Hornear la remolacha envuelta en papel de aluminio, e en lugar de cocinarla en una olla a presión. Conserva mejor el sabor característico, el color rojo púrpura intenso y los nutrientes del vegetal, según chefs y expertos en gastronomía consultados por Itatiaia.
Cuando la remolacha se sumerge directamente en agua, los compuestos solubles migran al líquido, decoloran el vegetal y diluyen su sabor terroso y ligeramente dulce. En el horno, protegida por papel de aluminio, la remolacha se cocina en su propio vapor concentrado y evita esa pérdida de propiedades.
Por qué el horno preserva mejor el sabor
El vapor atrapado dentro del envoltorio de aluminio mantiene la remolacha en sus propios líquidos y concentra sus características naturales. El calor del horno se distribuye de forma diferente al de la ebullición. Así, las piezas conservan una textura más firme y uniforme sin desmoronarse con facilidad.
La chef y presentadora Rita Lobo utiliza esta técnica en varias recetas, especialmente para ensaladas. El método funciona bien porque el cierre hermético del papel mantiene el vapor durante toda la cocción.
Cómo hornear remolacha: pasos prácticos
Precalienta el horno a 200 grados Celsius, e mientras se calienta, lava bien las remolachas para eliminar la tierra. Luego, corta la parte superior con el tallo y divide cada una por la mitad a lo largo.
Coloca un trozo grande de papel de aluminio sobre una bandeja para hornear. Acomoda las mitades de remolacha en el centro. Rocía con un chorrito de aceite de oliva, añade una pizca de sal y, si lo deseas, dientes de ajo enteros sin pelar para darle más sabor.
Cierra el papel formando un sobre hermético bien doblado; este cierre es fundamental para que el vapor se mantenga concentrado durante todo el proceso.
Lleva al horno entre 25 y 50 minutos, e el tiempo varía principalmente según el tamaño y la edad de las remolachas. Para comprobar el punto de cocción, pínchalas con un tenedor y verifica que estén blandas.
Cómo pelar remolacha horneada sin complicaciones
Al retirar la bandeja del horno, abre el papel de aluminio con cuidado porque el vapor acumulado sale muy caliente y puede causar quemaduras. Espera a que la remolacha se enfríe lo suficiente para manipularla con las manos.
En la mayoría de los casos, la cáscara se despega fácilmente al tirar de ella con los dedos. Si es necesario, utiliza un cuchillo pequeño en las zonas más adheridas, aunque generalmente se desprende sola después de hornear la remolacha.
El vapor como alternativa al agua hirviendo
Cocinar al vapor es otra opción que evita el contacto directo de la remolacha con el exceso de agua. Para los chefs especializados, este método también resulta interesante porque preserva el sabor, los nutrientes y el color del vegetal.
La recomendación es cortar las remolachas en piezas grandes: cuanto menor sea el área de contacto durante la preparación, menor será la pérdida de compuestos hacia el exterior.
Tanto el horno como el vapor ofrecen resultados superiores a la cocción tradicional en agua hirviendo y permiten disfrutar de remolachas con toda su intensidad gastronómica.
