia dónde debería ir, me pregunto si alguno habrá oído hablar de la coopetencia y qué pasaría si se atreviera a practicarla.
Porque quizás antes de discutir quién tiene la mejor posada convendría mirar cómo está la calle.
Cooperar lo han intentado muchas veces: pactos, mesas, frentes de unidad. La coopetencia es otra cosa. Nadie entrega su posada ni renuncia a ganarle clientes al vecino. Se arregla la calle, y al día siguiente la competencia sigue donde estaba.
La pregunta, entonces, es ¿Qué estarían dispuestos a construir juntos sabiendo que, una vez hecho, volverán a competir?
Eso es lo que me sigue interesando de la coopetencia treinta años después de haber escuchado aquella palabra por primera vez: no convierte adversarios en aliados permanentes ni exige consensos sobre todo.
En 2015 terminé aquel artículo diciendo que la coopetencia no era una iniciativa ni una corriente política. Once años después sigo pensando lo mismo, y también que aquella definición de tres palabras sigue siendo suficiente: *cooperar para competir.*
P.D.: Domingo, pregúntale a Carlitos por el libro a ver qué te dice.
Enrique Guzmán
Octubre 2026.

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