Qué dice la psicología sobre el deporte que elegimos

A veces la elección aparece como algo mínimo: una pelota que rueda entre amigos, una pileta silenciosa a primera hora o las zapatillas junto a la puerta después de una noche difícil. El deporte que una persona sostiene en el tiempo puede expresar necesidades emocionales, vínculos, deseos de autonomía y formas de atravesar el estrés, aunque no existe una disciplina que corresponda de forma automática a cada personalidad.

Alguien puede ser reservado y disfrutar del fútbol cada semana. Otra persona puede hablar con facilidad, tener muchos amigos y elegir correr sola durante horas. La relación entre carácter y actividad física no funciona como una etiqueta fija. Intervienen la historia familiar, los modelos cercanos, la edad, las condiciones físicas y las oportunidades.

Los especialistas consultados por Infobae coincidieron en que importa menos el motivo inicial que la razón por la que una práctica logra permanecer. A veces, una persona empieza por acompañar a un amigo. Después descubre que esa cancha, ese grupo o ese momento de calma le ofrecen algo que necesita.

Una mujer en ropa deportiva sostiene una raqueta sentada en un banco de madera junto a pelotas dispersas sobre la tierra batida.En los deportes de resistencia, muchas personas encuentran una meta vinculada con la autosuperación (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿La personalidad define qué deporte elige una persona?

El psiquiatra y psicoanalista Harry Campos Cervera señaló que los rasgos de personalidad no determinan de forma absoluta la disciplina elegida. Una persona tímida puede sentirse cómoda en un deporte colectivo, mientras que alguien extrovertido puede encontrar bienestar en una maratón.

Según el experto, la diferencia puede aparecer con el paso del tiempo: “El deporte que uno mantiene a largo tiempo sí va teniendo más que ver con los rasgos de personalidad del sujeto”.

Las personas extrovertidas suelen buscar más estímulos e interacción. Eso puede favorecer la continuidad en actividades grupales. Quienes prefieren una menor exposición pueden inclinarse por prácticas más solitarias. “Las personalidades extrovertidas, a la larga, tienen más tendencia a tener deportes más colectivos”, resumió el especialista, quien aclaró que esa relación “no es determinante”.

Hay quienes llegan a entrenar con la cabeza cargada de pendientes o una conversación que vuelve una y otra vez. En ese caso, correr puede convertirse en una pausa. El ritmo de los pasos y la respiración ofrecen una forma de ordenar aquello que parece disperso.

Un hombre sentado en el borde de una cama se ata los cordones de sus zapatillas deportivas en una habitación iluminada por el amanecer.Correr puede convertirse en un momento de pausa y orden frente al estrés cotidiano (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por qué los deportes de equipo pueden fortalecer la pertenencia

El médico psicoanalista Ricardo A. Rubinstein, miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), propuso hablar de tendencias, preferencias y necesidades antes que de categorías fijas. “Hay necesidades que a alguien, en determinado momento de la vida, le pueden venir bien”, afirmó.

Para quien busca inclusión, cooperación o compañía, un deporte grupal puede ocupar un lugar importante. “El deporte de equipo brinda toda esta pertenencia. Yo soy, yo cuento con estos amigos. Este elemento social es fundamental”, señaló Rubinstein.

No se trata solo del partido. También cuentan los mensajes para organizar el encuentro, el saludo en el vestuario, el café posterior o el asado. En esos espacios aparecen vínculos, colaboración y una rutina compartida, según Rubinstein: “No solo interviene el deporte propiamente dicho, sino el tercer tiempo, los momentos pre y pospartido, el cafecito, el asado, la amistad y la compañía en distintos momentos”.

Campos Cervera también relacionó los deportes colectivos con el deseo de pertenecer y compartir emociones. Ganar, perder, frustrarse o celebrar una jugada deja de ser una experiencia solitaria. El grupo puede convertirse en una red afectiva, en especial durante momentos de cambios, soledad o desarraigo.

Cuatro hombres con uniformes deportivos manchados de tierra están sentados en un banco de madera con vasos de café y calzado en el suelo.Los entrenamientos grupales pueden fortalecer la sensación de inclusión y compañía (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Qué buscan quienes prefieren los deportes individuales?

Nadar, correr, pedalear o preparar un triatlón pueden ofrecer un espacio de autonomía. La competencia, cuando existe, puede ser contra un reloj, una distancia o una marca propia.

Rubinstein explicó que los deportes de resistencia pueden atraer a quienes buscan continuidad, orden y autosuperación. “Una estructura que les permita organización y autosuperación” puede influir en esa elección, sostuvo.

Hay personas que encuentran tranquilidad en registrar kilómetros, seguir un plan de entrenamiento o comprobar que hoy pudieron avanzar un poco más que hace un mes. El movimiento no resuelve por sí solo aquello que duele, pero puede modificar la relación con el malestar: el cuerpo se activa y los pensamientos, aunque no desaparecen, dejan de sentirse inmóviles.

Una persona con casco, arnés y calzado de escalada asciende una pared vertical de piedra junto a una cuerda y mosquetones.Los deportes extremos exigen preparación física, técnica y una evaluación de los riesgos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La especialista en psicología del deporte Laura Spaccarotella afirmó que la práctica también influye sobre quien la sostiene. “La actividad deportiva elegida influye sobre la personalidad del deportista”, planteó. Según indicó, quienes realizan actividad física suelen mostrar mayor independencia, seguridad y capacidad de adaptación.

El perfeccionismo y la competencia

Spaccarotella advirtió que las diferencias no dependen solo de si una disciplina es individual o colectiva. También influyen el puesto dentro de un equipo y el nivel competitivo. “Algunos prefieren entrenar evitando la instancia competitiva”, explicó.

Para ciertas personas, competir supone motivación. Para otras, puede traer presión, temor al error o la sensación de no estar a la altura. El perfeccionismo también cambia de sentido según cómo se viva: puede impulsar la mejora, pero en exceso puede transformar cada falla en una prueba de insuficiencia.

Hombre adulto con sudadera gris y capucha, guantes de boxeo negros, golpeando un saco de boxeo rojo. Su rostro tiene sudor y una expresión de enojo. Fondo de gimnasio.La práctica sostenida de una actividad física puede influir en la seguridad, la independencia y la adaptación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La práctica deportiva, además, puede cambiar con la vida. Rubinstein señaló que influyen las necesidades emocionales, la edad y la aptitud física. Una persona puede dejar una actividad de alto impacto y elegir otra con menos riesgo de lesión. También puede combinar deportes para encontrar, en cada uno, algo distinto: “Hay gente que practica más de un deporte y pone en juego todo un abanico de posibilidades”.

¿Qué lugar ocupan los deportes de contacto y extremos?

Rubinstein sostuvo que “la agresión está en juego en todas las actividades deportivas, de manera más directa o de manera más sublimada”. En una disciplina de contacto, esa energía aparece de forma más visible, pero dentro de reglas y límites. El deporte puede ser una vía para canalizar tensión, competencia y agresividad sin llevarlas de modo directo a la vida cotidiana.

Por su parte, Spaccarotella agregó: “Los deportistas de deportes de combate se distinguen por la búsqueda de sensaciones, tendencia al aburrimiento y alta tolerancia al estrés”. En actividades extremas, como el alpinismo, el parapente o el kayak, pueden aparecer deseos de intensidad, riesgo o prueba personal.

La especialista remarcó que estas prácticas requieren un abordaje integral de la salud. “Algunos pueden estar en condiciones de mayores riesgos que otros, tanto desde lo físico como desde lo mental”, advirtió.

La disciplina elegida puede empezar por azar, una recomendación o la cercanía de un club. Lo que permanece suele tener otra profundidad: el abrazo después de un gol, el silencio de una calle al amanecer o el cansancio que ayuda a dormir. Cada persona encuentra allí una forma distinta de estar consigo misma y con los demás.

por INFOBAE

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