Él se ausentó durante 54 minutos, ella ahorcó a sus tres hijos y se tiró por la ventana

Martes 24 de enero de 2023, ocho de la mañana. Lindsay Clancy (32 años) sale de su casa ubicada en el número 47 de la calle Summer, en Duxbury, Massachusetts, Estados Unidos, con Cora (5), la mayor de sus tres hijos. Se suben al auto y dejan atrás la construcción de tres plantas rodeada de parque. Se dirigen al turno que tienen con la pediatra porque Cora manifiesta frecuentes problemas intestinales.

Patrick (35), su marido, se queda con los dos menores: Dawson (3) y Callan (8 meses). A las 8.17 le manda a su mujer una foto de Dawson. Le cuenta que por primera vez se ha vestido solo. Es todo un logro. A las 8.18 Lindsay festeja y responde con otra foto: Cora en el consultorio.

La consulta es breve. La pediatra le prescribe un laxante, MiraLax. A las 8.30 madre e hija vuelven a casa. Patrick ahora se prepara para bajar al sótano, donde tiene montada su oficina. Como todos los días, se dispone a trabajar. Teletrabaja en ventas para una empresa de tecnología y cada tanto le toca realizar algún viaje de negocios. Lindsay es enfermera de trabajo de parto en el Hospital General de Massachusetts, pero todavía sigue de licencia por maternidad. No se ha reincorporado luego del nacimiento de Callan en mayo de 2022.

Hoy ella parece estar de buen humor y todo ronda la rutina familiar de una jornada más.

Pero no será uno más. Será el último para varios de la familia.

Lindsay y Patrick se siguen hablando por mensaje de texto desde sus celulares. Ella está arriba con los chicos, él debajo en su despacho.

LINDSAY PATRICK CLANCYUna foto de la boda de Patrick y Lindsay Clancy

A las 16.02 Lindsay busca por internet en su teléfono el remedio que le aconsejó la doctora: “kids Miralax”. Luego busca “take out 3v”. Es un restaurante llamado ThreeV al que busca en google maps. A las 16.48 Lindsay llama a una farmacia CVS de Kingston y pregunta por un medicamento para el estreñimiento infantil. La empleada la asesora. Cinco minutos después Lindsay le escribe a Patrick: “No he cocinado nada. Ha sido un largo día” y le pregunta si quiere pedir comida. Sí, eso harán. A las 17.10 Lindsay llama al restaurante ThreeV y encarga: una ensalada mediterránea para ella, un risotto con vieiras y panceta para él. Para los chicos ya tiene comida.

Patrick sigue trabajando unos minutos más y a las 17.15 sale para ir a buscar el pedido. Sube la escalera y, al pasar por el living, ve a Dawson en el sillón comiendo patitas de pollo con chauchas. Lindsay está por ahí con Callan. Se toma unos segundos para alzar a Callan y darle un beso en la cabeza a Cora. Se va apurado mientras les dice: “Ya vuelvo”. Lindsay lo mira, sigue con Callan entre sus brazos y está parada junto a la puerta que conduce a la escalera del sótano donde está la oficina de Patrick.

En el camino Lindsay le pide algo más con un mensaje de texto: que pase, por favor, por la farmacia CVS y compre el laxante líquido para Cora.

Ya la mecha de la bomba está encendida y no habrá vuelta atrás.

La puerta del infierno se abrió a las 17.15

A las 17.23, el apple watch de Lindsay registra por última vez su frecuencia cardíaca. Su promedio de ese día estuvo entre 80 y 90, pero ese último registro marca solamente 57 pulsaciones por minuto. Está tranquila.

A las 17.32 Patrick es captado por las cámaras callejeras ingresando a CVS. Como no encuentra el remedio indicado, llama a su mujer, pero ella no le responde. Segundos después Lindsay es quien lo llama a él. Hablan catorce segundos. Patrick le pregunta si puede comprar un genérico porque no hay el que pidió la pediatra. Le dice que sí. Patrick percibe que ella está especialmente callada, debe estar muy ocupada con los chicos. Corta. Cinco minutos después Patrick sale de la farmacia: lleva en sus manos el paquete con el remedio y unas golosinas.

LINDSAY PATRICK CLANCYLindsay Clancy mató a sus tres hijos

A las 17.38, el teléfono de Lindsay deja de registrar toda actividad. A las 17.54 se ve a Patrick ingresando al restaurante para buscar la comida encargada por su mujer.

Hace solo 39 minutos que ha salido de su casa. ¿Qué son 39 minutos en una vida?

A las 18.09 Patrick llega de regreso a su casa. Ha estado ausente 54 minutos en total. ¿Qué puede pasar en ese lapso de tiempo que te cambie la existencia?

Ya nada volverá a ser como antes. Él todavía no lo sabe. Entra por la cocina y deja las bolsas con la comida y lo de la farmacia sobre la mesada. Le resulta un poco raro tanto silencio. Llama a Lindsay, pero no hay respuesta.

Mira por la ventana e intenta ver si el auto de ella sigue en el camino de ingreso a la casa. Le cuesta verlo porque está oscuro, pero logra distinguirlo. Sí, ahí está. Sigue gritando el nombre de su mujer en esa casa vacía de sonidos. Sube la escalera de dos en dos y revisa las habitaciones de los chicos. Nadie por ahí. Luego el baño. Nadie por allá. Cuando pretende entrar al dormitorio matrimonial, encuentra la puerta cerrada con llave. Busca la que tienen de repuesto escondida en otro de los cuartos. Regresa y abre.

En el piso ve sangre y la ventana está abierta de par en par. Hace dos pasos, pero cambia de idea de inmediato y baja corriendo la escalera. Sale al jardín trasero de su casa. Justo debajo de la ventana de su cuarto del primer piso, está desparramada Lindsay. Tiene tajos en sus muñecas y una herida en el cuello. No se puede mover, parece gravemente herida, pero todavía está consciente.

“¡¡¿Qué pasó?!!”, pregunta Patrick desesperado.

“Intenté matarme”, responde ella.

“¿Dónde están los chicos?”, grita él.

Lindsay le indica: “En el sótano”.

Todavía él no puede percibir la magnitud de los hechos.

Llama de inmediato al 911. Le cuesta comunicarse porque la señal del celular no está todavía conectada al WI-FI de la casa. Todo es tan veloz. Tan veloz. Lo logra y pide ayuda. No corta y sigue en la línea hasta que cinco minutos después llegan los primeros emergentólogos. Patrick les pide que se ocupen de ella, que él va a buscar a sus hijos. Sigue en la línea hablando con el operador mientras se dirige al sótano. Ese hombre está atento al drama que escucha del otro lado. Escuchará la voz del horror en vivo.

LINDSAY PATRICK CLANCYEl 7 de febrero de 2023 Lindsay fue acusada de los tres homicidios. Ella, desde la cama del hospital, se declaró no culpable

Bandas de gimnasia: las armas del triple crimen

Patrick baja la escalera y gira a la izquierda, donde está la antesala de su escritorio. Inmediatamente ve a Cora en el piso, entre un mueble y el sofá. Está boca abajo con una banda de goma de resistencia para hacer ejercicios apretada alrededor de su cuello. Grita de manera desgarradora. El micrófono está abierto y el operador oye “Ella mató a mis hijos, ¡oh mi dios!”. Sorprendido, el operador repite: “¿ella mató a los chicos?”. Patrick le quita la goma a Cora y ve que no responde. Parece dormida. Levanta la vista y ve a Callan también boca abajo con otra banda enroscada al cuello. Se mueve con rapidez para sacársela. Tampoco él responde a sus estímulos. Actúa como un autómata sin alma. No entiende lo que ve. Busca desesperadamente a Dawson. Va hacia el otro lado donde tiene su oficina. Entra y lo encuentra con otro elástico ahorcándolo. Es el tercero que quita en segundos. Vuelve hacia Cora y comienza a hacerle RCP. Son segundos. Solo segundos entre uno y otro y otro. Las tres bandas de gym de Lindsay: una amarilla, una negra y otra azul, han sido convertidas en armas homicidas.

La llamada del espanto dura en total, según el Boston Globe, ocho minutos.

Enseguida el lugar se llena de paramédicos que se hacen cargo de la situación. Patrick aúlla que no puede despertar a sus hijos y ruega que los despierten.

Los tres menores son trasladados inmediatamente en ambulancias al Beth Israel Deaconess Hospital de Plymouth.

Cuando la policía entra al sótano, encuentra a Patrick en estado frenético. En completo shock. Piden una ambulancia también para él. Está totalmente desbordado. Lo envían al mismo hospital al que han llevado a sus chicos y lo sedan.

Cora está en el box exam 3, Dawson en el box de trauma 1 y Callan en el box de trauma 2. Los médicos corren entre los tres chicos tratando de salvarles la vida.

A las 19.28 Cora y Dawson son declarados muertos. Cora ya había entrado en paro cardíaco total. Con Dawson han intentado reanimarlo durante 40 minutos. Callan, el bebé, recobra pulso con las maniobras que le aplican. Recuperan algunos latidos cardíacos. Piden un helicóptero para llevarlo de urgencia a un centro ultraespecializado: el Boston Children ‘s Hospital.

Lindsay, por su lado, es trasladada al South Shore Hospital.

LINDSAY PATRICK CLANCYUna imagen de la casa en la que sucedió todo el horror

Despertar al horror

El estado físico de Lindsay es desastroso. La médica de emergencia que la recibe es la doctora Kelly McDonough. La paciente presenta lesiones superficiales en ambas muñecas y en el cuello. No son heridas que comprometan su vida, no lastimaron arterias ni venas, ni requieren atención inmediata.

Las lesiones graves son las provocadas por la caída en la columna. Tiene una fractura por estallido de C1 (la C indica vértebras cervicales), fracturas varias en C4, otras más severas en T5 (la T señala las vértebras dorsales) y T6 con desplazamiento de vértebras e invasión del canal medular con restos óseos. Más roturas en T4. Lesiones de varias articulaciones costovertebrales y varios neumotórax bilaterales y una fractura de la primera costilla derecha. La intuban e ingresa a terapia intensiva.

Finalmente se determina que a nivel de T5 y T6 la médula espinal ha quedado seccionada. Quedará paralizada de la cintura para abajo.

El 25 de enero la capellana, Sheila Cavanaugh, entra a la habitación de terapia intensiva. Su función es hacer acompañamiento espiritual, pero la paciente no puede hablar, está intubada y sedada.

Al día siguiente va la psiquiatra, la Dra Hilam Biswas. Lindsay está despierta y logran comunicarse con ella por medio de un papel. Pregunta: “¿Está roto mi cuerpo? ¿Están derechas mis piernas?”.

Patrick ruega que Callan sobreviva. Pasa a su lado cuatro días agónicos. Pero tiene muerte cerebral. El 27 de enero, a las 11.18 de la mañana, muere en el Boston Children‘s Hospital.

El 28 de enero le acercan a Lindsay una pizarra para que escriba lo que siente: dice estar confundida porque no puede sentir sus piernas.

Recién el 31 de enero empieza a poder hablar. Sheila vuelve a verla y conversan un poco. Lindsay le confiesa: “Estoy aliviada de que mis hijos estén a salvo”.

La someten a una cirugía de estabilización de la columna para realinear lo que queda y preservar las funciones que pudieran salvarse. De ahora en más solo podrá moverse en silla de ruedas.

No habla con su marido Patrick hasta el 6 de febrero. Lo hacen por teléfono, con un abogado penalista que se encargará de su defensa: Kevin Reddington. Los padres de Lindsay lo contrataron, pagaron la defensa y agotaron todos sus ahorros.

Tres niños pequeños vistiendo pijamas estampadas sonríen juntos en un sofá con los ojos pixeladosLos tres hijos de Patrick Clancy posan juntos en una fotografía familiar vinculada al proceso judicial (60 Minutes)

¿Responsabilidad o culpabilidad?

El 7 de febrero de 2023 Lindsay fue acusada de los tres homicidios. Ella, desde la cama del hospital, se declaró no culpable, aunque su defensa no negó que mató a los chicos. Lo que entra en discusión es su responsabilidad penal. Sus abogados sostienen que ella estaba atravesando una psicosis posparto y que por su estado mental no podía ser considerada penalmente responsable. Su abogado dijo este año que “ella acepta la responsabilidad” por lo que había hecho, pero que eso no equivale a declararse culpable.

El 15 de septiembre de 2023 fue acusada formalmente por un gran jurado de tres homicidios.

El juicio contra Lindsay comenzó el 27 de julio de 2026 en el Tribunal Superior de Plymouth, Massachusetts. Durante unas cuatro semanas se escucharon testimonios.

El psiquiatra forense Gregory Saathoff, testigo de la fiscalía, declaró el 25 de agosto de 2026 que, según las entrevistas que mantuvo con Lindsay, el orden de los asesinatos fue el siguiente: primero mató a Dawson, de 3 años, lo llevó a la oficina de Patrick y lo estranguló; luego condujo a Cora a otra zona del sótano y la estranguló; Callan, el bebé, fue el último al que subió a buscar para terminar ahorcándolo como al resto.

Según la médica forense Barbara Olsen, tanto Cora como Dawson presentaban moretones en sus brazos y piernas que indicarían forcejeo, una posible resistencia. Pero aclaró que la pérdida de conciencia en un estrangulamiento sucede entre 10 y 30 segundos dependiendo de la intensidad que se aplique. Lindsay sostuvo no recordar que Dawson se resistiera. De Cora no dijo nada.

Ella no declaró en su juicio.

El 4 de septiembre, después de más de siete días de deliberaciones, el jurado quedó bloqueado. El juez declaró nulo el juicio por no poder alcanzar un veredicto unánime. Once de los jurados estaban dispuestos a considerarla no responsable penalmente, pero uno creyó que sí lo era.

Lindsay volvió al hospital psiquiátrico Tewksbury, donde permanece bajo custodia y sin fianza posible hasta la fecha. A finales de este mes tendrá una nueva audiencia ante el juez William Sullivan.

El fiscal, por su lado, deberá decidir si quiere llevarla a un nuevo juicio. Algo que su defensa está intentando evitar mediante el planteo de doble juzgamiento. Han incorporado además a un abogado muy reconocido llamado Martin Weinberg.

LINDSAY PATRICK CLANCYPatrick Clancy y Lindsay se conocieron en 2013. Ella tenía 22 años y ya estaba estudiando enfermería. Vivía con una prima de Patrick, Kristin Walton

La primera vida de Lindsay

Lindsay Musgrove nació el 11 de agosto de 1990 en Wallingford, Connecticut, y vivió su infancia junto a sus padres Mike (trabajaba en una empresa de fotografías escolares) y Paula (empleada en Weight Watchers) y una hermana mayor, Allison Ozga, que hoy es trabajadora social.

Estudió en el secundario Lyman Hall y luego asistió a la Universidad de Quinnipiac, donde se formó como enfermera.

Lindsay tuvo una infancia y juventud normales. Era estudiosa, aplicada y muy obsesiva con su rendimiento. En esos años hubo algún que otro episodio de ansiedad. Solamente eso.

Patrick Clancy y Lindsay se conocieron en 2013. Ella tenía 22 años y ya estaba estudiando enfermería. Vivía con una prima de Patrick, Kristin Walton. Por ella fue que se conocieron. Él había estudiado en la Universidad Salve Regina y ya estaba trabajando en el área de tecnología y telecomunicaciones en una empresa de Boston.

Flechazo inmediato. Poco después, él la llevó a un evento familiar de los Clancy por los festejos del 4 de julio. Les encantó a todos: era una joven dulce y tranquila. Además, Patrick y Lindsay se llevaban espléndidamente bien.

Se casaron en diciembre de 2016 con una boda de tintes navideños en un club de golf. En la Navidad de 2017 nació Cora, la primera de sus hijos.

El 25 de julio de 2018, previendo agrandar la familia, compraron una nueva casa de tres niveles (sótano, planta baja y primer piso) en medio millón de dólares con una hipoteca. Constaba de tres dormitorios y un amplio garaje sobre un terreno de 3.700 metros cuadrados. De madera gris y con ventanas blancas de vidrio repartido enmarcada por un escenario verde, era el sueño de ambos. Para esta época Patrick trabajaba ya en Automation Anywhere.

Un año y medio después de tener a Cora, en 2019, nació Dawson. Luego de este parto volvió la sensación de ansiedad. Lindsay no lo dejó pasar y consultó con una terapeuta. Según Patrick, esa terapia no funcionó bien. Lindsay le dijo que no tenía conexión con la profesional. La terapia duró poco.

Lindsay siguió adelante con su vida y parecía estar mejor. Hacía ejercicio, cuidaba su alimentación y todo marchaba sin mayores conflictos.

En el 2020 Patrick entró a trabajar en Microsoft en el área de tecnología y ventas de software.

Callan llegó el 26 de mayo de 2022.

Fue en este posparto cuando la ansiedad y la depresión hicieron un regreso brutal. Cuando se acercó la época de volver al trabajo, ella empezó a desbordarse. Le preocupaba su turno nocturno y dejar a Callan tan pequeño. Pensó que lo mejor sería pasarse al turno diurno. De esa manera podría compatibilizar mejor maternidad y trabajo.

Estaba tan alterada que decidió buscar ayuda. Tomó una cita con la psiquiatra Jennifer Tufts. La vio por primera vez el 15 de septiembre de 2022. La profesional le diagnosticó primero “trastorno de ansiedad generalizada y síntomas depresivos”. En esa primera consulta ella evaluó la depresión postnatal de Lindsay según la escala de Edimburgo de 30 puntos. Lindsay puntuó 23. Arriba de trece ya se considera un resultado anormal. Lindsay le reveló que se sentía abrumada cuidando a sus tres hijos, que estaba ansiosa, que le preocupaba que Callan no tomara la mamadera o no durmiera, que tenía insomnio, pensamientos acelerados y preocupación excesiva, que sentía culpa, no tenía hambre y no podía disfrutar de nada.

Tufts decidió darle terapia y medicarla. Arrancó recetándole Zoloft (sertralina), un antidepresivo que aumenta la disponibilidad de serotonina entre las neuronas, algo que puede disminuir la ansiedad, los pensamientos obsesivos y los síntomas de la depresión. Pero este remedio suele demorar en hacer efecto.

Lindsay no mejoró. Se le agravaron el insomnio y los pensamientos acelerados. Entonces la doctora empezó a probar cambiando y sumando otros medicamentos como Ativan (algo que tiende a hacer efecto más rápido y ayuda a dormir y que suele usarse para períodos cortos), Ambien (un hipnótico para, principalmente, conciliar el sueño), Remeron (se usa para la depresión, ansiedad e insomnio), Klonopin (tiene efecto ansiolítico y sedante, pero puede producir dependencia), Seroquel (un antipsicótico atípico que se usa para el trastorno bipolar o la esquizofrenia, además de la depresión) entre otros.

Una batería de químicos que no surtirá efecto alguno ante la tragedia inminente.

El cuadro de Lindsay se volvió cada vez más complejo. La madre de Lindsay, Paula Musgrove, decidió comenzar a viajar para poder ayudar a la familia. Tres hijos con una madre en ese estado era imposible de sacar adelante.

En noviembre de 2022 Lindsay casi no dormía y su madre o Patrick la encontraban con frecuencia hamacándose en un sillón, con el corazón a mil y aterrorizada por algo desconocido. La doctora Tufts empezó a considerar que podía haber un trastorno bipolar, pero Lindsay no cumplía los criterios de diagnóstico.

En diciembre Lindsay le confesó a su madre y a su marido que tenía pensamientos intrusivos feos, de hacerle algo a los chicos o a ella misma. Patrick le preguntó qué tipos de pensamientos eran esos. Ella habló de dos cosas: de lastimarlos o de que les pasara alguna enfermedad grave. Por ejemplo: si Cora tenía un clásico dolor de estómago, ella pensaba que tenía algo gravísimo y que podía morir. Patrick insistió: le preguntó si tenía algún plan de hacerles daño. Ella sostuvo que no, pero que esos pensamientos la perturban. Eran fantasías pensó Patrick. Ella amaba a sus hijos y él jamás había visto que los maltratara, todo lo contrario.

El 1 de enero de 2023 Lindsay decidió internarse ella misma en el Hospital McLean, un centro psiquiátrico. Fue dada de alta el 5 de enero. El 6 la volvió a ver Tufts y la percibió muy deprimida y con una sensación de entumecimiento emocional.

El 23 de enero tuvieron otro encuentro en el consultorio y Tufts aseguró en el juicio que no observó signos de manía ni de psicosis postparto. El psiquiatra forense propuesto por la defensa, Philip Resnick, sostuvo en el juicio, en 2026, todo lo contrario: para él la acusada estaba atravesando una psicosis postparto con trastorno bipolar y alucinaciones.

Para mediados de enero del 23 había mejorado, en apariencia, lo suficiente como para seguir con su vida. Eso al menos pensó Patrick cuando, ese día, la dejó sola por un rato con los chicos.

Todos estaban equivocados: ella estaba en la cúspide de su enfermedad y lidiando con lo peor.

LINDSAY PATRICK CLANCYEn noviembre de 2022 Lindsay casi no dormía y su madre o Patrick la encontraban con frecuencia hamacándose en un sillón, con el corazón a mil y aterrorizada por algo desconocido

El después de todo

Luego de los crímenes, Patrick no vio más a Lindsay. Mantuvo algunas llamadas telefónicas: una con ella y el abogado que la defendería; otra, en la que su mujer le contó sobre la voz masculina que le había ordenado matar a los chicos y suicidarse; y, la última, cuando Patrick la llamó en agosto de 2023 para su cumpleaños.

Apenas ocurridos los crímenes, Patrick no volvió a su casa y se instaló con sus padres por unos días. El 26 de enero abrió una cuenta GoFundMe para hacer frente a los gastos médicos y funerarios. Además, no estaba pudiendo trabajar. Necesitaba 100 mil dólares, pero recaudó más de un millón con 15 mil donantes. Luego volvió a vivir a la casa con los padres de Lindsay y los suyos. Todos acompañaron y ayudaron.

Lo cierto es que nada de ese dinero se destinó a pagar la defensa de Lindsay, que fue totalmente financiada por los padres de ella hasta que tocaron fondo y ellos también armaron una colecta en 2026. También consiguieron que la gente se solidarizara y juntaron un millón de dólares para pagar el equipo de abogados que sigue defendiendo a Lindsay.

En abril de 2023 Patrick no toleraba más seguir viviendo donde había tenido una vida familiar: era insoportable. Decidió instalarse en un lugar donde no lo conociera nadie: Nueva York. Alquiló un departamento en Manhattan, en el Upper East Side. Eso le permitió seguir transitando el duelo con mayor intimidad. Podía llorar por la calle sin que nadie le dijera nada.

Entretanto se organizó para vaciar la casa y eligió con qué recuerdos quedarse de sus hijos. Fotos y juguetes que se mudaron con él a Nueva York. Al lado de cada foto colocó el muñeco preferido de sus hijos.

En enero de 2024, se vendió la casa gris de ventanas blancas en 675.000 dólares a un exfiscal del condado. En Duxbury, la ciudad que dejó, armó una plaza con juegos para que sus hijos siempre sean recordados por siempre.

Un mes después presentó la demanda de divorcio. Hacía un mes que había comenzado una relación con la doctora Rachel Danis, especialista en medicina reproductiva y fertilidad, a quien había conocido en un club de running. Hacía mucho frío y corrieron juntos. Tomaron café y se cayeron bien. En uno de esos encuentros, él sacó el teléfono para pagar y ella vio la imagen de tres chicos en la pantalla. Preguntó quiénes eran. “Mis hijos”, le dijo él. “¿Dónde viven?“, preguntó ella. ”Murieron», dijo él.

Patrick estaba intentando apostar a una nueva vida.

A principios de 2025 Rachel se mudó al departamento de Patrick. Se casaron en abril del 2026 en una ceremonia privada en el Central Park.

En 2026, durante el juicio contra Lindsay, Patrick declaró a favor de la defensa hablando del deterioro de la salud mental de ella. A la revista The New Yorker le dijo algo fuerte: “Si pudiera volver el tiempo atrás llamaría al hospital McLean y les diría que la dejaran internada y que cerraran la puerta con llave. ¡Enciérrenla durante un año si hiciera falta!”. Su conciencia, en retrospectiva, le pesa demasiado. Hoy cree que no supo interpretar las señales como una emergencia. En otra entrevista sostuvo que mantiene una relación emocional con sus hijos muertos y que les habla porque le gusta pensar en ellos y que lo ayudan en su vida actual. En el último reportaje que concedió a 60 Minutos, emitido el pasado 20 de septiembre, explicó que ha perdonado a su exmujer: “Vi los titulares que decían madre asesina, homicida de bebés, monstruo, ninguno es correcto. Yo creo que fue su enfermedad mental lo que causó todo”. El periodista le preguntó si él le demandó a su exmujer por qué lo hizo, Patrick dijo que lo que le preguntó fue si recordaba los hechos: “Me dijo que era como un sueño, que lo recuerda como uno puede hacerlo con un sueño cuando despierta”. La siguiente pregunta fue si siente que falló en algo él por lo que pasó: “Creo que hice lo mejor que pude con lo que tenía en ese momento, y vivo con eso cada día…”. Admitió algo más en esta charla: que él mismo llegó a tener pensamientos suicidas. También contó que sueña con frecuencia con sus hijos.

Patrick intenta volver a vivir y construir una nueva rutina en su día a día con la ayuda de Rachel. Luego de su declaración en el juicio, donde no dijo nada malo de Lindsay, los ataques en redes sociales se multiplicaron: había sido un marido frío, ausente, que no había hecho lo suficiente, que había ignorado o minimizado el deterioro de su mujer. La campaña de difamación alcanzó niveles sumamente dañinos. Incluso hubo quienes se animaron a sugerir que él había drogado y empujado a Lindsay por la ventana y ahorcado a los chicos. Un disparate al que nadie dio entidad, pero que igual golpeó de lleno a un Patrick vulnerable.

Rachel salió a defenderlo y dijo que es un compañero solidario, que fue un padre abnegado. Y aseguró saber que no puede disipar su tristeza, pero que sí puede honrar a sus hijos y ayudarlo con la carga de tanto dolor. En 60 Minutos, Rachel (37) admitió que están pensando en construir una familia y que a ese futuro hijo que tengan le contará quiénes fueron sus hermanos.

La pregunta que queda flotando es cómo podrá este hombre poner la mente en blanco cada noche para evitar que esas horrendas imágenes de muerte se le adhieran a los ojos impidiéndole conciliar el sueño para siempre.

por INFOBAE

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